viernes, 13 de diciembre de 2013

La justicia, herramienta de la democracia

La brecha que divide los grandes proyectos y utopías de lo que acaba finalmente ocurriendo en la realidad es una de las grandes constantes de la historia. Lo que eventualmente sirve a veces de combustible para escépticos y derrotistas; ilusiones frustradas y búsqueda de nuevos paradigmas para imaginar nuevas utopías. Y así, sucesivamente.
Esto viene a colación en relación a una experiencia en la que ese lugar común no se ha repetido. Me toca culminar al fin del 2013 mi segundo período como presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Siento la necesidad de compartir una reflexión que va más allá de la experiencia personal con un balance que se ubica en las antípodas del derrotismo, el escepticismo o la frustración. Los hechos indican que la justicia interamericana es una realidad viva y que se está convirtiendo en un rico factor de alimentación y de retroalimentación de la democracia y los derechos humanos en la región.
El macizo desarrollo de la justicia interamericana en los últimos años es notable por su extraordinario dinamismo y solidez. Nuestro tribunal desarrolló jurisprudencia constante y sólida en temas complejos como la obligación de investigar y sancionar graves violaciones a los derechos humanos, las reglas del debido proceso y los derechos de los pueblos indígenas. O la jurisprudencia reiterada – y unánime – en firme protección de la libertad de expresión pero en armonía y ponderación con el derecho a la honra y a la facultad de quienes se sintieran afectados de usar los medios judiciales disponibles para su defensa. Todo eso está cambiando el panorama de la justicia y los derechos humanos en América Latina en lo cual hay tres resultados especialmente tangibles que cabe destacar.
Primero, que la Corte Interamericana se ha fortalecido. Cuando el catastrofismo de unos pocos pronosticaba, a todos los vientos, el “debilitamiento” del sistema interamericano de derechos humanos, ocurrió y ocurre exactamente lo contrario. Hay cifras contundentes. En estos últimos cuatro años la Corte ha resuelto – y, gracias a una gestión eficiente, dentro de plazos razonables - una cantidad de casos que equivalen al 32% de lo resuelto en toda su historia de 34 años. En parte porque la gente recurre más a la Corte Interamericana. En esencia porque se ha expandido la demanda democrática y se presentan problemas que anteriormente a nadie se lo hubiera recurrido llevar al tribunal regional: discriminación por orientación sexual, métodos de fertilización asistida, inversión petrolera y consulta previa a pueblos indígenas o acceso a información en manos de oficinas del Estado, para mencionar sólo cuatro sobre infinidad de materias complejas que hoy tocan las puertas.
¿Y las finanzas? En medio de un dramático panorama presupuestal en la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que el presupuesto se reduce en términos nominales 5% cada año, se ha conseguido fortalecer las finanzas del tribunal interamericano. Aún los niveles son bajos (lo que hace imperioso recurrir a la cooperación voluntaria de países europeos), pero se ha logrado un aumento de 50% en los recursos presupuestales provenientes del fondo regular de la OEA. Otro punto a favor.
El desarrollo jurisprudencial de la Corte ha tenido gran impacto en México
Segundo, porque las decisiones se cumplen. Es rico el proceso evolutivo en el cumplimiento de las sentencias y demás decisiones del tribunal interamericano lo que derrotistas y cuentistas de una realidad monocorde y congelada, no aciertan a comprender por lo que optan por no hablar del tema. Se avanza incluso en lugares, temas y situaciones muy complejas. Así, por ejemplo, el mismo día en que se dictó el año pasado la sentencia sobre un sensible caso de consulta previa en territorios indígenas del Ecuador, mientras la comunidad Sarayaku celebraba en la provincia del Pastaza, el gobierno de Quito notificaba al tribunal que cumplirían con la sentencia lo que, en efecto, está ocurriendo. Y así, podría dar muchos ejemplos más.
Tercero: el impacto en los desarrollos institucionales nacionales. Lo más trascendente. Que hace que hoy día no sean sólo siete los jueces interamericanos (el número de integrantes del tribunal), sino muchos miles los jueces interamericanos. Desde el Río Grande hasta la Patagonia, el tribunal interamericano llega a la gente y a sus instituciones. Sus audiencias públicas hoy se llevan a cabo no sólo en su sede (Costa Rica) sino en otros 16 países de la región. El 2013 le tocó a Medellín (Colombia), México y Brasilia.
Un ejemplo interesante de este impacto continental lo tenemos en México, el país con más población hispanohablante del mundo. En las audiencias públicas celebradas en octubre, no sólo asistieron varios miles de personas para observar el desarrollo de las sesiones sino que ovacionaron emocionadamente de pie luego de la clausura. Ese detalle de cuenta de que estamos ante un proceso que al concernir hoy directamente a miles y millones de personas se hace menos vulnerable. Lo que hemos llamado “diálogo jurisprudencial” se va propagando por toda América, pero tiene en el país azteca una relevancia singular.
En México el desarrollo jurisprudencial interamericano ha interactuado con una vigorosa dinámica interna, particularmente en dos procesos fundamentales: la reforma constitucional de 2011 y el vigoroso papel de la Suprema Corte de Justicia. En dos decisiones trascendentales el más alto tribunal mexicano ha establecido que es obligatorio para los jueces mexicanos lo que se denomina el “control de convencionalidad”. Es decir que los criterios contenidos en las sentencias del tribunal interamericano son obligatorios para todos los jueces, aunque México no haya sido parte en el caso. Semejante criterio ya ha sido establecido por muchos otros altos tribunales; Colombia o Perú, entre muchos otros.
En la sepultura, pues, la consideración del derecho internacional como “extranjero”. Como dijo en Brasilia el 11 de noviembre Joaquim Barbosa, presidente de la Suprema Corte de Brasil, cuando inauguramos las audiencias públicas del tribunal interamericano: “La Corte Interamericana no es una Corte extranjera”.
Por el “control de convencionalidad” los jueces nacionales se encuentran hoy obligados a conocer más y mejor la jurisprudencia interamericana. Para ello se ha diseñado y puesto en circulación un modernísimo sistema de buscadores informáticos sobre la jurisprudencia interamericana que hemos puesto ya a disposición de los jueces de América desde noviembre con la Suprema Corte. En concordancia con eso, hace pocos días firmé con el gobierno del Brasil un convenio para la traducción al portugués y publicación de las principales sentencias emitidas por el tribunal interamericano. Será financiado íntegramente por el gobierno brasilero. Es para lo mismo.
En ese escenario es sintomático y alentador que el premio de Derechos Humanos que cada cinco años conceden las Naciones Unidas vaya a ser entregado este 10 de diciembre en Nueva York, por primera vez, a una institución pública latinoamericana: la Suprema Corte de México. Señal de que en la institucionalidad pública latinoamericana y en esa “viva interacción” con el tribunal interamericano se están produciendo desarrollos importantes para la protección de los derechos humanos.
Con la justicia interamericana está pasando algo muy trascendente y de significación histórica: funciona eficazmente y está cambiando en pocos años muchísimos paradigmas jurídicos y conceptuales en los países interamericanos. Amenazas y resistencias seguirá habiendo. Pero a estas alturas esa viva justicia le pertenece ya a millones de hombres y mujeres, que seguirán apropiándose de ella con tesón y optimismo. Porque de ella están haciendo herramienta de la democracia en la región.
Diego García-Sayán es presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Renovar el pacto constitucional

Hace cinco años, en estas mismas páginas, Albert Solé se refería orgullosa y cariñosamente a la Constitución como su hermana, no en balde comparten padre: Jordi Solé Tura. El cineasta, hijo de uno de los mejores ministros de Cultura de nuestra democracia, recordaba en su artículo Respetad a mi hermana (EL PAÍS, 6 de diciembre de 2008) que lo importante de esta Constitución no es tanto el texto como la música, la atmósfera de entendimiento y superación de las diferencias que desprende el conjunto.
La encrucijada social, económica, política y territorial en la que España se encuentra hoy podría, sin duda, superarse con ese mismo espíritu, el que hace 35 años puso de manifiesto que nuestros dirigentes políticos estaban a la altura de lo que la ciudadanía demandaba. Los catalanes, y el conjunto de los españoles, nos exigen un proyecto capaz de abordar simultáneamente dos problemas: resolver las disfunciones acumuladas tras 30 años de desarrollo del Estado de las Autonomías y encauzar el malestar de amplios sectores de la sociedad catalana sobre la relación de Cataluña con el resto de España.
Uno de los elementos para cimentar esa nueva arquitectura institucional del Estado es la declaración Un nuevo pacto territorial. La España de todos y el documento Hacia una estructura federal del Estado,aprobados por el consejo territorial del PSOE el pasado mes de julio en Granada, fruto de un esfuerzo transparente de reflexión y diálogo para ofrecer a la sociedad española y al resto de fuerzas políticas.
Las actuales disfunciones del Estado de las Autonomías han sido descritas de forma amplia y recurrente y sobre ellas existe un gran consenso: un sistema de reparto de competencias confuso y conflictivo, la ausencia de una verdadera Cámara Territorial, un modelo de financiación inacabado e insatisfactorio, la necesidad de garantizar en todo el territorio del Estado la protección de los derechos sociales básicos en condiciones de igualdad, la conveniencia de avanzar en la cohesión de los territorios y en la convergencia regional, la insuficiente colaboración institucional entre comunidades autónomas y Estado, y la conveniencia de continuar adecuando las Administraciones públicas a la estructura territorial autonómica y de mejorar su eficiencia y eficacia.
Es necesario resolver las disfunciones acumuladas en 30 años de desarrollo autonómico y encauzar el malestar de amplios sectores de Cataluña 
Estas disfunciones son de sobra conocidas y suscitan una pregunta incómoda: ¿por qué no se abordan con determinación, prontitud y consenso? ¿Qué nos impide dar respuesta a problemas que redundan en sobrecostes, ineficiencias y perjuicios a la ciudadanía? La propuesta que dibujamos en Granada ofrece caminos de solución y muestra nuestra disposición al diálogo para afrontar inmediatamente unos problemas que no admiten demora.
Pero no fueron solo estos problemas los que suscitaron nuestra reflexión. Los documentos aprobados en Granada por los socialistas tenían también un objetivo claro: proporcionar un cauce para responder al malestar de amplios sectores de la sociedad catalana que se sienten injustamente tratados, escasamente comprendidos e insuficientemente respetados. Es cierto que el terreno de los sentimientos es especialmente resbaladizo y a menudo difícil de atender, pero no es menos cierto que la política tiene como función precisamente la de abordar de forma racional y consensuada estas cuestiones.
Sea cual sea el juicio que nos merezca la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, debemos reconocer que dicha sentencia alteró un pacto entre las instituciones catalanas y españolas que fue posteriormente ratificado en referéndum por los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. No hay precedentes en nuestra aún joven democracia de una anomalía como esta. Debemos además ser capaces de dar una respuesta a los amplios sectores de la sociedad catalana insatisfechos por el sistema de financiación vigente y por las dificultades del modelo autonómico actual para integrar singularidades culturales, simbólicas y nacionales.
Los socialistas deseamos que la ciudadanía perciba un paisaje libre de escenarios de ruptura, vamos a actuar para corregir la desconexión gradual en el terreno de los afectos y los intereses compartidos. Por estos motivos decidimos formular una propuesta ambiciosa de reforma constitucional. Precisamente nosotros, que hemos defendido siempre la Constitución y el Estado autónomo, planteamos actualizarlo y perfeccionarlo en una perspectiva federal, porque el federalismo debe ser el modelo definitivo de nuestra organización territorial, como en otros muchos grandes Estados del mundo. El federalismo nos ofrece pautas, tanto para resolver las actuales disfunciones del Estado de las Autonomías, como para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España.
Los socialistas reiteramos nuestras propuestas para renovar el pacto constitucional, al tiempo que reclamamos transparencia y participación en una negociación de la que depende nuestro futuro común.
Concluía hace cinco años Albert Solé que los países, como los individuos, tienen que saber distinguir y honrar los giros decisivos de su historia. Lamentablemente, los presidentes Rajoy y Mas no identifican que el presente es uno de los momentos en los que honrar a nuestra historia exige cambios decisivos que debemos acordar entre todos.
Pere Navarro i Morera es primer secretario del PSC.

Diez años venciendo el hambre

Hace unas semanas, Brasil celebró el décimo aniversario de Bolsa Familia, que ha servido de modelo para muchos programas nuevos de distribución de rentas en todo el mundo.
Gracias al programa Bolsa Familia (“subsidio familiar”), 14 millones de familias, es decir, 50 millones de personas —la cuarta parte de la población de Brasil— reciben un pequeño estipendio mensual, siempre que cumplan unos requisitos básicos, entre los que figuran que los hijos permanezcan escolarizados y reciban atención médica, incluidas las vacunaciones normales. Más del 90% del dinero que se paga va a manos de las madres. En el decenio transcurrido desde que comenzó el programa, el rendimiento académico de los niños ha mejorado, las tasas de mortalidad infantil han caído y 36 millones de personas han salido de la pobreza extrema.
Las cifras son elocuentes, y, sin embargo, no bastan para transmitir hasta qué punto han mejorado las vidas de todas esas personas.
No hay una estadística capaz de medir la dignidad, pero eso es lo que se percibe cuando los padres pueden ofrecer a sus hijos tres comidas diarias. No hay una partida del presupuesto que se llame “esperanza”, pero eso es lo que brota cuando los padres ven que sus hijos van a la escuela y se esfuerzan para tener un futuro mejor.
Al transformar la vida de las personas, Bolsa Familia está cambiando el curso de la historia en mi país; según Naciones Unidas, es el mayor programa de distribución de rentas del mundo. Otros Gobiernos han adoptado estrategias similares para luchar contra el hambre. Por eso es importante entender el éxito de Brasil y los obstáculos a los que tuvo que hacer frente para poner en marcha el programa.
Como en muchos otros países de Latinoamérica, África y Asia, Brasil estuvo durante demasiado tiempo gobernado en nombre de una pequeña minoría, la clase dirigente. El resto de los brasileños, la gran mayoría, eran prácticamente invisibles y vivían en un no país que ignoraba sus derechos y les negaba todas las oportunidades.
Las iniciativas exitosas
de distribución de
rentas también
reactivan la economía
Lo primero que hicimos para cambiar la situación fue poner en práctica una serie de políticas sociales que, junto al incremento del salario mínimo y un mayor acceso a los préstamos bancarios, estimularon la economía y permitieron la creación de 20 millones de puestos de trabajo legales en los últimos 10 años. De esa forma, por fin, se logró integrar a la mayoría de la población en la economía y la sociedad de Brasil.
Bolsa Familia ha contribuido a demostrar que es posible erradicar el hambre cuando los Gobiernos tienen la voluntad política necesaria para convertir a los pobres en el centro de sus iniciativas. Muchos pensaron que era un objetivo utópico. Quizá no comprendieron que era absolutamente necesario para que nuestro país volviera a situarse en la ruta hacia el desarrollo.
Algunos dijeron de buena fe que, para combatir el hambre, a las familias había que darles alimentos, y no dinero. Pero tener alimentos no es suficiente para terminar con el hambre. Hace falta un frigorífico para almacenarlos y fuego y gas para cocinarlos. Y la gente además tiene que vestirse, cuidar su higiene personal y limpiar su hogar. Las familias no necesitan que el Gobierno les diga lo que deben hacer con su dinero. Ellas saben cuáles son sus prioridades.
Todavía hoy, algunas reacciones a Bolsa Familia prueban que es más difícil vencer los prejuicios que conquistar el hambre. Los más mezquinos acusan al programa de fomentar la indolencia. Es una forma de decir que los pobres son pobres porque no han querido mejorar su situación, no porque nunca han tenido oportunidad de lograrlo. Ese tipo de actitud deposita sobre sus hombros la responsabilidad de un abismo social que no favorece más que a los ricos.
Estos programas muestran que es posible erradicar la miseria
con voluntad política
Es cierto que más del 70% de los adultos inscritos en Bolsa Familia trabajan con regularidad, y el programa sirve como complemento de sus ingresos. Bolsa Familia se ha convertido en un instrumento que los padres utilizan para empezar a romper la espiral de pobreza en la que se encuentran sus hijos.
Los críticos han comparado los programas de distribución de renta con limosnas, con un mero ejercicio de caridad. Solo pueden decir algo así quienes nunca han visto a un niño malnutrido ni la angustia de su madre delante de un plato vacío. Para la madre que recibe las ayudas del programa, el dinero que le permite alimentar a sus hijos no es una limosna; es su derecho como ciudadana, y no va a renunciar a él.
A largo plazo, Bolsa Familia tiene otra consecuencia más: dota a los pobres de poder. Las personas que tienen garantizada por ley una renta mínima no necesitan pedir favores a nadie. No necesitan dar su voto a cambio de comida o de un par de zapatos, como ocurría con frecuencia en las regiones más pobres de Brasil. Por el contrario, esas personas ahora son libres, y eso no siempre le conviene a todo el mundo.
Asimismo, algunos detractores han criticado el programa por incrementar el gasto público. Son los mismos que suelen decir que bajar los salarios y destruir empleo son cosas positivas para la economía. Pero el dinero público que se dedica a las personas, la sanidad y la educación no es un gasto; es una inversión. La inversión en Bolsa Familia está en la raíz del crecimiento del país.
Por cada real (0,3 euros) invertido en el programa, el PIB ha crecido 1,78 reales, según los cálculos del Gobierno brasileño. Bolsa Familia estimula la actividad económica y la producción de los bienes que compran las familias. Poner mucho dinero en manos de unos pocos no sirve más que para alimentar la especulación financiera y agravar la concentración de rentas y riquezas. Bolsa Familia ha demostrado que un poco de dinero en muchas manos sirve para alimentar a la gente, estimular el comercio, atraer inversiones y crear empleo.
El presupuesto de Bolsa Familia para este año es de 24.000 millones de reales, alrededor de 7.500 millones de euros. Menos del 0,5% del PIB de Brasil. Algunos cálculos indican que Estados Unidos y la Unión Europea, juntos, han gastado desde 2008 alrededor de 10 billones de dólares (7,3 billones de euros) en rescatar a los bancos con problemas. Una pequeña parte de esa cantidad, invertida en programas como Bolsa Familia, podría acabar con el hambre en el mundo y reactivar la economía mundial para iniciar una nueva era de prosperidad.
Por suerte, varios países han escogido la lucha contra la pobreza como ruta hacia el desarrollo. Ya es hora de que las organizaciones multilaterales den aliento a esas iniciativas, promoviendo el intercambio de conocimientos y el estudio de estrategias de distribución de rentas que hayan tenido éxito. Esa sería una buena forma de dar impulso a la derrota del hambre en el mundo.
Luiz Inácio Lula da Silva fue presidente de Brasil y hoy trabaja en iniciativas de alcance mundial con el Instituto Lula. Se le puede seguir en facebook.com/lula.
© 2013, Instituto Luiz Inácio Lula da Silva.
Distribuido por The New York Times Syndicate.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Reflexiones de una presa sobre Nelson Mandela

Se dice que la reclusión nos deja con una sensación de desamparo y vulnerabilidad, pero la verdad de la vida para un preso político, incluso para el que haga una huelga de hambre, es lo contrario. Como presa, yo me he visto obligada a centrarme en lo que es esencial para mí: mis creencias políticas y mi país. Por eso, siento la presencia de los valientes hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que se han agrupado en Kiev y otras ciudades ucranias para defender sus sueños de una democracia y un futuro europeos. En la cárcel, nuestras esperanzas y sueños se vuelven nuestra realidad.
Estoy segura de que Nelson Mandela habría entendido mis sentimientos y los habría compartido. El régimen sudafricano del apartheid pudo mantenerlo encerrado durante casi tres decenios, pero en las grandes protestas de Soweto y las otras manifestaciones en pro de la libertad y la igualdad, los valientes jóvenes sudafricanos tuvieron presente su ejemplo y sintieron su presencia.
En todo el mundo, la mayoría de la gente está celebrando ahora con razón la noble dignidad con la que Mandela sacó a Sudáfrica del salvajismo político. Incluso aquí, tras los barrotes de la cárcel y la vigilancia durante 24 horas, como la que padeció él durante tanto tiempo, puedo imaginar la calidez de su ancha sonrisa, sus alegres ojos y camisas de colores de estilo hawaiano que llevó con tanta gracia.
Y puedo admirar su inflexible —y sí, a veces astuto— compromiso con la reconciliación, que salvó a su país de la guerra racial que quienes se negaban a aceptar el fin del dominio blanco minoritario consideraban inevitable. ¡Qué equivocados estaban y qué milagroso fue el logro de Mandela al hacer incluso a sus más implacables enemigos sentirse en su casa en la Sudáfrica posterior al apartheid!
Tras el fin del salvajismo político en Sudáfrica no hubo caza de brujas ni una justicia sumaria
Pero aquí, en este lugar, no es el Mandela estadista el que conmueve mi alma y dispara mi imaginación. “Mi” Mandela es el preso, el Mandela de la isla de Robben, que soportó 27 años tras los barrotes (18 de ellos en una roca en el Atlántico meridional) y, sin embargo, salió con su espíritu intacto, embargado por la visión de una Sudáfrica tolerante, una nación liberada incluso para los artífices y beneficiarios del apartheid.
El fin del dominio blanco no se caracterizó por purgas. No hubo caza de brujas ni una justicia sumaria. Lo único que Mandela pidió fue que se revelara la verdad sobre el pasado. Mediante la extraordinaria innovación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Mandela encontró el único puente viable entre la herencia racista de su país y sus presente y futuro multirraciales: una combinación de genio político y sabiduría humana que caracteriza solo a los más grandes dirigentes.
Mandela pudo guiar a Sudáfrica hasta la libertad porque supo ver su futuro con mayor claridad que quienes vivieron los años del apartheid fuera de la cárcel. De hecho, tuvo esa poco común claridad de la visión moral que la cárcel —más quizás que ningún otro ambiente— puede alimentar.
El encarcelamiento infundió también esa claridad a Alexandr Solzhenitsin. “Poco a poco fui descubriendo que la línea que separa el bien del mal no pasa por los Estados ni entre las clases ni tampoco entre los partidos políticos, sino que cruza exactamente todos los corazones humanos”, escribió en El archipiélago Gulag. “Esa línea cambia (…) e incluso dentro de los corazones rebosantes de maldad se mantiene una pequeña cabeza de puente de bien e incluso en el mejor de todos los corazones se mantiene un rinconcito no desarraigado de mal”.
La capacidad para ver más claramente que la mayoría el funcionamiento interno del alma humana es uno de los pocos dones que puede brindar el encarcelamiento. Obligados a contar exclusivamente con nuestra vulnerabilidad, nuestro aislamiento, nuestras pérdidas (y nuestra causa, aparentemente perdida), aprendemos a mirar más detenidamente en el corazón humano: el nuestro y el de nuestros carceleros.
Sé que la democracia ganará en Ucrania, como Mandela sabía que iba a acabarse el 'apartheid'
Mandela fue el mejor ejemplo de ese don poco común. ¿Cómo, si no, habría podido invitar personalmente a uno de sus carceleros de la isla de Robben a asistir a su toma de posesión como primer presidente democráticamente elegido de Sudáfrica?
Naturalmente, tras el generoso espíritu de Mandela había un carácter de acero. Soportó su reclusión por el bien de su causa y la angustia del sufrimiento impuesto a su familia y, aun así, nunca se desmoronó ni cedió a la rabia que habría consumido a la mayoría de las personas.
Como de costumbre, las propias palabras de Mandela sobre su día de la liberación personal muestran lo bien que lo entendió: “Cuando salí de la celda y me dirigí a la puerta por la que saldría a la libertad, sabía que, si no dejaba tras mí mi amargura y odio, seguiría dentro de la cárcel”. Y así como Mandela sabía en su celda carcelaria que llegaría un día en que el apartheid se desplomaría, yo sé, en mi soledad, que el triunfo final de Ucrania como una democracia europea es seguro.
Yulia Timoshenko fue primera ministra de Ucrania y ahora es la dirigente de la oposición.
© Project Syndicate, 2013.
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

Los nazis están entre nosotros

Imagínense el siguiente escenario distópico: después de un partido de fútbol, en uno de los estadios más grandes de Alemania, uno de los jugadores se hace con un micrófono y grita: “¡Heil Hitler!” Más de 30.000 personas contestan con una sola voz: “¡Heil!”. Solamente unos días más tarde, el 65% de los alemanes decide votar contra los homosexuales en un referéndum nacional. Al mismo tiempo, se están ya recogiendo firmas para organizar otro referéndum, esta vez para prohibir la lengua yiddish. ¿Cómo llamarían ustedes a estos acontecimientos? ¿Democracia, o tal vez… nazismo?
Hasta ahora, Croacia había celebrado tres referéndums, el primero tuvo lugar en 1991, para declarar su independencia de Yugoslavia, el segundo se celebró en 2012, sobre el acceso a la Unión Europea, y el tercero se ha celebrado el 1 de diciembre de 2013, para cambiar la definición de matrimonio en la Constitución. Justo unos días antes del referéndum, en la celebración de la clasificación de Croacia para la Copa del Mundo, el futbolista Joe Šimunic', agarró un micrófono y gritó a los aficionados desde el terreno de juego: “¡Por la patria!”. Los 30.000 fans contestaron: “¡Listos!”, lo cual podría no sonar como nada en especial si no fuera porque había empleado la frase “Za dom spredni!”, un antiguo grito de guerra utilizado por los ustashas, los colaboradores croatas del régimen nazi que enviaron a decenas de miles de serbios, judíos y otros a los campos de concentración.
En 1941, el régimen croata pro-nazi promulgó una ley que prohibía el alfabeto cirílico en el territorio del Estado Independiente de Croacia (NDH); a diferencia de ello, el actual gobierno croata se propone establecer una ley según la cual el bilingüismo sea indispensable en los lugares donde una minoría supere el 30% de la población. En septiembre de este año se pusieron placas en cirílico en edificios oficiales de Vukovar, una ciudad que fue asediada y destruida por los serbios en 1991. Pero los carteles fueron derribados por manifestantes enfurecidos. Los mismos que ahora han empezado a reunir firmas para que se celebre un referéndum sobre los derechos de las minorías étnicas bilingües con el objetivo principal de que, para la introducción del bilingüismo en favor de una minoría étnica, se eleve el umbral al 50% de la población. En otras palabras, a algún genio se le ha ocurrido la idea de que una minoría puede tener derechos solamente si es una mayoría.
Lo que demostró el 65% que votó a favor de prohibir los derechos de los gais es que la verdadera amenaza para la familia —que supuestamente es lo que se defendía durante el referéndum constitucional croata— no son los gais ni otras minorías. La verdadera amenaza para la familia es exactamente toda esa gente que no se da cuenta de que es el capitalismo el que la está destruyendo. Tan sólo una semana antes del referéndum, el gobierno croata dejó preparado el plan para privatizar el agua. Y por lo que respecta a la falta de empleo entre los jóvenes, Croacia solamente se ve superada por Grecia y España, con un 52% de índice de desempleo. En lugar de organizar un referéndum sobre ese tipo de problemas, Croacia gastó 6,2 millones de euros en un referéndum para definir algo que ya está definido en la ley sobre la familia: el matrimonio es una comunidad legalmente regulada entre una mujer y un hombre.
La verdadera amenaza para la familia no son las minorías, sino quienes no se dan cuenta de que es el capitalismo el que la está destruyendo
Pero sería erróneo sacar con ello la conclusión de que Croacia vuelve a estar ahora más cerca de los Balcanes y de países conservadores como Polonia, Hungría, Bulgaria o Rumania. ¿Qué decir entonces de las decenas de miles de manifestantes que desfilaron en París en marzo de 2013 en contra de la nueva ley francesa de matrimonios del mismo sexo? ¿Y qué hay del ambiente existente hacia las minorías, incluso en países como Dinamarca o Suecia, por no hablar de Italia o Grecia?
Parece más oportuno que nunca sacar a colación un viejo chiste. En el control de pasaportes del aeropuerto de Zagreb, un oficial le pregunta a un turista: “¿Cuál es su nacionalidad?” El turista contesta: “Alemán”. Entonces le pregunta el oficial: “¿Ocupación?”. Y el alemán le contesta: “No, sólo de vacaciones”. Por un lado, el gobierno croata —sin excesiva presión de la Troika— está haciendo el trabajo de Angela Merkel. Por el otro, ya no necesitamos ninguna ocupación más de los nazis, puesto que los nazis están viviendo entre nosotros. Ante esta situación, los alemanes pueden sentirse realmente relajados y disfrutar de sus vacaciones.
Lo que nos ha mostrado el referéndum constitucional croata no ha sido sólo un mal uso de la democracia y una reacción conservadora; es en realidad todo un síntoma del corazón podrido de Europa, de un continente que no sólo se está pareciendo cada vez más al distópico escenario descrito más arriba, sino que hace realidad las peores pesadillas del siglo XX. O, como diría el poeta croata Marko Pogacar: “Lo único que es más horrible que el fascismo es el fascismo moderado”.
Srecko Horvat es filósofo croata y coautor, con Slavoj Zizek, del libro El Sur pide la palabra, de próxima aparición.
Traducción del inglés de Juan Ramón Azaola

La reforma laboral necesita mejorar

El mercado laboral español mostraba ya antes de la recesión actual un comportamiento anómalo en términos de creación y destrucción de empleo y, en consecuencia, también en términos de tasas de paro. Tanto la magnitud en las tasas de desempleo como su volatilidad han sido muy superiores a las de los países de nuestro entorno ya desde el comienzo de la época democrática. Ambas características indican que nuestro mercado laboral adolece de factores estructurales que es necesario abordar. La reforma de 2012 es por ahora la última de las numerosas que se han acometido en nuestro país desde mediados de los ochenta para tratar de resolver los graves problemas de nuestro mercado de trabajo.
El preámbulo de la reforma realiza, en mi opinión, un diagnóstico acertado sobre el rumbo que debiera tomar nuestro mercado de trabajo para su mejor funcionamiento. Afirma que el objetivo de la misma es conseguir la flexiseguridad, paradigma laboral que pretende que las relaciones laborales sean flexibles, pero que a su vez los trabajadores tengan contratos estables y se encuentren protegidos por políticas activas y pasivas de empleo. Lo cierto es que la reforma de 2012 acomete cambios contundentes —no siempre acertados, en mi opinión— en cuanto al aumento de flexibilidad (interna y externa); pero no tan contundentes en lo que se refiere a la mejora en la eficacia de las políticas activas y a reducir la dualidad contractual, ambas claramente insuficientes. Vayamos con cada una de ellas.
La reforma sin duda ha permitido el aumento de la flexibilidad interna, es decir, ha conseguido que sea posible modificar las condiciones laborales sin tener que recurrir al despido ante una situación recesiva. En este sentido, tanto los cambios dirigidos a primar la negociación a nivel de empresa como la modificación sustancial de las condiciones de trabajo abierta tras la reforma, y en particular, la posibilidad de una disminución salarial para evitar los despidos puede por primera vez ayudar a que los ajustes temporales se realicen sobre salarios en lugar de tener que recurrir a los despidos. Dicho esto, sería conveniente que las modificaciones de contrato tuvieran especificados unos márgenes de actuación. La ausencia de los mismos puede dar lugar a abusos por parte del empresario, por una parte, y también puede dañar la seguridad contractual. Estos márgenes no están especificados en la actualidad y sería muy beneficioso que fueran contemplados.
La reforma laboral de 2012 también ha favorecido la flexibilidad externa mediante el abaratamiento de los despidos. Desde la aprobación de la reforma, los despidos por causa objetiva, bien sean individuales o colectivos, han aumentado sensiblemente. Desde mi punto de vista, en un contexto de enorme destrucción de empleo como el que España estaba viviendo en 2012, y en ausencia de políticas activas eficaces para la pronta reinserción en el mercado laboral, las medidas de flexibilidad externa debieran haber esperado a que la situación económica se normalizara.
Hay que crear un Portal Único de Empleo para informar a los parados de todas las ofertas
Las políticas activas de empleo son una herramienta fundamental en un modelo como el de flexiseguridad. Ante un eventual despido, las políticas activas juegan un papel clave en la información, formación y recolocación de los parados. Las acciones implementadas hasta la fecha son claramente insuficientes y necesitan mejorar, y así lo ha puesto de manifiesto Bruselas recientemente. En particular, la información a los parados requiere que se modernicen los servicios públicos de empleo, de modo que se cree un portal único de empleo para concentrar en una sola web todas las ofertas que haya en España, hoy dispersas en 17 portales regionales. Esto no debiera ser un problema en esta era digital, y sería aconsejable, ahora que se atisba cierta reactivación, que se incentive a las empresas a que utilicen esta única web para sus demandas de trabajo.
Con respecto a la formación, debe producirse un giro radical ya que los cursos de formación que hoy se ofrecen están en muchos casos obsoletos y no sujetos a evaluación. Se debe partir de las necesidades de las empresas, y desde ahí y del nivel regional o incluso local, diseñar bien una formación a medida o por medio de la formación profesional reglada. En algunos casos la misma empresa puede formar a sus trabajadores, especialmente a los jóvenes, mediante contratos de formación dual en los que se combina formación con trabajo. Este instrumento parece estar también sobre la agenda del Gobierno y podría ser otro instrumento de política activa muy útil para los parados jóvenes de nuestro país.
Finalmente, con respecto a la recolocación, la misma reforma laboral estipulaba la introducción de medidas para fomentar la cooperación con las agencias privadas de empleo. Sin embargo, 20 meses después de la aprobación de la reforma, no se ha firmado aún ningún convenio de colaboración, lo cual impide que las agencias puedan operar en la recolocación de los parados. Parece que el Plan Anual de Empleo de 2013 avanza algunas iniciativas sobre este particular, pero la tardanza en su implementación está provocando el drama laboral de que más de la mitad de nuestros parados llevan más de un año buscando empleo.
La coordinación de políticas activas y pasivas ha acortado la búsqueda de trabajo en Europa
Por otra parte, para que la recolocación se produzca, es necesario que los parados acepten las ofertas de empleo que reciben. Un resultado contundente en todos nuestros estudios empíricos es que el cobro de cualquier tipo de subsidio disminuye enormemente la tasa de salida hacia el empleo. Este es un hecho que debe evitarse y para ello sería necesario que las políticas activas se combinaran más eficazmente con las pasivas, en particular con el subsidio.
En otros países, como Alemania, Dinamarca y Holanda, que tienen políticas activas más consolidadas que las nuestras, diseñan itinerarios individualizados para los parados, y mientras cobran un subsidio, se les exige la participación en las políticas activas diseñadas para ellos. Tras el periodo de formación, ante una oferta de trabajo adecuada a su capacitación, los individuos pierden el subsidio si no la aceptan. Esta combinación de políticas activas y pasivas ha acortado sensiblemente el periodo de búsqueda de empleo en estos países y España debiera ir también en esa dirección para que la situación en el desempleo no se haga crónica. Por supuesto, para esto es necesario en primer lugar que exista un diseño adecuado de políticas activas todavía inexistente en nuestro país.
Finalmente, la reforma no ha sido útil para la reducción de la precariedad laboral. Más del 90% de los nuevos contratos son temporales, y la proporción de nuevos contratos indefinidos disminuye continuamente. El Gobierno es consciente de ello, y de hecho, entre las recientes medidas lanzadas por el Ministerio de Trabajo para reducir esta dualidad está la simplificación de contratos. Parece que los 41 modelos de contratación existentes quedarán reducidos a cinco: indefinido, temporal, de relevo, de prácticas y un último de formación y aprendizaje. Sinceramente, mientras se siga permitiendo contratar de modo generalizado bajo la modalidad de contrato temporal, prácticamente todas las contrataciones seguirán siendo temporales, como hasta ahora. El contrato temporal debe ser utilizado solo para casos como sustituciones, que son temporales por naturaleza. El resto de la contratación debiera ser estable, indefinida, pero con una indemnización por despido que fuera creciente con la antigüedad, partiendo de la de los contratos temporales el primer año y creciendo gradualmente con la antigüedad en la empresa. Se pueden discutir los matices, pero sería preciso llegar a un acuerdo que no desincentivara la contratación, que otorgara seguridad jurídica a los contratos indefinidos y que consiguiera que la norma fuera la contratación indefinida, como en la mayoría de los países de nuestro entorno.
En definitiva, la reforma laboral necesita mejorar.
Sara de la Rica es catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco e investigadora de FEDEA.

Maquiavelo, el misterio de la claridad

Hace hoy quinientos años, Nicolás Maquiavelo anunciaba a su amigo Francesco Vettori haber redactado “un opúsculo”, De principatibus, donde profundiza cuanto puede en “las reflexiones sobre esta cuestión, discutiendo en él qué es principado, de qué especie son, como se adquieren, como se conservan, porqué se pierden”. El marco histórico italiano favorecía la preocupación por el tema, con una sucesión de interminables conflictos por el poder, agudizados a partir de la entrada en la península de Carlos VIII de Francia. Conquistas pasajeras, alianzas variables, deposiciones y asesinatos políticos componían un cuadro de constantes mutaciones en el cual destacaba la figura de Cesar Borgia. Había sido este capaz de imponerse por un tiempo como “príncipe nuevo” en ese juego de múltiples contendientes y suma cero, sobre el cual incidían además otros dos poderosos jugadores, Francia y España. Al clima de permanente inseguridad se sumaba la circunstancia individual de Maquiavelo, que había sido encarcelado tras la caída de la República de Florencia en 1512 y hallándose, en sus propias palabras, al borde de la pobreza. Con su obra esperaba la protección de los Medici, vueltos al poder.
El príncipe puede ser considerado como un ensayo sobre la dinámica de lo político, de estudio de “las variaciones de los gobiernos”, cuyo objeto era establecer en el curso del relato los factores que determinan los cambios en las posiciones de poder sobre este o aquel territorio. Son esos stati, estados, dominios, de Cosme de Médicis o de los Bentivoglio, que en el vocabulario de Maquiavelo se deslizan hacia la noción moderna del Estado cuando el término designa a la organización política.
Como repetidamente se ha escrito, la descarnada exposición de la lógica de lucha por el poder en El príncipe, alejada de todo condicionamiento moral y religioso, convirtió al libro en manual para un posible ejercicio del poder violento e inmoral. No en vano es interminable la lista de sus discípulos, desde Napoleón a Mussolini, sin olvidar al dictador congolés Mobutu. Por eso el joven Raymond Aron, siempre perspicaz, puesto a descifrar “el misterio de la claridad” de Maquiavelo, y centrándose en El príncipe, le señaló como el origen doctrinal de las tiranías modernas. Sobre la base de una concepción pesimista de la naturaleza humana, y utilizando un método experimental y racionalista, Maquiavelo fue a parar a “la exaltación de la voluntad humana y de los valores de la acción”. Los grandes dictadores del siglo XX estarían ahí prefigurados.
Partiendo de una idea pesimista del hombre terminó exaltando “los valores de la acción”
Conviene recordar, sin embargo, que el modelo del “príncipe nuevo” se apoya sobre el citado análisis experimental y racionalista, sin presuponer en modo alguno su deseabilidad. Maquiavelo lo avisó en uno de los capítulos más citados de El príncipe: creyó “útil” indagar sobre “la verdad efectiva de la cosa” antes que ofrecer una visión “imaginaria”, idealizada, de la misma. Los espejos de príncipes para nada servían. Por lo demás, sabemos que la acción de Maquiavelo como hombre público consistió en un servicio leal a la República de Florencia desde cargos de primera importancia y que la exhortación final dirigida a Lorenzo de Medici tiene por finalidad hacerle asumir sus deseos patrióticos de liberar a Italia de los extranjeros. “Amo la patria mía más que mi alma”, confiesa en otra carta a Vettori. Únicamente teniendo esto en cuenta, es dado comparar a Maquiavelo con Carl Schmitt, como también suele hacerse, pues ambos se adscriben a una lógica política de signo decisionista; el propio Schmitt sugirió más de vez que eran almas gemelas. Solo que el realismo político de Maquiavelo, a diferencia del schmittiano, resulta compatible con su voluntad de hacer viable un régimen de libertades públicas, de vivere libero, para su patria.
No se trata de una técnica del poder aconsejada por Maquiavelo al “príncipe nuevo” sobre el patrón de César Borgia. Análogos métodos recomienda en uno de sus primeros escritos para someter a las poblaciones que se rebelaron contra Florencia. Falta solo introducir otro componente, el consenso, que le lleva a encontrar otro ejemplo de “príncipe nuevo”, el rey de España, Fernando, quien consigue el apoyo de sus súbditos mediante una política de empresas orientadas a tenerles siempre pendientes de sus iniciativas. Asimismo el príncipe que alcanzó el poder con el apoyo del pueblo, debe mantener su amistad.
La virtud, la capacidad del gobernante para poner en práctica todos los recursos a fin de lograr y conservar el poder, se convierte en virtud colectiva cuando en El príncipe menciona a los venecianos, enlazando con el Maquiavelo republicano de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Las primeras palabras de El príncipe dejaban ya claro que para Maquiavelo existían dos formas de dominación, de stati,principados y repúblicas, teniendo cada una de propia estructura de poder, base social y lógica de funcionamiento. Parafraseando a Montesquieu, son dos tipos de gobierno y si en los principados el principio del gobierno es la virtud del príncipe, en las repúblicas lo sería el patriotismo: “La entrega a la patria es el mayor honor para un hombre”. Y ello requiere en el orden económico la igualdad, en tanto que la desigualdad resulta incompatible con las repúblicas y es la base del principado. El ejemplo romano hace ver la primera como un equilibrio, logrado gracias al enfrentamiento de los nobles con el pueblo, los dos humores del cuerpo político; ninguno de ellos debe quedar al margen del poder. Surgió así “una república perfecta”, antítesis del conflicto generalizado descrito en El príncipe.
Los hombres son desleales e inclinados al mal, y los gobernantes no pueden ignorarlo
La visión antropológica pesimista domina la escena en El príncipe y en los Discursos. Los hombres son tristi,egoístas, desleales, inclinados al mal, y los gobernantes no pueden ignorarlo. Pero aunque la naturaleza humana no cambia, sí cabe considerar que desde tiempos de Roma la condición de los hombres se degradó (traligna), siendo preciso buscar en los tiempos antiguos las soluciones para el presente, tanto en la organización política como en la militar, por cierto contemplada desde el ángulo del ciudadano en El arte de la guerra. Como sujeto colectivo, dentro de un marco institucional, el pueblo se convierte entonces en garantía de la libertad pública, pues su interés consiste en rechazar la opresión. La finalidad consiste siempre alcanzar el equilibrio, logrando la articulación de las ordini, el orden institucional, premisa de las leyes, con la materia, el cuerpo social. Incluso resulta posible soñar con “los tiempos áureos en que cada uno pueda sostener y expresar sus opiniones”. En suma, un vivere politico opuesto a la “autoridad absoluta”, corruptora de la materia. Los pueblos aman el vivere libero, pues de ello depende su bienestar, ya que es el bien común y no el particular lo que engrandece las ciudades.
Solo ignorando una parte de su obra, resulta posible limitar la aportación teórica de Maquiavelo a sus recomendaciones sobre la estrategia del mal para el “príncipe nuevo”, y menos sirve considerarle un teórico del absolutismo. Puestos a buscar un ejemplo contemporáneo, recordemos una película de Gillo Pontecorvo La batalla de Argel, realizada para denunciar al colonialismo francés, lo cual de poco sirvió pues fue prohibida en Francia, al tiempo que su rigurosa descripción de los mecanismos contraterroristas hizo de ella un material obligado en las escuelas de torturadores de Latinoamérica. Sería absurdo culpar de esa lectura al director italiano, como también lo es ver en Maquiavelo solo una fuente de perversiones políticas por atenerse a “la verdad efectiva". Otra cosa es reconocer la existencia de legados opuestos atendiendo a las dos vertientes principales de su pensamiento, la que utilizarán los tiranos y la republicana. Y no son las únicas. Ahí está la reivindicación del amor y del humor en su comedia La mandrágora, “porque la vida es breve, y muchas son las penas que viviendo y esforzándose cada uno soporta”.
Antonio Elorza es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.