domingo, 28 de septiembre de 2014

Astucia

No es sólo inquietante esa apelación de Mas a la astucia como manera de afrontar el futuro; es una estrategia, un programa político y una forma de pensar que acerca la política a la ficción de House of cards, la serie que con tanto lujo protagonizó Kevin Spacey. En esta gozosa reconstrucción televisiva de las maldades que subyacen en el ejercicio (y en la búsqueda) del poder, todo era consecuencia de la astucia, alimentada a veces con costillas de un bar de mala muerte donde Frank Underwood comía como dios. Fatalmente, hasta el bar de mala muerte fue luego víctima de la astucia de Underwood.
Ya se sabe para qué le ha servido a Mas la astucia como modo de empleo del tiempo. Pero, aparte de eso, de esa estrategia de la migraña que puso en marcha para volvernos locos a todos con el manejo del tiempo y sus agujeros negros, la astucia ha sido también un modo de animar a los suyos a pensar que tenía un plan secreto. Esa manera de actuar, insinuando antes de dar, e insinuando que va a seguir insinuando, es la parte más visible de la astucia. Lo raro en un personaje así, acostumbrado a amagar y a decir que no está amagando, es que emita la palabra astucia, que la declare. Pues los astutos suelen ser cautos en la oratoria, como los loros mudos, que siempre parecen más listos porque no dicen ni mu.
Pero Mas habló, dijo astucia. Ya ven en qué consiste el plan B, en aplicar la astucia para marear al contrario.
Audacia, una palabra muy deportiva que en política revela que estás dispuesto a espectáculos de riesgo
No fue la única palabra que escuché estos días que me llamó la atención como parte del programa político, e incluso ideológico, de los políticos españoles. El lunes escuché a Alberto Garzón, joven aspirante de IU a ejercer el poder cuando le toque, decir que había que aplicar la audacia en el momento actual de su formación política, y que la audacia le servirá para acercarse a otros si es preciso. Otros son Podemos. Audacia es una palabra selvática, muy de Tarzán; se usa también para saltos de pértiga; en general es una palabra muy deportiva; en política revela que estás dispuesto a saltos mortales o a espectáculos de riesgo. Me resultó llamativa dicha por Garzón, que habla pensando que cada palabra se la van a leer o a escuchar con lupa los suyos y los otros porque cada movimiento te sitúa en el lado de allá de ti mismo.
Y finalmente hemos leído todos que Podemos no quiere desgastar su marca, y han dicho “marca”, precisamente, para explicar sus reservas. Esa dichosa palabra figura en el vademécum contemporáneo gracias al comercio; imagino que Pablo Iglesias y sus compañeros no habrán querido parecerse al Corte Inglés o a Nike, pero han hablado como ellos: quieren preservar su marca, no quieren contaminaciones. Pues se han contaminado de marca diciendo marca. No rectificaron luego, de modo que deben estar pensando que, en efecto, son una marca y que como tal han de preservarse, con astucia, sin mancharse, al contrario de lo que celebraba Gabriel Celaya como parte del compromiso: “Maldigo la poesía del que no toma partido, partido hasta mancharse”.
Todas son variantes de la astucia. Mientras tanto, mientras se decía todo eso, estaba en marcha la gran astucia, el House of cards más próximo: la fulminante defenestración de Alberto Ruiz Gallardón, el hombre al que equivocaron de ministerio para ir limando del todo su marca, su audacia y su astucia.
fuentes http://elpais.com/elpais/2014/09/26/opinion/1411723950_345173.html

Costes corruptos

¿Cuánto afectan a la marca España en el exterior los casos de corrupción? ¿Se puede medir ese efecto? ¿Es diferente España en este asunto a las democracias de mercado de nuestro entorno? Una aproximación a las dos primeras preguntas se puede obtener acudiendo a un reciente Latinobarómetro.
El pasado mes de julio, la Corporación publicó un estudio sobre laImagen de los países y las democracias, en el que una de sus principales conclusiones, en lo que afecta a este tema, es la estrepitosa caída de la visión de España en el área latinoamericana. Caen España y Europa a lo largo de los años de la crisis, y aunque el factor económico es importante no es determinante en esta enorme minusvaloración de la opinión que los ciudadanos encuestados proporcionan sobre nuestro país.
El Latinobarómetro advierte que en el marco de referencia de la globalización y de Internet, que proporciona “un mundo de información a los pueblos que no se desplazan y no interactúan”, la extensa cobertura de los acontecimientos que suceden en el interior del país (por ejemplo, las protestas contra los recortes) han minado la imagen de España, que pierde 20 puntos de opinión favorable entre 2011 y 2013, pasando de ser el país con más aprobación aquel año a quedar después de EEUU, Brasil, Japón y China. Algo debemos estar haciendo muy mal cuando sólo el 12% de la población de la región cree que España es totalmente democrática.
Algo debemos estar haciendo mal cuando solo el 12% de la población latinoamericana cree que España es totalmente democrática
Respecto a la cuestión de si España tiene modos de corrupción similares a los demás países europeos, conviene concentrarse en la lectura de un libro capital en estas cuestiones, recientemente aparecido: Corrupción y política. Los costes de la democracia(Galaxia Gutenberg), que dejó inédito Javier Pradera. En el estudio introductorio, Fernando Vallespín subraya cómo la corrupción política nos ha estallado en la cara como una bomba de efecto retardado cuando llega la crisis económica. Pradera demuestra que lo que en un principio se vivió como una patología puntual, como las andanzas de una serie de pillos, ha devenido en un rasgo casi sistémico de la democracia española.
El libro no trata de la corrupción en general, como tantos otros, sino de su vinculación a las nuevas condiciones del sistema democrático, su conexión con la “profesionalización de la política” y “el cambio de posición de los partidos dentro del sistema de democracia representativa desde su constitucionalización”. No hay muchos países en los que coincidan irregularidades en la más alta institución del Estado, el partido del Gobierno, el principal partido de la oposición, los sindicatos, la patronal, y cargos de casi todos los colores políticos en casi cualquier territorio.
La conclusión es notoria: el mal fluye por la corriente sanguínea del sistema como un todo. Con una característica muy peculiar: la propagación de casos de corrupción se ha visto complementada con la pasividad para atajarlos. 
fuentes http://elpais.com/elpais/2014/09/26/opinion/1411742122_014713.html


Un diagnóstico lleno de verdades

El principal éxito de Podemos es que ofrece a los ciudadanos una descripción de la realidad y un diagnóstico que esos mismos ciudadanos reconocen inmediatamente como llenos de verdad. Mientras que el centro izquierda, ocupado tradicionalmente por el PSOE, tiene enormes dificultades para asumir ese análisis y mantiene un lenguaje dubitativo sobre lo ocurrido, Podemos señala con el dedo, sin ninguna duda ni temor, los abusos a los que han sido sometidos esos ciudadanos, en muchos casos abusos que hubieran podido ser detectados y corregidos con una actitud menos complaciente de ese centro izquierda tradicional.
El ejemplo más evidente de ese diagnóstico y esos abusos son los desahucios o los salvajes intereses de demora en el pago de las hipotecas, rechazados por tribunales europeos y realizados en condiciones que se consideraron siempre intolerables en otros países de nuestro entorno, tan globalizados como el nuestro. No es el único ejemplo. Existen otros de situaciones de desamparo de los ciudadanos que hubieran podido ser corregidas dentro de las capacidades, por muy reducidas que hayan quedado, del Estado actual.
Es muy posible que el centro izquierda, la socialdemocracia, realice ya un diagnostico similar, pero no ha sido capaz, por lo menos hasta el momento, de incorporar ese lenguaje a su mensaje político habitual. Como explica a socióloga Belén Barreiro, la desigualdad creciente, la pobreza creciente y el deterioro de una democracia que se vacía de contenidos, junto a la sensación de no formar parte de los procesos políticos puede ser un diagnostico compartido, pero no está suficientemente presente ni desarrollado en la boca de los grandes partidos, mientras que se ha constituido en la parte central del mensaje de Podemos.
Cometerán un error quienes en el PP crean que Podemos es un fenómeno útil para dividir el voto de la izquierda
Por otra parte, la principal crítica a que se somete a la agrupación de Pablo Iglesias y sus compañeros es que no ofrecen soluciones viables para los grandes problemas económicos de un país que está sometido a las reglas de la globalización y que ha cedido su soberanía en asuntos monetarios y, en términos generales, presupuestarios. Es cierto, pero es posible que los electores de Podemos no le exijan que formule esas soluciones, porque lo que buscan es situarles dentro de las instituciones por su poder de agitación, vigilancia y denuncia.
No tienen soluciones para el paro o el crecimiento económico, pero tampoco parece tenerlas el Partido Popular o el PSOE. Nadie parece confiar en una solución posible y rápida de esos problemas, pero es evidente que hay un sector amplio de la sociedad que cree posible obtener un reparto más equitativo de los costes, un mayor empeño en mantener la sanidad y la salud pública o una mayor vigilancia para impedir el aprovechamiento indebido de algunos en perjuicio de la mayoría. Cara a las próximas elecciones generales, advierte Barreiro, mucho dependerá de lo que el PSOE sea capaz de presentarse como una garantía mayor que Podemos en esos campos.
Por el momento, es muy difícil calibrar el panorama electoral español. Las próximas elecciones municipales marcaran la tendencia respecto al alcance de la fragmentación del voto de la izquierda, porque se podrá apreciar ya con más detalle el alcance del "efecto Pedro Sánchez" y porque, aunque Podemos no se presente con candidaturas propias, en muchas ciudades grandes habrá candidaturas de Ganemos, plataformas que tienen su apoyo y que pueden contar con su aparato mediático.
En cualquier caso, cometerán un error quienes en el PP crean que Podemos es un fenómeno útil para dividir el voto de la izquierda, sin más consecuencias, o quienes en el PSOE den por supuesto que, ante las urnas de unas elecciones generales, los ciudadanos regresaran dócilmente al bipartidismo. Podemos fue una sorpresa en las elecciones europeas, pero eso no quiere decir que sea una fuerza que haya salido de la nada. Sus actuales dirigentes no han ocupado hasta ahora cargos de representación o gestión, pero muchos de ellos llevan años trabajando en escenarios políticos alternativos y tienen un conocimiento muy directo y certero del estado de ánimo de grandes capas de la población.
fuentes http://elpais.com/elpais/2014/09/26/opinion/1411747688_181940.html

El doble secuestro de los catalanes

El decreto de convocatoria del 9-N que acaba de firmar Artur Mas ratifica el secuestro de la igualdad de los ciudadanos catalanes entre sí. Y el acto solemne de la rúbrica retrata el primer desgarro significativo de la unidad del frente soberanista.
El secuestro del principio de igualdad se consagra en el artículo tercero del decreto. Este artículo confirma -en vez de corregirla, como era un requisito de cajón-, la posición de privilegio de quienes votasen sí a la independencia respecto de quienes no reclamasen un “Estado “propio”. Los que votasen “no” a la primera pregunta, a ese “Estado propio”, no podrían pasar a ejercer el derecho a decidir en la segunda, que es la más sustantiva: sí o no a la separación, a que ese Estado propio fuese independiente. La catástrofe democrática que implica ese formato de cuestiones sucesivas se demuestra también por la siguiente hipótesis: con la mitad rasa (más un voto) de síes al Estado propio, y la mitad rasa de “síes” a la independencia (más un voto), un 25% de los votantes (más dos papeletas) se proclamaría la secesión. Y si participase la mitad rasa del censo (más uno), bastaría con un 12,5% (más tres votos) del electorado para tal objetivo. Probablemente los porcentajes no serían esos. Pero solo la posibilidad de que ese fuese el resultado indica ya el carácter rotundamente antidemocrático del formato elegido.
Además, el ritual de la firma consagró la primera quiebra del frente soberanista: los líderes de Iniciativa per Catalunya desistieron de acudir a hacer de monaguillos de Mas. Alegaron que no les habían enviado con anterioridad el texto del decreto. Pero esa es una facultad que la defectuosa ley de consultas otorga al president, en clara invasión de las competencias -las de convocar- propias del Parlamento. Lo más probable es que finalmente Joan Herrera se haya percatado de que al pairo de convocar una presunta consulta se celebraba este sábado el primer acto de la precampaña electoral del tándem secesionista CDC-ERC, para unas eventuales elecciones anticipadas.
Mas alegó que había seguido cuatro máximas impecables. Las retorció todas. Una, obedecer a “amplias mayorías sociales”, confundiendo a la mayoría que reclama un referéndum correcto y pactado (y no este) con la minoría secesionista. Dos, el gran “consenso político”, olvidando que excluye entre otros a dos partidos muy significativos, populares y socialistas. Tres, “la búsqueda del diálogo”, como si el hecho clave, la imposición unilateral del formato de la doble pregunta, se hubiera intentado pactar. Y cuatro, el respeto a “los marcos legales”, como si hubiese varios entre los que elegir, lo que ignora el básico principio jurídico de la jerarquía normativa.
Claro que no estaríamos en esta ignominiosa situación si el Gobierno de Mariano Rajoy hubiese escuchado el malestar de los catalanes, hubiera adoptado alguna iniciativa, hubiese formulado alguna propuesta. El secuestro es, pues, por partida doble.
fuentes http://politica.elpais.com/politica/2014/09/27/actualidad/1411813124_921402.html

Hay que encontrar una salida

Artur Mas, actuando dentro de sus competencias como presidente de la Generalitat, promulgó ayer en nombre del Rey la Ley catalana de consultas no referendarias, ordenó su publicación en el Diario Oficial de la Generalitat y, a continuación firmó el decreto que convoca una consulta en aplicación de dicha ley. Con este acto público, al que se querido revestir de una insólita, pero muy intencionada, solemnidad, se inicia un período que todos —unos y otros— ya tienen previsto: recurso del Gobierno ante el TC, suspensión de la ley durante un mínimo de cinco meses a partir de su admisión a trámite e invalidez de todo acto jurídico —por tanto, de la convocatoria de la consulta— que se lleve a efecto en virtud de la ley suspendida.
Por tanto, ¿nada va a pasar?, ¿mucho ruido y pocas nueces?, ¿es indiferente que las autoridades catalanas aprueben leyes presuntamente contrarias a Derecho ya que la legalidad lo acaba resolviendo al imponerse mediante resoluciones judiciales? Ciertamente, en todo Estado de Derecho la legalidad se impone pero no siempre resuelve los problemas. En este caso, como se ha comprobado en estos dos últimos años, si lo dejamos todo a la simple aplicación de la ley, seguiremos recorriendo un largo camino, plagado de piedras, en el que serán frecuentes unos tropezones que nos deberíamos ahorrar.
En efecto, no todo empieza y acaba en cumplir o incumplir la ley, hay vida más allá y más acá del Derecho, y a la visible deslealtad que las autoridades catalanas demuestran al retorcer la Constitución y el Estatuto para burlarse de la democracia, no se le puede hacer frente únicamente con la aplicación de las leyes y, en último término, de las sentencias de jueces y tribunales: hace falta, también, hacer política. Por supuesto dentro del marco de la ley, pero sin reducir esta política a la mera aplicación mecánica de las normas. Y hacer política, en una sociedad democrática, consiste, entre otras cosas, en argumentar para convencer.
Este es el punto en el que las fuerzas nacionalistas catalanas están ganando al Gobierno central, al PP y al PSOE. Recordando la célebre frase de Unamuno en la Universidad de Salamanca, con la actitud del Gobierno y de estos partidos, se vence en los tribunales, quizás se convence a una mayoría de ciudadanos del resto de España pero no a la mayoría de ciudadanos catalanes que, si bien muchos de ellos no son independentistas, quieren en su mayoría votar de forma explícita si quieren permanecer en España o separarse de ella.
Con el ordeno y mando no basta, hace falta persuadir, seducir y, como decíamos, convencer
Una larga tradición que, de forma rudimentaria, arranca quizás de Maquiavelo y, de manera altamente sofisticada, llega hasta nuestros días, entiende que la política se ejerce mediante el uso del poder y la organización del consentimiento. ¿En qué han fallado las fuerzas políticas que no son partidarias de la independencia de Cataluña? En eso segundo, han ejercido el nudo poder pero no han organizado el consentimiento. Con el ordeno y mando no basta, hay que persuadir, seducir y, como decíamos, convencer.
Ahora bien, en ese conflicto la responsabilidad de las partes no es la misma ni mucho menos. Hay enormes diferencias en el reparto de culpas y, sin duda, la carga principal recae, sobre todo, en el Gobierno de Cataluña y en los partidos que dan soporte al llamado, aunque inexistente, derecho a decidir. Tampoco queda exento de culpa el anterior Gobierno, de distinto signo. En efecto, cuando un presidente de la Generalitat —en este caso Montilla, en el año 2010— avala y casi convoca una manifestación contra una sentencia del Tribunal Constitucional, es evidente que deteriora seriamente al Estado de Derecho y, con carácter más general, deslegitima a las instituciones democráticas ante los ciudadanos. El Tribunal es un órgano político y la sentencia está argumentada con criterios políticos: esto es lo que dijeron las más altas autoridades del anterior Gobierno tripartito.
A partir de ahí, con el nuevo Gobierno de CiU presidido por Artur Mas, las cosas fueron aceleradamente a peor. Se propuso el concierto económico, al modo vasco y navarro, sabiendo que era un objetivo irrealizable pero necesario para justificar la necesidad de pasar a una nueva fase que el propio Mas calificó de “zona desconocida”. Era la fase de la independencia en la que ahora estamos. Había prisa, España estaba en un momento de grave debilidad económico y se debía aprovechar la ocasión.
¿Cómo se podía transitar por este camino, dar el salto hacia la independencia? En un artículo reciente recogía la consigna de Pompeu Gener, un pintoresco escritor catalán de fines del XIX y principios del XX, que siempre recordaba el añorado Jaume Vallcorba: “Endavant, endavant, sense ideia i sense plan”. Esta ha sido la estrategia de Mas en sus accidentados cuatro años de gobierno, una estrategia que recuerda la de Companys durante los meses anteriores al desastre del 6 de octubre de 1934, aquella fallida insurrección contra la II República con la estúpida excusa de salvarla.
El poder de Artur Mas se sostiene por sus continuas apelaciones al pueblo que se manifiesta en la calle
¿Cuál es el núcleo de esta estrategia? Algo que en Europa es propio de las fuerzas de extrema derecha o de extrema izquierda, tanto en tiempos de Companys como hoy: el populismo, es decir, la pretensión de que el pueblo está representado por los ciudadanos que se manifiestan en la calle y no por los ciudadanos censados que votan cuando les corresponde de acuerdo con la ley. Cuando menos desde 2012, el poder de Artur Mas se sostiene por sus continuas apelaciones a este pueblo que se manifiesta en la calle y en el que se mezclan los independentistas de toda la vida con los más recientes y a los que se han añadido aquellos que impugnan el sistema democrático. En este confuso batiburrillo se mueve, con un poder limitado y condicionado, el actual presidente de la Generalitat. No sé si muchos votantes de CiU entienden todo esto. Pero endavant, president, endavant.
Pero después está la otra parte, la que personifican Rajoy, su Gobierno, su partido y, en menos medida, el PSOE. Ya hemos dicho cual ha sido su respuesta al problema catalán: Constitución, ley, jueces y tribunales. Nada más. Se ha ejercido el poder de forma correcta, se ha recurrido judicialmente aquello que se debía recurrir, sin duda esto se seguirá haciendo, pero se ha olvidado de la otra cara de la política: convencer.
No era difícil convencer. Los planteamientos de los independentistas catalanes son de una debilidad apabullante. Se han equivocado en casi todo: en cuestiones de derecho interno, de derecho internacional, de derecho comunitario, en economía y en historia. No han aprobado ninguna asignatura. Sin embargo, no se les ha replicado. El presidente del Gobierno no ha sabido explicar ninguna respuesta política más allá de la ley y el derecho. No ha sabido argumentar de forma convincente las consecuencias negativas que tendría para los catalanes una Cataluña independiente y, sobre todo, no ha sabido explicar las ventajas de pertenecer a España, a la UE y al euro. Durante dos años, sólo Constiución, ley y sentencias. Obviamente esto no basta, se ha perdido un tiempo precioso.
No sé lo que sucederá el 9 de noviembre próximo, aparte de que no se va a celebrar consulta legal alguna. Pero el Gobierno —con el mayor consenso posible— debería plantear un acuerdo para encontrar un procedimiento que permita una salida. No es cuestión de plantear una reforma constitucional, que debe hacerse con tiempo y calma, tampoco una tercera vía, sino de encontrar un punto de encuentro con la Generalitat que, por supuesto dentro de la más estricta legalidad, despeje el camino y ofrezca seguridad cara al futuro. Quebec y Escocia, por lo que se ha visto, no son malos ejemplos.
Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional y autor del libroPaciencia e independencia, publicado recientemente.
fuentes http://elpais.com/elpais/2014/09/27/opinion/1411825331_473849.html

Llamada a la ruptura

Artur Mas convocó ayer un referéndum decisorio (planteado como inocente sucedáneo, una consulta de opinión) en pro de la independencia de Cataluña: no, como parece, sobre esa opción, sino en su favor. A favor de sus “estructuras de Estado” y de una inconcreta “transición”: en pro de ratificar lo ya decidido por unos pocos. Apeló al derecho a votar para decidir su futuro: nadie sensato debe negarlo como principio. Los catalanes han opinado en tres ocasiones sobre esta cuestión: abrumadoramente a favor de la Constitución, en 1978; en apoyo del Estatuto de 1979; a favor de su reforma en 2006.
Pero esta vez es diferente. Mas no convoca a especificar el vínculo de los catalanes consigo mismos y con el conjunto de los españoles, sino que invita a romperlo. Nadie sensato debe aplaudirle. Aún más: el quiebro de legalidad debe allegar adecuada respuesta en el Tribunal Constitucional. Pero el Gobierno de Rajoy haría bien en superar el reto frentista y acompañar sus anunciados recursos con propuestas constructivas, basadas en el diálogo.
La idea rupturista de Mas —en la estela de la quiebra de la legalidad fiscal propiciada por su antecesor y padrino, Jordi Pujol— se acompaña de un inaceptable planteamiento de doble poder: por un lado, las instituciones de la Generalitat; por el otro, el apoyo nada gratuito, la insurgencia de los organismos cívicos subvencionados movilizados ayer al unísono, para seguir llamando a la consulta después de que su convocatoria se hunda en la ilegalidad. Eso es menos presentable aún si pretende retar a la previsible decisión del Tribunal Constitucional: incluso aunque la tarea de agitación y propaganda se fíe a las siempre sumisas organizaciones como Òmnium y ANC, la voz debida a su amo.
El desafío es más insolvente, y menos heroico, por cuanto llega tras la esperpéntica comparecencia parlamentaria de Jordi Pujol, padrino del actual presidente de la Generalitat. Y se acompaña de los cansinos y agotados rituales de manifestaciones presuntamente espontáneas de apoyo de la base, bien respaldada por la Administración autonómica, así como del impúdico abrazo de oso del líder de Esquerra, Oriol Junqueras.
El reto es más insolvente, y menos heroico, porque llega tras la esperpéntica comparecencia de Pujol
Una vez consumado el desafío a la legalidad por parte de Mas, el siguiente acto versará sobre los recursos para dejar sin efecto la decisión del presidente. Se plantea un problema de fondo: muchos catalanes rechazan el statu quo y quieren romper con el resto de los españoles; pero muchos más, que no quieren destrozar esos vínculos, reclaman un autogobierno más satisfactorio. Las encuestas al respecto aportan indicios suficientes.
¿Qué hacer ante esta situación? Lo peor, lo más inútil sería encastillarse en las respectivas posiciones y proceder a una largaguerra de desgaste, en que los elementos más extremistas se amenacen y contaminen, al mismo tiempo, la convivencia de todos. El Congreso ya rechazó delegar la convocatoria de un referéndum en el Parlamento de Cataluña, y el Gobierno recurrirá mañana al Tribunal Constitucional para paralizar la consulta convocada unilateralmente por Mas. Tras dar esos pasos, no basta con cruzarse de brazos a la espera de ver qué pasa el 9 de noviembre en Cataluña.
La reforma federal de la Constitución, propuesta por el líder del PSOE, necesita de muchas concreciones y no está planteada solamente para resolver la cuestión catalana. Pero, al margen del grado de acierto en su contenido, esa oferta socialista desmiente el alegato soberanista de que “en España no hay nadie” con quien se pueda hablar.
Primero hay que mostrar voluntad de diálogo; luego, negociar e intentar un pacto; finalmente, votarlo
Otra cosa es que semejante reforma necesita del concurso del PP, como lo precisa cualquier otra menos ambiciosa sugerida desde sectores académicos; por ejemplo, releer la Constitución o reconocer la singularidad de Cataluña en una disposición adicional de la Constitución. El PP es indispensable para cualquier cambio constitucional, dadas las fuertes mayorías requeridas en las Cortes para ese fin.
Y sin llegar a un objetivo tan complejo, el Gobierno todavía no ha dado respuesta a los 23 puntos planteados por Mas en su última entrevista con Rajoy. De ahí la responsabilidad en que incurriría la principal fuerza política de España si, una vez descartada la consulta convocada unilateralmente por Mas, se negara a plantear propuesta alguna ni a iniciar un diálogo estructurado.
El empeño secesionista es traumático y suele producir muchos derrotados allí donde se ha votado. Tampoco se trata de someter a votación cualquier cosa, envolviéndola en paños calientes (por ejemplo, los argumentos de que no es vinculante o de que solo se trata de una exploración informal).
Por eso, la democracia representativa tiene que ser capaz de encontrar soluciones que no partan por la mitad a los catalanes, ni les enfrenten con los demás españoles. Primero hay que mostrar voluntad de diálogo; después, negociar e intentar un pacto; finalmente, votarlo. Por supuesto que habrá que votar, como reclaman muchos catalanes: habrá que hacerlo en la debida forma, y tras el necesario acuerdo, pero no al compás de la agitación interesada. Hay que ponerse a trabajar para superar el bloqueo, siempre dentro de la estricta legalidad
fuentes http://elpais.com/elpais/2014/09/27/opinion/1411844280_761961.html

viernes, 22 de agosto de 2014

Basta ya

Formalmente, la reforma de la elección de los alcaldes se va a tramitar como una reforma de una ley orgánica, pero materialmente es un decreto ley aprobado por el Gobierno. El contenido de la norma está decidido en su núcleo esencial, así como la fecha de su entrada en vigor. En mayo de 2015 los alcaldes serán designados con la fórmula que el Gobierno tiene decidida. Nadie puede llamarse a engaño.
Se trata de la segunda vez en estos últimos meses que el PP decide aprobar una ley orgánica de naturaleza constitucional prescindiendo de todos los demás partidos políticos. La primera fue la Ley Orgánica 4/2014, de 11 de julio, mediante la cual se introdujo en nuestro ordenamiento por primera vez en la historia constitucional española elaforamiento del rey tras su abdicación. De contrabando, a través de una “chapuza”, como se le escapó al presidente del Congreso, el PP resolvió este asunto, que habría exigido la aprobación de la Ley Orgánica prevista en el artículo 57.5 de la Constitución.
Con la pretensión de reformar el sistema de elección de alcaldes, el PP está a las puertas de repetir la operación. Desde la entrada en vigor de la Constitución en 1978 la fórmula para la designación del órgano de gobierno ha sido la misma en los tres niveles en que se articula nuestro sistema político. Los ciudadanos eligen directamente a los diputados en el Congreso o en el Parlamento de la comunidad autónoma y a los concejales en los municipios, y estos eligen al presidente del Gobierno, al presidente de la Comunidad Autónoma y al alcalde. Esta es nuestra Constitución representativa, que no se ha visto excepcionada en su vigencia en ningún momento.
Estatuto jurídico del rey tras su abdicación. Fórmula de expresión del principio de legitimación democrática en la renovación del poder municipal. Son dos materias de relevancia constitucional indiscutible, que, por su propia naturaleza, no pueden quedar fuera de lo que se entiende como consenso constitucional. La primera quedó fuera el 11 de julio. La segunda está a punto de quedar fuera en los próximos meses. Piezas importantes de nuestro ordenamiento constitucional van a ser el resultado de la decisión de un único partido.
En mi opinión, el asunto tiene tal gravedad que exigiría que los partidos de la oposición se negaran a participar en el simulacro de negociación que está ofertando el Gobierno. Los partidos deberían anunciar que renuncian a participar en la tramitación parlamentaria de la reforma. Rechazo frontal al proyecto o proposición de ley en el momento en que se deposite en el Registro del Congreso. Y nada más. Ni presentación de enmiendas, ni participación en el debate en comisión y en pleno, así como en la votación. Los partidos de la oposición no deben dar cobertura parlamentaria a lo que es una quiebra del consenso constitucional.
Lo que está en juego es la expresión del principio de legitimación democrática del poder, que se pretende alterar por primera vez desde la recuperación de la democracia tras la muerte del general Franco. Es un momento para decir BASTA YA.
fuenteshttp://politica.elpais.com/politica/2014/08/21/actualidad/1408636114_374589.html