miércoles, 10 de febrero de 2016

Desigualdad: el tema

Ha habido demasiada gente que ha funcionado con reglas muy distintas a las del resto.

El debate sobre desigualdad crece en todo el mundo. Se está convirtiendo, de hecho, en el problema central a escala global y local. Está en el centro de las negociaciones entre partidos para formar gobierno en España, forma parte de los temas prioritarios de la agenda del nuevo gobierno de la Generalitat, y es también central en el inicio de campaña para las presidenciales del 8 de noviembre en los EEUU. Los informes de Intermon-Oxfam a escala global encuentran su correlato en Barcelona con los datos sobre desigualdad entre barrios. Desigualdad en renta, desigualdad en esperanza de vida, desigualdad en oportunidades de ascenso social, desigualdad en niveles educativos, desigualdad en acceso a la vivienda… Y, a pesar de todo ello, nadie puede afirmar que se trata de un problema nuevo. ¿Qué es lo que explica su creciente significación?.
No creo que haya un único factor, ni que tampoco lo que sirve para explicar lo que acontece en un país nos sirva igualmente para otro contexto. Algunos elementos son comunes. Financiarización económica que permite menor enraizamiento territorial y más facilidad para evadir y eludir obligaciones fiscales, lo que provoca mayor acumulación de rentas por un lado y menores recursos para los poderes públicos para seguir o reforzar sus políticas redistributivas. Las interacciones entre globalización y cambio tecnológico generan asimismo efectos significativos en los mercados de trabajo, expulsando prematuramente a ciertas personas, precarizando otras, o simplemente reduciendo salarios de manera generalizada.
¿Aumenta la desigualdad?. En Europa no de manera espectacular, pero si que aumenta la percepción de inseguridad o de mayor vulnerabilidad frente a un futuro incierto por parte de aquellos que vieron reforzada su calidad de vida en los años de crecimiento continuado . Y, al mimo tiempo, se constata una muy distinta distribución de los costes y beneficios derivados de la crisis entre los diferentes colectivos y espacios. Nuestro propio relato está teñido de elementos generalizables y de algunos específicos: ha habido demasiada gente que ha funcionado con reglas muy distintas a las del resto de los mortales. Ese 1% multiforme y variopinto que no sufre lo mismo que los demás y que además se cachondea del prójimo alardeando de poder, de coches, aviones y demás expresiones de su estatuto especial. Lo de la gente que circula con reglas distintas es común a muchos otros entornos. La cutrez con que ello se expresa en muchos de los casos de corrupción cercanos, eso ya es menos generalizable. Y he ahí otra de las claves de la notoriedad del tema desigualdad: los efectos que genera el establecer parangones o comparar niveles de calidad de vida entre personas que viven en un mismo entorno.
¿Podemos hacer algo ante ello o es algo inevitable, fruto del cambio de época que atravesamos?. Convendría, ante todo, repensar las políticas públicas que tradicionalmente se han dirigido a tratar de reducir los niveles de pobreza y de desigualdad. Hay suficientes evidencias que muestran que lo que servía hace unos años, tiene ahora efectos no siempre deseables. Políticas pensadas para responder a un conjunto homogéneo de personas tienen efectos no siempre deseables al aplicarse a casos cada vez más diversos y específicos. En general, las personas con mejores capacidades y recursos se aprovechan más de esas políticas indiferenciadas. Están mejor los laboralmente estables que los precarios. Si las respuestas son más territorializadas, si son más comunitarias que estrictamente institucional-burocráticas, y si potencian la autonomía personal y las relaciones sociales, acaban funcionando mejor, aunque el nivel de recursos empleado sea el mismo. Dice también Anthony B.Atkinson en su magnífico libroInequalities. What can be done? que conviene establecer y reforzar medidas predistributivas, como salarios mínimos, una renta de garantía para niños, formación específica para evitar exclusiones digitales, autoridades capaces de gestionar fondos soberanos o reforzar la presencia de actores colectivos en la toma de decisiones. Por mucho que volvamos a crecer, la desigualdad seguirá siendo un problema. Y los países más desiguales está demostrado que son países en los que se vive peor. La globalización no debería impedir hacer política a favor de una sociedad menos desigual. El problema es global, pero tiene métricas y matices distintas en cada país. Las respuestas deben ser globales (en materia fiscal, por ejemplo) pero pueden y deben ser también locales.
fuentes http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/02/06/catalunya/1454789233_053573.html

El mileurismo como utopía

Crece sin cesar el número de ciudadanos que cobran el salario mínimo o menos

Hay recuperación económica (crecimiento del 3,2% en 2015) pero no recuperación social (se incrementan la pobreza, la desigualdad y el trabajo precario). De Bruselas nos llegan distintas admoniciones, y no solo sobre el incumplimiento de los objetivos de déficit público, sino también sobre el deterioro de los estándares mínimos del bienestar general. España es uno de los países con peores números de la UE. Eso es lo que dice el avance del informe España 2016, que la Comisión Europea hará público dentro de unos días (La recuperación no mejora los índices de pobreza, Claudi Pérez, EL PAÍS del pasado 1 de febrero). No es exagerado calificar algunos de sus datos y tendencias como dramáticos para un país que es la cuarta economía de la eurozona:
1. Un tercio de la población está en riesgo de pobreza y exclusión social (ingresos inferiores al 60% de la mediana de los hogares).
2. Una de cada ocho personas con empleo es pobre en España.
3. Los trabajadores por debajo del umbral de pobreza crecen rápidamente: del 10,6% al 12,6% desde que se implantó la reforma laboral del PP.
4. Hay tres millones de niños en riesgo de pobreza y exclusión social.
Como corolario de estos datos, las siguientes tendencias: la recuperación del mercado laboral no se ha trasladado a una mejora de la pobreza y la exclusión, “que continúan creciendo y se sitúan entre los más altos de la UE”; hay más pobreza en todos los niveles, “incluida la pobreza severa, por el elevado paro de larga duración y por el rápido crecimiento del trabajo a tiempo parcial, que se sitúa entre los más elevados de la UE”.
No es de extrañar que todos los partidos —excepto el PP, que lo obvió hasta el último momento de su mandato— coincidan en la necesidad de un plan de emergencia social como primera medida de la próxima legislatura. Y dentro de ese plan, la medida más inmediata sería la subida del salario mínimo interprofesional (SMI). El equipo de Rajoy, en su último Consejo de Ministros de 2015, lo subió un anémico 1% (lo que supone un salario mínimo diario de 21,84 euros). Hace pocos días, en un acto de Economistas frente a la Crisis, los secretarios generales de CC OO y de UGT, Fernández Toxo y Méndez, afirmaron que una prueba meridiana del enorme deterioro del mercado laboral es lo que estaba creciendo el número de personas que cobran ahora el SMI (655,2 euros mensuales, por 14 pagas).
Habrá que estudiar atentamente la próxima Encuesta de Estructura Salarial, que elabora el Instituto Nacional de Estadística, para poner los números al día. Según la última conocida, el 12,5% de todos los trabajadores cobran el SMI o una cantidad menor, marcando la mayor proporción desde que arrancó la serie histórica en el año 2004, seis puntos más que aquel ejercicio. El 1,58% de todos los trabajadores a tiempo completo estaban en esa misma situación. Otro dato, no comparable porque está basado en diferentes premisas, pero muy significativo, es el que aporta la Agencia Tributaria a partir de información proporcionada por los empleadores: más de un tercio de los asalariados (el 34%, 6,7 millones) son seiscientoeuristas. Para ellos, ser mileurista es una utopía.
En la presentación de uno de sus últimos informes, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calculaba que hay margen para subir el salario mínimo en España un 10% “sin que perjudique a la competitividad y al empleo”. Ese incremento debería ser gradual, en dos o tres años, para que no pille desprevenidas a las empresas. Pese a que en 2015 la inflación estuvo por debajo del 1% que se ha incrementado el SMI, desde que comenzó la crisis los trabajadores peor pagados han perdido poder adquisitivo sin cesar. Esta es otra de las razones del incremento de la desigualdad. De la desigualdad general y de la desigualdad de género: el número de mujeres que cobra el SMI duplica al de hombres.
fuentes http://economia.elpais.com/economia/2016/02/07/actualidad/1454872592_809721.html

Y nosotros con los títeres

Los datos confirman día a día que estamos ante algo más que una corrección coyuntural

Sátira y titiriteros

Una manifestación satírica puede tener valor artístico o carecer del mismo. Pero en ningún caso debería ser objeto de censura penal.

Argumentaba el Tribunal de Estrasburgo en 2013 (Caso Eon c/ Francia), que la sátira es una forma de expresión artística y de comentario social, que a partir de la exageración y la deformación de la realidad, tiene por objeto provocar y excitar las conciencias. El animus iocandies consustancial a la sátira, es decir, la mordacidad o la afirmación aguda con el ánimo de censurar o ridiculizar. Sátira es, pues, una de las manifestaciones de la libertad de expresión. Un derecho de libertad en el Estado liberal democrático que ha de ser especialmente amplio en la sociedad abierta, hasta el punto no solo de resultar amable o divertido sino, también, punzante o, incluso, hiriente. Pero tampoco es un derecho absoluto, ilimitado. Puede chocar con otros bienes jurídicos, constitucionalmente protegibles.
Una manifestación satírica puede tener valor artístico o carecer del mismo. Pero en ningún caso debería ser objeto de censura penal. Desde Las Nubes de Aristófanes, pasando por Las Brujas de Salem del gran Arthur Miller o la Muerte accidental de un anarquista de Darío Fo, la sátira forma parte de la libertad de expresión. Ya sea en la literatura, el teatro o la política, puede dar cobijo a las expresiones más excelsas o sugerentes del pensamiento humano y también a las más estúpidas o miserables. Pero, en principio, ninguna de ellas ha de quedar sin tutela constitucional.
El caso protagonizado por los titiriteros en Madrid es probable que no haya sido una muestra especialmente brillante de la libertad de creación artística. Por los datos publicados y que han activado la contundente respuesta penal del poder público, seguramente ello pueda ser así. Porque el auditorio destinatario del espectáculo de títeres además del público en general también estaba integrado por niños y adolescentes. Un ámbito social que por prescripción constitucional requiere de una especial salvaguarda (art. 20.4 CE), y que de acuerdo con la ley 26/2015 de protección de la infancia y la adolescencia, demanda una actuación expresa de los poderes públicos competentes para preservar los derechos que conciernen a este sector social especialmente sensible. Pero a renglón seguido hay que añadir que en la valoración jurídica de los hechos acaecidos, en ningún caso se puede pasar por alto que la comedia de títeres no se producía en abstracto sino en el marco de las fiestas de carnaval. Un contexto en el que el exceso, la exageración verbal y estética, forman parte del ADN de esta manifestación lúdica de la libertad de los humanos. Por esta razón, deducir de ello un delito de enaltecimiento del terrorismo y de lesión de derechos es un auténtico despropósito jurídico. A través de los recursos presentados, el poder judicial tiene buenos argumentos para reconsiderar su decisión.
Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra
Fuentes http://politica.elpais.com/politica/2016/02/09/actualidad/1455054142_721111.html

Cultura vasca de la baska

Los carmelitas fueron gente fusilada injustamente, y con eso no hay bromas

Está la derecha ultramontana exultante de alegría con la concejala de Cultura que se ha echado Manuela Carmena. A Carmena se le sale por todos lados el apoyo de Podemos y similares. A mí me parece que lo de los guiñoles es grave, pero se soluciona con lo que ha hecho la alcaldesa: pedir disculpas de verdad.
Lo que no sé cómo arregla es lo de la placa de los carmelitas fusilados en 1936. Yo creo que, de nuevo, las disculpas son preceptivas. Pero, en este caso, Celia Mayer se tenía que haber marchado porque se ha pasado tres pueblos. Los carmelitas fueron gente fusilada injustamente, y con eso no hay bromas. Nos debería doler igual a los partidarios de la República que a los de Franco. Mayer y los suyos no han entendido eso, como no han entendido que hacer una gracieta con los de ETA es lo mismo que hacer una gracieta con los asesinos nazis.
Todo esto parte de un pensamiento. Mejor dicho, un no pensamiento extendido sobre todo en el País Vasco. El entorno de apoyo a ETA, entre los jóvenes se notaba por el pelo cortado a hachazos y por estupideces como la frase “ETA mátalos”. A esos chicos parece que alguien les ha hecho empezar a pensar, como ahora hay que hacer empezar a pensar a Celia Mayer y sus congéneres: no se puede matar gente por ser del Partido Popular o del PSOE, y no se puede matar gente por ser carmelita.
El PP se ha encontrado un motivo estupendo para atacar a la alcaldesa en los puntos que no son esenciales para su gestión. La estupidez de Mayer y la estupidez de quien dirige los telediarios del PP han convertido eso en el centro de la gestión de Manuela Carmena.
La alcaldesa se la tenía que quitar de en medio y buscar a alguien sensato para ocupar el puesto. Y digo ocupar y no okupar. Más cultura vasca y menos cultura baska. En la Complutense hay una cátedra de reciente creación que estudia la Memoria Histórica. Pues a esa cátedra se le pidió el informe sobre la represión franquista que ha dado lugar a algunos disgustos al municipio. Si alguien quiere mantenerla, que lo haga. Pero, de momento, bastaría con que no informara más de historia.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455123408_193406.html

El suicidio, entre el ruido y el silencio

Sus factores de riesgo deben tratarse con rigor en los medios de comunicación, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas

Decía Elías Canetti que "ni un solo ser humano ha sido agotado jamás. Ni en su extrema reducción, ni en la muerte, ni en su destrucción ha sido agotado jamás un ser humano". Con frecuencia hablamos de cifras a la hora de dimensionar una tragedia. Ser la primera causa de muerte en España, con diez fallecidos diarios, no parece haber sido suficiente para romper esa barrera invisible que perpetua cualquier tabú, en este caso el del suicidio. Probablemente sólo haya algo más triste que el silencio denso que lo envuelve, la frivolidad con que emerge periódicamente en una maraña de declaraciones oportunistas, detalles morbosos, y búsqueda de chivos expiatorios que nos tranquilizan como sociedad y nos permiten sortear el sentimiento de culpa insoportable que amenaza con apresarnos colectivamente.

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Después de todo, las desgracias siempre les suceden a otros y algo habrá hecho o dejado de hacer alguien para que haya sucedido. Poco importa el dolor de quienes sobreviven a la muerte por suicidio de un ser querido el día siguiente al que el ruido que suplantó al silencio cesa, con idénticas consecuencias.
Nada nuevo bajo el sol en los aspectos menos alentadores de la condición humana, si no fuera porque el suicidio es una tragedia prevenible y evitable en la mayoría de los casos. Se sabe que es un fenómeno complejo y multifactorial poco proclive a ser explicado unicausalmente. Se conoce el potencial preventivo de abordar sus factores de riesgo con rigor en los medios de comunicación, siguiendo por una vez las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas, especialmente importantes en las poblaciones más vulnerables a estos efectos, los más jóvenes.
El suicidio es una tragedia que se puede prevenir y evitable en la mayoría de los casos
Se trata de identificar enfermedades mentales subyacentes, conflictos familiares inabordables y distintas formas de acoso o abuso, en definitiva detectar situaciones de sufrimiento insoportable particularmente frecuentes en distintas experiencias de exclusión al diferente que superan la capacidad de afrontamiento de quien apenas está abriéndose a la aventura de vivir, con la inocencia como principal bagaje. Ofrecer una red sociofamiliar cuidadosamente tejida con profesionales de distintos ámbitos, docente, sanitario, policial, judicial y de medios de comunicación, es la única respuesta coherente que podemos dar como sociedad para lograr la prevención, el único éxito posible si hablamos de suicidio.
Si no, no habremos aprendido que lo contrario del silencio no es el ruido, que sólo la corresponsabilidad puede exonerarnos de la culpa y el fracaso colectivo, y que podemos seguir obviando la realidad, pero no las consecuencias trágicas de obviarla. "Donde hay dolor es lugar sagrado. Algún día comprenderá la humanidad lo que esto significa", escribía Oscar Wilde en su De Profundis. Quien no pueda mejorar el silencio, que lo guarde
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455104469_720722.html

El potaje madrileño

En la lista de las calles ‘franquistas’ solo ha habido ignorancia, la que viene del fanatismo

La noche del pasado 20 de diciembre, tras conocerse los resultados electorales, Pablo Iglesias compareció enardecido ante la opinión pública. La formación que lidera había ganado las elecciones generales y, más importante aún, la Guerra Civil. Empezó a desgranar una letanía abrumadora, melodramática, furiosa, en su línea. Se oyen, entre otras, proclamó, “las voces de Margarita Nelken, Clara Campoamor y Dolores Ibarruri (…), las voces de Durruti, de Largo Caballero, de Azaña, de Pepe Díaz y de Andreu Nin”. Un “Pepe” que le salió con el mismo arrobo con el que los camaradas españoles hablaban de “Pepe Stalin”. No llamaba tanto la atención que la mayor parte de “las voces” que se oyeran esa noche fueran de la Guerra Civil, ni la exaltación y el convencimiento de estar escribiendo y reescribiendo de paso la Historia, sino el potaje.
Pablo Iglesias debería leer, en el tiempo que le dejen libre el Juan de Mairena de Machado y La ética de la razón pura, La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor. Es un libro extraordinario. Hay edición reciente. Comprendería las razones por las cuales Clara Campoamor tuvo que salir por pies de España apenas estalló la guerra (como Chaves Nogales, don José Castillejo o Juan Ramón Jiménez): sus vidas corrían peligro, el de verdad; por ejemplo, Margarita Nelken, una escritora mediocre, no parece que hubiera tenido reparo en “pasear” personalmente a Campoamor, o alguno de los partidarios de Pasionaria, Durruti o Largo Caballero, quienes hicieron, por cierto, todo lo posible por acabar con Azaña y lo que él representaba. En cuanto a Andreu Nin… Fue a “Pepe” Díaz a quien debieron pedirse responsabilidades directas por su asesinato, ejecutado por comunistas españoles.
Queda por dilucidar si toda esta confusión de obras, tiempos, ideas es fruto de la precipitación, la ignorancia o el oportunismo, con el fin de “envolver la mercancía”, como suele decirse, para pasar el género averiado. Por esa razón tal vez no sea abusivo parafrasear aquel célebre “quita tus sucias manos de Clara Campoamor; quita tus sucias manos de Andreu Nin”.
El debate sobre los símbolos y monumentos del franquismo es antiguo, y no está en absoluto resuelto (por ejemplo, los restos de José Antonio y de Franco deberían salir del Valle de los Caídos, pero sería un disparate volarlo con dinamita) ni es el objeto de estas líneas.
En aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa
Lo ridículo de la lista confeccionada por una comisión de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense, según este periódico a petición de la alcaldesa (ella lo niega), no es tanto la satanización de tales o cuales escritores y artistas, sino conocer las razones por las que, “sin salirnos de sus propósitos”, como decía Hannah Arendt de Hitler y sus pogromos, no han incluido en ella a Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Dionisio Ridruejo, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Tomás Borrás, José Gutiérrez Solana, Edgar Neville, Emilio Carrere, Ricardo León, Antonio Díaz Cañabate, Jacinto Benavente (o Marañón, con hospital, o Maeztu, con instituto) y muchos otros con tantos méritos como ellos. Seguramente solo haya habido, en uno y otro caso, en el de las inclusiones y en el de las exclusiones, la ignorancia, una ignorancia que al mismo tiempo que se origina en el fanatismo, conduce irremediablemente a él.
Es absurdo, y una pérdida de tiempo, hablar de literatura con quienes han confeccionado esa lista en la que figuran Manuel Machado, Cunqueiro o Pla, ni tratar de convencerles de que merecen no una calle en Madrid, sino en todas las ciudades españolas, ni que, como decía Nietzsche, el exceso de memoria mata la vida, ni recordarles que en aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa, ni porfiar enumerándoles a quienes escribieron odas a Stalin o secundaron sus políticas genocidas, con calles hoy en España… pero quizá sí valga la pena este último apunte. En la lista, incumpliendo a todas luces la Ley de Memoria Histórica, figura Muñoz Seca. El mismo 18 de julio de 1936 salió al escenario del teatro Poliorama de Barcelona, donde se representaba su obra La tonta del rizo, y anunció a los espectadores, al grito de “¡Viva España!”, la sublevación de los militares en África. Lo detuvieron y lo metieron en la cárcel de San Antón, de Madrid, de donde salió tres meses después para ser asesinado en Paracuellos, a manos de verdugos que jamás pagaron por ese crimen. Participó en la Guerra Civil tanto como Rodríguez Zapatero, Iglesias o yo mismo.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455131147_076847.html