Agresiva? No, más bien una entrevista incisiva y clarificadora, donde ninguna pregunta de las que flotan en la atmósfera ha quedado en el tintero. Cuní se puso el mono de trabajo, ya que había mucho de que hablar, y el resultado es la estrategia definida que Artur Mas presenta a los ciudadanos de Catalunya en este momento histórico. Por mucho que el ruido electoral nos retorne a las mismas desconfianzas una y otra vez, el hecho es que Mas no ha podido ser más concreto. Y en los tiempos del pensamiento líquido y el tacticismo recurrente, líderes que tienen ideas fuerza y que no surfean en aguas turbias son muy de agradecer. En este sentido, no es que Mas no herede la ambigüedad pujolista, es que la ha dinamitado. La entrevista, pues, en 8tv entre Josep Cuní y Artur Mas fue una completa hoja de ruta de todo lo que ocurrirá si Mas y el conjunto del soberanismo sacan unos buenos resultados electorales. No quedó ninguna pregunta por hacer. No quedó ninguna pregunta por responder.
¿Y cuál es la hoja de ruta? El president la sustenta en cuatro patas éticas: proceso positivo, democrático, pacífico y con el pueblo como última voz. Es decir, nada de proclamaciones unilaterales en el Parlament: deben hablar las urnas.
A partir de aquí, y gracias a la insistencia de Cuní, conocemos también el detalle del proceso en la medida en que se puede detallar un camino que, inevitablemente, esconde incertidumbres. Mas fue muy explícito: elecciones, formación del Parlament, Govern, mayoría soberanista e inicio del proceso. Y el proceso específico: negociación con España para un referéndum, aprobación de la ley catalana de consultas, ejercicio de esta ley si no se ha conseguido el referéndum, y petición de amparo a la Unión Europea si España intenta frenarlo todo, ley catalana incluida. Agotar todos los mecanismos legales es el axioma y, en última instancia, ampararse en el paraguas del derecho internacional. Y, según Mas, no hay recovecos, ni ninguna posibilidad de detener este proceso con negociaciones a la baja. La eterna desconfianza, pues, de que Artur Mas será un hombre que temblará al final del camino quedó, en su propia boca, totalmente descartada.
Incluso cuando Cuní le habló de determinados poderes fácticos que podrían estar en contra e intentar detenerlo, la respuesta del president fue brutal: "¿Usted cree que me habría puesto a liderar este proceso si estuviera pendiente de las opiniones de determinada gente que no eran diferentes hace unas semanas a las de ahora? (...) Si me pudieran parar, ya me habrían parado". Y añadió que, a pesar de los miedos y los recelos, todos ellos le han mostrado un gran respeto. Y así culminó una entrevista que no deja espacio para los equívocos. Artur Mas ha depositado todo su capital político en favor de un proceso que quiere cambiar la historia de los últimos 300 años de Catalunya. No hay marcha atrás.
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lunes, 29 de octubre de 2012
¿Quién se quedará el patrimonio de las cajas?
Los ciudadanos españoles cargan ya sobre sus espaldas un pesado fardo económico a cuenta de la crisis bancaria. El anterior gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó ayudas a la banca de más de 87.000 millones de euros en el 2010 (1.846 euros por habitante). El año anterior fueron 57.000 millones. Cifras cuantiosísimas que pueden acabar devolviéndose, o no. De hecho, algunas ya se han convertido en monstruosos quebrantos, que han dejado así incumplida, de momento, la promesa de los sucesivos gobiernos de que la salvación de la banca no costaría nada al erario. Ahora, en el mejor de los casos, se trata de ver cómo se recupera lo perdido.
El ministro Cristóbal Montoro ha reconocido que las arcas públicas han tenido que asumir pérdidas de 16.700 millones durante los ejercicios 2011 y 2012 como consecuencia de la práctica quiebra de algunas de las entidades que recibieron las ayudas del Estado en forma de créditos. Es decir, el Estado ha tenido que reconocer que se trata de dinero irrecuperable y, por tanto, lo ha tratado como un gasto no recuperable, por eso ha aumentado el déficit. Para los ciudadanos implica una vuelta de tuerca más en la larga lista de sacrificios que está imponiendo esta crisis. Los posibles quebrantos no se quedan aquí. De hecho, España ha solicitado al fondo europeo de rescate 60.000 millones, que de momento computan como deuda pública del Estado, y cuyo buen fin está aún por ver. Es decir, pueden acabar convirtiéndose en pérdidas, en todo o en parte, como lo fueron las anteriores.
No es nada nuevo, pero nunca está de más recordarlo, pues los beneficiados por estas situaciones tienden a callar cuando reciben el dinero y se producen las pérdidas, y levantan mucho la voz a la que ven la oportunidad de exigir la retirada del Estado para volver a recoger los beneficios. Es eso de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios a que, con afán, se aplican siempre muchos amigos del poder.
Por eso hay que estar atentos al asunto. Por ejemplo, el grupo parlamentario del PP ha presentado en el Congreso de los Diputados una enmienda a los presupuestos generales del Estado para forzar a las cajas de ahorros que se hayan quedado sin negocio bancario -es decir, que hayan necesitado de la inyección pública que antes se mencionaba para evitar la quiebra de las entidades financieras que controlaban- a convertirse en fundaciones en un plazo máximo de seis meses.
Se trata de las que han quedado bajo control del FROB, el fondo público que pilota y financia la cada vez más costosa reconversión del sistema financiero español. Fundamentalmente, las que fabricaron Bankia (controlada por el Banco Financiero y de Ahorro -BFA-, creado tras la fusión de Caja Madrid y Bancaja como entidades líderes, más Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia); Catalunya Bank (nacida de Catalunya Caixa, creada a su vez por la fusión de Caixa Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa), y NovaGaliciaBanco (construido por Nova Caixa Galicia, resultado de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova). Todas estas entidades, más otras ya subastadas o adquiridas y los correspondientes esquemas de protección contra pérdidas para los compradores, han implicado inyecciones públicas, ya efectuadas o anunciadas, de unos 70.000 millones de euros. De vértigo.
De lo que ha trascendido de la citada enmienda de los populares, se deduce que el patrimonio de esas cajas quedará cobijado bajo el control de los patronos de sus fundaciones, una vez que se reconviertan. ¿Es razonable que tal cosa suceda? ¿Debe quedar ese activo, en algunos casos nada desdeñable, en manos de esas entidades pese a que su control de las entidades financieras ha costado al Estado miles de millones? Debería responder también ese patrimonio de esos quebrantos para el contribuyente?
¿Volveremos a ver capillas de políticos locales o de popes de la sociedad civil ocupando posiciones relevantes a cuenta de los rendimientos de esos patrimonios relevantes de las futuras fundaciones en las que se acabarán convirtiendo esas antiguas cajas de ahorros?
En muchos casos, al tratarse de cajas de fundación pública, esos activos quedarán parcialmente en manos de administraciones locales o autonómicas, pero en otros seguirán en manos de patronos privados. Esta desamortización del patrimonio de las cajas de ahorros, la segunda, se acaba de producir sigilosamente con su completa privatización y abandono del sector financiero, y debería gozar de una mayor fiscalización pública. Y, en su caso, se debería asegurar que el patrimonio vivo sirve para reducir el riesgo de los ciudadanos y contribuyentes. No vaya a ser que los españoles tengan que seguir pagando durante años las deudas que las entidades hundidas no pudieron devolver, mientras algunos de los responsables patrimoniales del desaguisado siguen desenvolviéndose como si nada hubiese pasado. Otra vez la misma historia no, por favor.
Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121028/54353575493/manel-perez-quien-se-quedara-el-patrimonio.html#ixzz2Afdg5kQ5
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El ministro Cristóbal Montoro ha reconocido que las arcas públicas han tenido que asumir pérdidas de 16.700 millones durante los ejercicios 2011 y 2012 como consecuencia de la práctica quiebra de algunas de las entidades que recibieron las ayudas del Estado en forma de créditos. Es decir, el Estado ha tenido que reconocer que se trata de dinero irrecuperable y, por tanto, lo ha tratado como un gasto no recuperable, por eso ha aumentado el déficit. Para los ciudadanos implica una vuelta de tuerca más en la larga lista de sacrificios que está imponiendo esta crisis. Los posibles quebrantos no se quedan aquí. De hecho, España ha solicitado al fondo europeo de rescate 60.000 millones, que de momento computan como deuda pública del Estado, y cuyo buen fin está aún por ver. Es decir, pueden acabar convirtiéndose en pérdidas, en todo o en parte, como lo fueron las anteriores.
No es nada nuevo, pero nunca está de más recordarlo, pues los beneficiados por estas situaciones tienden a callar cuando reciben el dinero y se producen las pérdidas, y levantan mucho la voz a la que ven la oportunidad de exigir la retirada del Estado para volver a recoger los beneficios. Es eso de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios a que, con afán, se aplican siempre muchos amigos del poder.
Por eso hay que estar atentos al asunto. Por ejemplo, el grupo parlamentario del PP ha presentado en el Congreso de los Diputados una enmienda a los presupuestos generales del Estado para forzar a las cajas de ahorros que se hayan quedado sin negocio bancario -es decir, que hayan necesitado de la inyección pública que antes se mencionaba para evitar la quiebra de las entidades financieras que controlaban- a convertirse en fundaciones en un plazo máximo de seis meses.
Se trata de las que han quedado bajo control del FROB, el fondo público que pilota y financia la cada vez más costosa reconversión del sistema financiero español. Fundamentalmente, las que fabricaron Bankia (controlada por el Banco Financiero y de Ahorro -BFA-, creado tras la fusión de Caja Madrid y Bancaja como entidades líderes, más Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia); Catalunya Bank (nacida de Catalunya Caixa, creada a su vez por la fusión de Caixa Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa), y NovaGaliciaBanco (construido por Nova Caixa Galicia, resultado de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova). Todas estas entidades, más otras ya subastadas o adquiridas y los correspondientes esquemas de protección contra pérdidas para los compradores, han implicado inyecciones públicas, ya efectuadas o anunciadas, de unos 70.000 millones de euros. De vértigo.
De lo que ha trascendido de la citada enmienda de los populares, se deduce que el patrimonio de esas cajas quedará cobijado bajo el control de los patronos de sus fundaciones, una vez que se reconviertan. ¿Es razonable que tal cosa suceda? ¿Debe quedar ese activo, en algunos casos nada desdeñable, en manos de esas entidades pese a que su control de las entidades financieras ha costado al Estado miles de millones? Debería responder también ese patrimonio de esos quebrantos para el contribuyente?
¿Volveremos a ver capillas de políticos locales o de popes de la sociedad civil ocupando posiciones relevantes a cuenta de los rendimientos de esos patrimonios relevantes de las futuras fundaciones en las que se acabarán convirtiendo esas antiguas cajas de ahorros?
En muchos casos, al tratarse de cajas de fundación pública, esos activos quedarán parcialmente en manos de administraciones locales o autonómicas, pero en otros seguirán en manos de patronos privados. Esta desamortización del patrimonio de las cajas de ahorros, la segunda, se acaba de producir sigilosamente con su completa privatización y abandono del sector financiero, y debería gozar de una mayor fiscalización pública. Y, en su caso, se debería asegurar que el patrimonio vivo sirve para reducir el riesgo de los ciudadanos y contribuyentes. No vaya a ser que los españoles tengan que seguir pagando durante años las deudas que las entidades hundidas no pudieron devolver, mientras algunos de los responsables patrimoniales del desaguisado siguen desenvolviéndose como si nada hubiese pasado. Otra vez la misma historia no, por favor.
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La España (también) de CiU
Cuando el nacionalismo catalán y una parte del catalanismo afirman desear apartarse de una España fracasada, emanciparse de ella, bifurcarse del camino español, surgen dos reflexiones ineludibles. La primera: no es verdad que la democracia haya fracasado en nuestro país. Sólo desde el sectarismo podría sostenerse este juicio sumarísimo a un sistema que nos ha devuelto la libertad después de una sangrienta guerra civil y un larguísimo invierno dictatorial. La segunda: el actual sistema es tributario de una coautoría política socialista, conservadora y nacionalista catalana. En otras palabras, la arquitectura jurídico-constitucional del Estado no podrá relatarse en los textos de historia sin subrayar el papel determinante de CDC y de UDC en su diseño y desarrollo.
Quizás por ello, la exigencia de que la iniciativa de autodeterminación conducida por Artur Mas se ajuste a procedimientos legales -y ese sería su propósito según manifestó el lunes pasado ante el empresariado de Catalunya- es y debe ser taxativa. Porque CiU -otra cosa es ERC- no puede desentenderse de su propia trayectoria. El nacionalismo catalán, a través de Miquel Roca, hizo aportaciones decisivas a una Constitución que aceptó en su momento con un nivel de satisfacción descriptible pero suficiente. Y fue también el nacionalismo -con el concurso de la muy potente izquierda catalana- el que asumió sin reticencia el Estatut de Sau.
Lo que ocurrió con el vigente Estatut requiere de un relato más detallado: el texto se elaboró a instancias de un tripartito que logró en última instancia el apoyo de CiU pero en el que alentaba el proyecto socialista de arrebatar a la federación nacionalista la centralidad catalana y, especialmente, la denominación de origen del autogobierno de Catalunya. El del 2006 -y quizás por eso se frustró- fue un texto legal infeliz porque incorporaba un propósito de ajuste interno entre el socialismo catalán (y español) con el nacionalismo, un ajuste al que tampoco fueron ajenos ERC ni ICV. De ahí su precipitada redacción, los graves fallos técnicos que contenía, la falta de consenso con el que nació y la frustración que provocó su enmienda por el Tribunal Constitucional que jamás debió perder, para leyes de naturaleza orgánica, el recurso previo de inconstitucionalidad que se suprimió en 1984 sin que se pensase en supuestos como el del Estatut.
En términos coloquiales, la aportación de CiU a esa España que se supone fracasada y de la que se quiere emancipar se sintetizó en el conocido como pujolismo que consistió en la forma en la que el expresident de la Generalitat y fundador de CDC, Jordi Pujol, se movió durante veintitrés años en la política española con decisiones determinantes tales como sostener y dejar caer a Felipe González en los años noventa, facilitar la primera investidura de Aznar, respaldar la Ley de Partidos que ilegalizó a la izquierda radical abertzale y, entre otros hitos ya posteriores, aceptar el sistema de financiación autonómica del 2009 y apoyar la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El expresident Pujol es un hombre para la historia de Catalunya, pero lo es también para la historia de España, como Josep Tarradellas, sin cuya aportación noblemente patriótica -catalana y española- quizás la transición no hubiese sido lo que fue.
Por el contrario, el nacionalismo vasco -que no votó la Constitución- bien por su dimensión, bien por su idiosincrasia, nunca mostró disposición a la extraversión que el catalanismo practicó con un saldo que ahora, en demasía apresurado, se juzga pésimo y frustrante. El hecho de que el PNV haya recibido unas deferencias en ocasiones históricas que contrastan con la adustez de la relación del Estado con Catalunya ("Euskadi es la excepción, el problema es Catalunya", según se ha acuñado en un refranero posmoderno), se debe -y ahí alcanza toda su razonabilidad la queja catalana- a la castellanía vasca y a una larga y convulsa intimidación de la violencia terrorista de ETA.
El desenganche, de momento, del PNV de iniciativas soberanistas cuando más independentistas parece haber en Euskadi (sólo parece, los hubo tantos y hasta más en legislaturas precedentes, aunque separados y no agrupados) constituye una paradoja histórica sólo relativa. Los vascos nacionalistas no comprendieron la aportación catalana a España y ahora tampoco entienden por qué se desentienden de sus propios actos. Y es que hay contradicciones en el gordiano nudo de la historia de Catalunya y de España que suman en un pesimista desconcierto. Porque esta España que tan duramente se rechaza es, también, la España de CiU. Por eso, la secesión de Catalunya sería un fracaso colectivo. También catalán.
Quizás por ello, la exigencia de que la iniciativa de autodeterminación conducida por Artur Mas se ajuste a procedimientos legales -y ese sería su propósito según manifestó el lunes pasado ante el empresariado de Catalunya- es y debe ser taxativa. Porque CiU -otra cosa es ERC- no puede desentenderse de su propia trayectoria. El nacionalismo catalán, a través de Miquel Roca, hizo aportaciones decisivas a una Constitución que aceptó en su momento con un nivel de satisfacción descriptible pero suficiente. Y fue también el nacionalismo -con el concurso de la muy potente izquierda catalana- el que asumió sin reticencia el Estatut de Sau.
Lo que ocurrió con el vigente Estatut requiere de un relato más detallado: el texto se elaboró a instancias de un tripartito que logró en última instancia el apoyo de CiU pero en el que alentaba el proyecto socialista de arrebatar a la federación nacionalista la centralidad catalana y, especialmente, la denominación de origen del autogobierno de Catalunya. El del 2006 -y quizás por eso se frustró- fue un texto legal infeliz porque incorporaba un propósito de ajuste interno entre el socialismo catalán (y español) con el nacionalismo, un ajuste al que tampoco fueron ajenos ERC ni ICV. De ahí su precipitada redacción, los graves fallos técnicos que contenía, la falta de consenso con el que nació y la frustración que provocó su enmienda por el Tribunal Constitucional que jamás debió perder, para leyes de naturaleza orgánica, el recurso previo de inconstitucionalidad que se suprimió en 1984 sin que se pensase en supuestos como el del Estatut.
En términos coloquiales, la aportación de CiU a esa España que se supone fracasada y de la que se quiere emancipar se sintetizó en el conocido como pujolismo que consistió en la forma en la que el expresident de la Generalitat y fundador de CDC, Jordi Pujol, se movió durante veintitrés años en la política española con decisiones determinantes tales como sostener y dejar caer a Felipe González en los años noventa, facilitar la primera investidura de Aznar, respaldar la Ley de Partidos que ilegalizó a la izquierda radical abertzale y, entre otros hitos ya posteriores, aceptar el sistema de financiación autonómica del 2009 y apoyar la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El expresident Pujol es un hombre para la historia de Catalunya, pero lo es también para la historia de España, como Josep Tarradellas, sin cuya aportación noblemente patriótica -catalana y española- quizás la transición no hubiese sido lo que fue.
Por el contrario, el nacionalismo vasco -que no votó la Constitución- bien por su dimensión, bien por su idiosincrasia, nunca mostró disposición a la extraversión que el catalanismo practicó con un saldo que ahora, en demasía apresurado, se juzga pésimo y frustrante. El hecho de que el PNV haya recibido unas deferencias en ocasiones históricas que contrastan con la adustez de la relación del Estado con Catalunya ("Euskadi es la excepción, el problema es Catalunya", según se ha acuñado en un refranero posmoderno), se debe -y ahí alcanza toda su razonabilidad la queja catalana- a la castellanía vasca y a una larga y convulsa intimidación de la violencia terrorista de ETA.
El desenganche, de momento, del PNV de iniciativas soberanistas cuando más independentistas parece haber en Euskadi (sólo parece, los hubo tantos y hasta más en legislaturas precedentes, aunque separados y no agrupados) constituye una paradoja histórica sólo relativa. Los vascos nacionalistas no comprendieron la aportación catalana a España y ahora tampoco entienden por qué se desentienden de sus propios actos. Y es que hay contradicciones en el gordiano nudo de la historia de Catalunya y de España que suman en un pesimista desconcierto. Porque esta España que tan duramente se rechaza es, también, la España de CiU. Por eso, la secesión de Catalunya sería un fracaso colectivo. También catalán.
El limbo del PSC
El federalismo como alternativa al secesionismo y al sistema autonómico no es creíble. A él, sin embargo, se aferra el PSC para articular un discurso diferenciado. No lo logrará porque la sociedad catalana y el conjunto de la española están en un dilema, es decir, ante la obligación de elegir entre dos opciones. Errarán los socialistas catalanes si creen que el dilema permite una digresión federal inmadura y precipitada. La solución posible para Catalunya está en las necesarias reformas y adaptaciones de un modelo autonómico que debe tender a una mayor asimetría, incluso mediante cambios constitucionales. Pero fuera de ese ámbito, no hay espacios verosímiles. Es posible graduar, ampliar y corregir, pero no lo es instalarse confortablemente en el limbo.
El federalismo como alternativa al secesionismo y al sistema autonómico no es creíble. A él, sin embargo, se aferra el PSC para articular un discurso diferenciado. No lo logrará porque la sociedad catalana y el conjunto de la española están en un dilema, es decir, ante la obligación de elegir entre dos opciones. Errarán los socialistas catalanes si creen que el dilema permite una digresión federal inmadura y precipitada. La solución posible para Catalunya está en las necesarias reformas y adaptaciones de un modelo autonómico que debe tender a una mayor asimetría, incluso mediante cambios constitucionales. Pero fuera de ese ámbito, no hay espacios verosímiles. Es posible graduar, ampliar y corregir, pero no lo es instalarse confortablemente en el limbo.
Aznar y Catalunya
La intervención de Aznar en la que abordó, ante Rajoy y con Vargas Llosa, la situación en Catalunya no consistió en una excentricidad ni en un desahogo improvisado. Sus valoraciones –en lo relativo a la fisura de la convivencia entre catalanes con diferentes percepciones de su identidad– están avaladas por los hechos. Existe una disidencia en Catalunya –silente o explícita, de ignorada dimensión– respecto de la iniciativa soberanista y negarlo sería voluntarista. La reactividad sistemática hacia Aznar (fue él quien apartó del PPC a Vidal-Quadras y llevó a Piqué al primer plano de la política) responde más a visceralidad que a un análisis crítico de sus palabras. Descalificarle con apriorismos carece de perspicacia. Aznar retiene capacidad de referencia.
La intervención de Aznar en la que abordó, ante Rajoy y con Vargas Llosa, la situación en Catalunya no consistió en una excentricidad ni en un desahogo improvisado. Sus valoraciones –en lo relativo a la fisura de la convivencia entre catalanes con diferentes percepciones de su identidad– están avaladas por los hechos. Existe una disidencia en Catalunya –silente o explícita, de ignorada dimensión– respecto de la iniciativa soberanista y negarlo sería voluntarista. La reactividad sistemática hacia Aznar (fue él quien apartó del PPC a Vidal-Quadras y llevó a Piqué al primer plano de la política) responde más a visceralidad que a un análisis crítico de sus palabras. Descalificarle con apriorismos carece de perspicacia. Aznar retiene capacidad de referencia.
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El bluf federalista
Com segur que recorden, Audrey Hepburn interpreta al film Sabrina, de Billy Wilder, el paper de la filla del xofer d'uns magnats nord-americans, i s'enamora perdudament del fill petit. Després d'intentar suïcidar-se, el pare de Sabrina decideix enviar-la a París, per apartar-la del jove, a estudiar a una escola de cuina. En una escena memorable per la seva comicitat, Sabrina intenta fer un suflé, però no se'n surt. El xef revisa els suflés dels aprenents de cuiner ("Baix. Tou. Dur... Comme ci, comme ça...") i, quan arriba a Sabrina, murmura amb menyspreu: "Està cru!". Ella, desolada, diu que no sap què ha passat. I un company de Sabrina la treu de dubtes: "Jo li diré què és el que ha passat. Simplement, que s'ha oblidat d'encendre el forn". I hi afegeix una observació memorable, per justificar que Sabrina té mal d'amors: "Està clar. Una dona feliçment enamorada crema el suflé. Però una dona infeliç per amor mai no recorda d'encendre el forn".
No em sembla impertinent convocar aquesta escena inoblidable per avaluar l'entrada en l'escena política catalana del federalisme, esgrimit per Pere Navarro, primer secretari del PSC, com una proposta política ni-ni: ni recentralització ni independència. Navarro proposa, com a programa polític per satisfer, segons pensa, les ambicions nacionals dels ciutadans de Catalunya, el model federal. Cal donar per suposat que Navarro no és un cínic i que, per tant, la seva proposta és sincera i a més, és d'esperar, reflexionada. Tanmateix, ni la seva inexperiència total en qüestions parlamentàries excusa de conèixer algunes coses que ara per ara ja són fins i tot de domini públic.
En primer lloc, el federalisme no pot ser una proposta política versemblant si, a més de la intenció de plantejar, des de Catalunya, una reforma federal de l'Estat, no es compta amb la complicitat de qui, des del Govern o el Parlament espanyol, podria avalar un procés com aquest. I com estan les coses, en aquest sentit? La caricatura, bastant ajustada en això a la realitat, ja fa temps que ha sentenciat que els únics federalistes que hi ha a l'Estat espanyol són alguns (i no tots) membres del PSC. Perquè és una certesa verificada que el PSOE (per suposat, encara menys el PP) no és partidari del federalisme. De res val que ara, desmentint la seva intervenció a la festa socialista de Castelldefels, Rubalcaba invoqui a corre-cuita que "cal avançar cap a un model federal". Fa un mes i mig que repeteix aquesta lletania i encara no se li ha pogut escoltar un detall precís de què és el que entén, ell i el PSOE, per "model federal", fora de la vaga referència a la reforma del Senat com a cambra territorial (que mai ha estat ni considerada com a possibilitat durant les dues dècades que el PSOE ha governat a Espanya).
En segon lloc, les limitacions del PSOE a l'hora d'abordar una modificació de l'statu quo de l'ordenació constitucional de l'Estat ja van quedar prou esclarides, i massa i tot, durant la discussió sobre l'Estatut i arran de la sentència del Tribunal Constitucional, que deixava el text que va aprovar el Parlament català, les Corts espanyoles i el poble de Catalunya pràcticament irreconeixible. Que ara, els que van afaitar un Estatut que ni a federal no arribava, i a més se'n van enorgullir de fer-ho, proposin un model federal no pot ser, seriosament, ni pres en consideració.
En tercer lloc, federalisme ni és ni té res a veure amb descentralització. I el PSOE, que és un partit nominalment federal, a la pràctica, de federal, no en té res. Partit germà, el PSOE, pel PSC? Sisplau, no fem riure. Només cal repassar el que han votat les diferents federacions del PSOE en trenta anys de parlamentarisme o recordar només, per esmentar un cas encara calent, la vergonyosa desautorització formal de l'eurodiputada Maria Badia per posar la seva signatura en una carta que reclama el que hauria de ser una obvietat en termes democràtics.
Navarro, doncs, més que una proposta política versemblant el que fa és proposar la recepta inoblidable de Sabrina: un suflé sense forn. I no val a posar-hi voluntarisme ("convencerem el PSOE"), perquè tothom ho sap: aquest forn no s'encendrà.
Però n'hi ha més, encara, i és més greu. Seguint amb la imatge, el problema és que ningú no ha demanat un suflé. El que està en joc és una cosa que se'n diu respecte institucional. I en aquest sentit, la proposta de Navarro voreja la burla. El Parlament va aprovar majoritàriament, abans de ser dissolt, una resolució que insta al proper Govern de la Generalitat a convocar "una consulta" perquè "el poble de Catalunya pugui determinar lliurement i democràtica el seu futur col·lectiu".
Davant d'això, el mínim que cal exigir és claredat, que vol dir: saber quina és la posició de les forces polítiques davant d'aquesta resolució. El PP i C's ja han dit que no estan d'acord a convocar cap mena de consulta. La resta de les forces parlamentàries ja han dit que sí, que hi estan d'acord, i que la convocaran. I el PSC? Suflé. Com en l'acudit d'aquell a qui, sempre que li deien alguna cosa, contestava, fos quina fos la pregunta: "He oblidat la pinta a sobre del piano". En qualsevol cas, aquesta sortida, si no es desmenteix, és una manera de dir que no, que no compliran l'acord parlamentari que tan majoritàriament va ser aprovat i que hauria d'obligar el proper Govern. Sens dubte, els electors jutjaran sobre això.
En qualsevol cas, al capdavall, potser el suflé no és sinó un bluf. O, com diu el diccionari de l'IEC, pensant en el pòquer, una catxa.
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No em sembla impertinent convocar aquesta escena inoblidable per avaluar l'entrada en l'escena política catalana del federalisme, esgrimit per Pere Navarro, primer secretari del PSC, com una proposta política ni-ni: ni recentralització ni independència. Navarro proposa, com a programa polític per satisfer, segons pensa, les ambicions nacionals dels ciutadans de Catalunya, el model federal. Cal donar per suposat que Navarro no és un cínic i que, per tant, la seva proposta és sincera i a més, és d'esperar, reflexionada. Tanmateix, ni la seva inexperiència total en qüestions parlamentàries excusa de conèixer algunes coses que ara per ara ja són fins i tot de domini públic.
En primer lloc, el federalisme no pot ser una proposta política versemblant si, a més de la intenció de plantejar, des de Catalunya, una reforma federal de l'Estat, no es compta amb la complicitat de qui, des del Govern o el Parlament espanyol, podria avalar un procés com aquest. I com estan les coses, en aquest sentit? La caricatura, bastant ajustada en això a la realitat, ja fa temps que ha sentenciat que els únics federalistes que hi ha a l'Estat espanyol són alguns (i no tots) membres del PSC. Perquè és una certesa verificada que el PSOE (per suposat, encara menys el PP) no és partidari del federalisme. De res val que ara, desmentint la seva intervenció a la festa socialista de Castelldefels, Rubalcaba invoqui a corre-cuita que "cal avançar cap a un model federal". Fa un mes i mig que repeteix aquesta lletania i encara no se li ha pogut escoltar un detall precís de què és el que entén, ell i el PSOE, per "model federal", fora de la vaga referència a la reforma del Senat com a cambra territorial (que mai ha estat ni considerada com a possibilitat durant les dues dècades que el PSOE ha governat a Espanya).
En segon lloc, les limitacions del PSOE a l'hora d'abordar una modificació de l'statu quo de l'ordenació constitucional de l'Estat ja van quedar prou esclarides, i massa i tot, durant la discussió sobre l'Estatut i arran de la sentència del Tribunal Constitucional, que deixava el text que va aprovar el Parlament català, les Corts espanyoles i el poble de Catalunya pràcticament irreconeixible. Que ara, els que van afaitar un Estatut que ni a federal no arribava, i a més se'n van enorgullir de fer-ho, proposin un model federal no pot ser, seriosament, ni pres en consideració.
En tercer lloc, federalisme ni és ni té res a veure amb descentralització. I el PSOE, que és un partit nominalment federal, a la pràctica, de federal, no en té res. Partit germà, el PSOE, pel PSC? Sisplau, no fem riure. Només cal repassar el que han votat les diferents federacions del PSOE en trenta anys de parlamentarisme o recordar només, per esmentar un cas encara calent, la vergonyosa desautorització formal de l'eurodiputada Maria Badia per posar la seva signatura en una carta que reclama el que hauria de ser una obvietat en termes democràtics.
Navarro, doncs, més que una proposta política versemblant el que fa és proposar la recepta inoblidable de Sabrina: un suflé sense forn. I no val a posar-hi voluntarisme ("convencerem el PSOE"), perquè tothom ho sap: aquest forn no s'encendrà.
Però n'hi ha més, encara, i és més greu. Seguint amb la imatge, el problema és que ningú no ha demanat un suflé. El que està en joc és una cosa que se'n diu respecte institucional. I en aquest sentit, la proposta de Navarro voreja la burla. El Parlament va aprovar majoritàriament, abans de ser dissolt, una resolució que insta al proper Govern de la Generalitat a convocar "una consulta" perquè "el poble de Catalunya pugui determinar lliurement i democràtica el seu futur col·lectiu".
Davant d'això, el mínim que cal exigir és claredat, que vol dir: saber quina és la posició de les forces polítiques davant d'aquesta resolució. El PP i C's ja han dit que no estan d'acord a convocar cap mena de consulta. La resta de les forces parlamentàries ja han dit que sí, que hi estan d'acord, i que la convocaran. I el PSC? Suflé. Com en l'acudit d'aquell a qui, sempre que li deien alguna cosa, contestava, fos quina fos la pregunta: "He oblidat la pinta a sobre del piano". En qualsevol cas, aquesta sortida, si no es desmenteix, és una manera de dir que no, que no compliran l'acord parlamentari que tan majoritàriament va ser aprovat i que hauria d'obligar el proper Govern. Sens dubte, els electors jutjaran sobre això.
En qualsevol cas, al capdavall, potser el suflé no és sinó un bluf. O, com diu el diccionari de l'IEC, pensant en el pòquer, una catxa.
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El salvavidas de los bancos
Creo que era El Roto quien ironizaba hace unos días acerca de que el nombre de banco malo era una denominación equivocada, porque no está claro que el resto sean buenos. El informe de la Comisión Nacional de la Competencia que se acaba de dar a conocer revela que la banca acaparó el 99,59% de las ayudas de 2010 destinadas a superar la crisis económica. Dicho de un modo más inteligible: cada ciudadano de este país aportó casi 2.000 euros para la recuperación de las entidades bancarias. La cuantía de esta ayuda equivale al 8% del PIB, lo que supuso uno de los mayores esfuerzos llevados a cabo por un país de la eurozona para sanear su banca. Algo que el propio Alfredo Pérez Rubalcaba, que era vicepresidente del Gobierno que las estableció, calificó de estéril, pues la gestión de la burbuja inmobiliaria fue poco menos que un fiasco. El que se suponía que era "el mejor sistema financiero del mundo", según Zapatero, demostró ser una caricatura irreconocible un año después.
No todos los bancos son iguales, ni han salido igual de tocados después de esta crisis. Pero es indudable que nos deben su agradecimiento por soberano esfuerzo colectivo. Sin embargo, esta misma semana el sector anunciaba nuevos incrementos en las comisiones por los servicios que suministra, sin entender que nos deben una. La malas prácticas de algunos bancos y cajas en estos últimos años han salido poco menos que gratis, como lo demuestra que sólo en casos especialmente escandalosos se han exigido responsabilidades, mientras el riego de millones a los bancos con problemas que va a conceder el Banco Central Europeo cargará de nuevo en la deuda de España, que, hasta que no se demuestre lo contrario, somos todos.
Será difícil que los ciudadanos recuperen la confianza en un sector que se saltó todas las normas de la ecuanimidad, la honestidad y el buen gobierno con las llamadas preferentes, que han arruinado el ahorro de centenares de miles de familias que se habían fiado de los consejos de los empleados de las sucursales, que no advirtieron de los riesgos de estos productos. Algunos bancos han empezado a cambiar no sólo el argumentario de su publicidad, sino incluso la relación con sus impositores a fin de demostrar acto de contrición y voluntad de cambio. E incluso se da el caso de entidades que están buscando fórmulas aceptables para compensar a los perjudicados. Cada vez más la banca necesita acudir al discurso de los valores al lado de las bondades de sus ofertas.
No será fácil volver al punto de partida, como si nada hubiera ocurrido. De momento, nos merecemos que cuando entremos en nuestro banco nos canten poco menos que el Magníficat o, como exigía Richard Gere en una tienda de Rodeo Drive en Pretty Woman después de que hubieran maltratado a Julia Roberts, ha llegado el momento que nos hagan la pelota.
Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121029/54353602225/marius-carol-el-salvavidas-de-los-bancos.html#ixzz2AfboU8gJ
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No todos los bancos son iguales, ni han salido igual de tocados después de esta crisis. Pero es indudable que nos deben su agradecimiento por soberano esfuerzo colectivo. Sin embargo, esta misma semana el sector anunciaba nuevos incrementos en las comisiones por los servicios que suministra, sin entender que nos deben una. La malas prácticas de algunos bancos y cajas en estos últimos años han salido poco menos que gratis, como lo demuestra que sólo en casos especialmente escandalosos se han exigido responsabilidades, mientras el riego de millones a los bancos con problemas que va a conceder el Banco Central Europeo cargará de nuevo en la deuda de España, que, hasta que no se demuestre lo contrario, somos todos.
Será difícil que los ciudadanos recuperen la confianza en un sector que se saltó todas las normas de la ecuanimidad, la honestidad y el buen gobierno con las llamadas preferentes, que han arruinado el ahorro de centenares de miles de familias que se habían fiado de los consejos de los empleados de las sucursales, que no advirtieron de los riesgos de estos productos. Algunos bancos han empezado a cambiar no sólo el argumentario de su publicidad, sino incluso la relación con sus impositores a fin de demostrar acto de contrición y voluntad de cambio. E incluso se da el caso de entidades que están buscando fórmulas aceptables para compensar a los perjudicados. Cada vez más la banca necesita acudir al discurso de los valores al lado de las bondades de sus ofertas.
No será fácil volver al punto de partida, como si nada hubiera ocurrido. De momento, nos merecemos que cuando entremos en nuestro banco nos canten poco menos que el Magníficat o, como exigía Richard Gere en una tienda de Rodeo Drive en Pretty Woman después de que hubieran maltratado a Julia Roberts, ha llegado el momento que nos hagan la pelota.
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Democràcia, antídot de l'hostilitat
La frase d'Aznar ("España sólo podría romperse si Catalunya sufriera antes su propia ruptura como sociedad") té, malgrat el tremendisme, una virtut. Defineix desacomplexadament l'ètica que ell proposa com a resposta a les aspiracions d'una part substancial de la ciutadania catalana: l'amenaça ètnica.
Aznar no és un qualsevol. No és un eurodiputat escalfant-se en una tertúlia de matinada. Ha estat cap de govern. És l'autoritat moral del PP i el seu principal fautor d'ideologia. Va recrear el partit de Fraga: li va donar consistència ideològica, li va inocular una moral de combat que ha acabat esclafant el partit socialista i l'esquerra cultural, hegemòniques des de l'agonia de Franco. Aznar es va apoderar de les banderes de la llibertat (lluita contra el terrorisme basc) i del progrés (capitalisme popular). Va ser el primer líder que va abandonar el consens, mite fundacional de la democràcia espanyola, per abraçar l'estratègia amic-enemic. I cal no oblidar que, per a Carl Schmitt, el teòric d'aquesta estratègia, la política no existiria sense la figura de l'enemic i sense la possibilitat d'una veritable guerra. Schmitt entenia la política com una relació d'antagonismes caracteritzada per la intensitat i l'hostilitat. És l'hostilitat (que inclou la hipòtesi de la guerra) la que determina el pensament i l'acció polítiques. Clausewitz, Schmitt i Aznar coincideixen en un punt: en la visió irredemptista del combat. La finalitat de l'acció política (i bèl·lica) és desarmar l'enemic, domesticar-lo, fer que es rendeixi davant l'opositor.
En els últims anys, legítimament insatisfet per l'evolució de l'Estat de les autonomies (és a dir: legítimament preocupat, com tothom, pels seus interessos), el catalanisme ha realitzat diverses accions polítiques destinades a alterar l'statu quo de Catalunya a Espanya. Fent servir, escrupolosament, els camins previstos per la Constitució, ha intentat la reforma de l'Estatut. Ha procurat canviar la visió radial de les infraestructures. Ha postulat l'eix mediterrani com un projecte objectivament bo per a l'economia productiva espanyola. Ha assajat de millorar les relacions fiscals entre l'autonomia catalana i l'Estat espanyol. No només ha fracassat en tots aquests intents, sinó que, per l'atreviment de demanar-ho i d'intentar-ho, n'ha obtingut també una constant i agre reprovació moral.
Arreu del món, la defensa de l'interès es considera legítima i natural. Però, com s'esdevenia amb els interessos dels jueus en els regnes medievals, sembla que l'interès català és pèrfid i egoista per naturalesa. És més: es veu que catalanisme ha d'acceptar el fracàs dels seus projectes amb un somriure submís. Es diu i es repeteix des d'Espanya (i des de la Catalunya crítica amb el catalanisme): "Cal acceptar les derrotes polítiques: la democràcia és la democràcia". És veritat: les regles són les regles i la Constitució és la Constitució; però canviar les regles també és impossible? I si n'és, d'impossible, ¿és tan estrany que un corrent lluiti per aconseguir que els catalans decideixin si volen seguir vinculats a Europa a través de Madrid o directament a través de Brussel·les?
Convençut que amb les regles actuals (i amb uns reguladors esbiaixats: Tribunal Constitucional) és impossible assolir els objectius, el catalanisme intenta, pacíficament, canviar les regles i les estructures. És cert que la llei no permet, ara per ara, aconseguir-ho. Però no és menys cert que res no impedeix d'intentar-ho per l'únic camí possible: els vots, el suport popular. Si a les eleccions del dia 25 de novembre el bloc catalanista no assoleix una gran majoria al Parlament, l'intent haurà fet figa: no hi ha més cartes amagades. No n'hi pot haver. Com més s'apropi el bloc catalanista als dos terços de suport, més a prop estarà de convertir en llei els projectes que democràticament estarà legitimant.
El catalanisme, per tant, necessita el suport de la gran majoria de catalans, al marge dels sentiments, la llengua i l'origen que tinguin. Davant la debilitat del PSC, partit central del catalanisme, CiU, ERC i ICV assagen ara, sobre la marxa, la desregulació dels seus postulats romàntics: per abraçar en aquest projecte tots els catalans. "Ja era hora!", dirà més d'un. Certament. Tant se val que, a hores d'ara, només uns quants federalistes i uns quants columnistes dissidents s'atreveixin a fer sentir la seva veu per desregular d'una vegada per totes la visió romàntica d'Espanya. L'important és que el catalanisme està -finalment!- descobrint que només assolirà els objectius si aconsegueix també el suport dels castellanoparlants de Catalunya, si respecta escrupolosament les sensibilitats i les emocions, si fomenta la pluralitat interior, si empatitza amb la sensibilitat espanyola de molts catalans. L'ideal d'una Catalunya federada directament amb els països de la UE a través de Brussel·les no és incompatible amb les emocions de la roja, no s'oposa als vincles de sang, ni trencarà la solidaritat catalana amb els territoris d'Espanya. Només recompondrà els mecanismes reguladors d'aquests vincles. A través de Brussel·les, en peu d'igualtat.
Descrita fins ara com a mesquina, egoista i narcisista, la batalla del catalanisme no pot ser més que democràtica. I només democràticament es planteja. Per això sorprèn el silenci (el silenci, altra vegada) amb què la cultura política espanyola respon a l'amenaça ètnica de l'expresident Aznar.
Leer más: http://www.lavanguardia.com/encatala/20121029/54353603542/antoni-puigverd-democracia-antidot-de-lhostilitat.html#ixzz2AfbIVAeT
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Aznar no és un qualsevol. No és un eurodiputat escalfant-se en una tertúlia de matinada. Ha estat cap de govern. És l'autoritat moral del PP i el seu principal fautor d'ideologia. Va recrear el partit de Fraga: li va donar consistència ideològica, li va inocular una moral de combat que ha acabat esclafant el partit socialista i l'esquerra cultural, hegemòniques des de l'agonia de Franco. Aznar es va apoderar de les banderes de la llibertat (lluita contra el terrorisme basc) i del progrés (capitalisme popular). Va ser el primer líder que va abandonar el consens, mite fundacional de la democràcia espanyola, per abraçar l'estratègia amic-enemic. I cal no oblidar que, per a Carl Schmitt, el teòric d'aquesta estratègia, la política no existiria sense la figura de l'enemic i sense la possibilitat d'una veritable guerra. Schmitt entenia la política com una relació d'antagonismes caracteritzada per la intensitat i l'hostilitat. És l'hostilitat (que inclou la hipòtesi de la guerra) la que determina el pensament i l'acció polítiques. Clausewitz, Schmitt i Aznar coincideixen en un punt: en la visió irredemptista del combat. La finalitat de l'acció política (i bèl·lica) és desarmar l'enemic, domesticar-lo, fer que es rendeixi davant l'opositor.
En els últims anys, legítimament insatisfet per l'evolució de l'Estat de les autonomies (és a dir: legítimament preocupat, com tothom, pels seus interessos), el catalanisme ha realitzat diverses accions polítiques destinades a alterar l'statu quo de Catalunya a Espanya. Fent servir, escrupolosament, els camins previstos per la Constitució, ha intentat la reforma de l'Estatut. Ha procurat canviar la visió radial de les infraestructures. Ha postulat l'eix mediterrani com un projecte objectivament bo per a l'economia productiva espanyola. Ha assajat de millorar les relacions fiscals entre l'autonomia catalana i l'Estat espanyol. No només ha fracassat en tots aquests intents, sinó que, per l'atreviment de demanar-ho i d'intentar-ho, n'ha obtingut també una constant i agre reprovació moral.
Arreu del món, la defensa de l'interès es considera legítima i natural. Però, com s'esdevenia amb els interessos dels jueus en els regnes medievals, sembla que l'interès català és pèrfid i egoista per naturalesa. És més: es veu que catalanisme ha d'acceptar el fracàs dels seus projectes amb un somriure submís. Es diu i es repeteix des d'Espanya (i des de la Catalunya crítica amb el catalanisme): "Cal acceptar les derrotes polítiques: la democràcia és la democràcia". És veritat: les regles són les regles i la Constitució és la Constitució; però canviar les regles també és impossible? I si n'és, d'impossible, ¿és tan estrany que un corrent lluiti per aconseguir que els catalans decideixin si volen seguir vinculats a Europa a través de Madrid o directament a través de Brussel·les?
Convençut que amb les regles actuals (i amb uns reguladors esbiaixats: Tribunal Constitucional) és impossible assolir els objectius, el catalanisme intenta, pacíficament, canviar les regles i les estructures. És cert que la llei no permet, ara per ara, aconseguir-ho. Però no és menys cert que res no impedeix d'intentar-ho per l'únic camí possible: els vots, el suport popular. Si a les eleccions del dia 25 de novembre el bloc catalanista no assoleix una gran majoria al Parlament, l'intent haurà fet figa: no hi ha més cartes amagades. No n'hi pot haver. Com més s'apropi el bloc catalanista als dos terços de suport, més a prop estarà de convertir en llei els projectes que democràticament estarà legitimant.
El catalanisme, per tant, necessita el suport de la gran majoria de catalans, al marge dels sentiments, la llengua i l'origen que tinguin. Davant la debilitat del PSC, partit central del catalanisme, CiU, ERC i ICV assagen ara, sobre la marxa, la desregulació dels seus postulats romàntics: per abraçar en aquest projecte tots els catalans. "Ja era hora!", dirà més d'un. Certament. Tant se val que, a hores d'ara, només uns quants federalistes i uns quants columnistes dissidents s'atreveixin a fer sentir la seva veu per desregular d'una vegada per totes la visió romàntica d'Espanya. L'important és que el catalanisme està -finalment!- descobrint que només assolirà els objectius si aconsegueix també el suport dels castellanoparlants de Catalunya, si respecta escrupolosament les sensibilitats i les emocions, si fomenta la pluralitat interior, si empatitza amb la sensibilitat espanyola de molts catalans. L'ideal d'una Catalunya federada directament amb els països de la UE a través de Brussel·les no és incompatible amb les emocions de la roja, no s'oposa als vincles de sang, ni trencarà la solidaritat catalana amb els territoris d'Espanya. Només recompondrà els mecanismes reguladors d'aquests vincles. A través de Brussel·les, en peu d'igualtat.
Descrita fins ara com a mesquina, egoista i narcisista, la batalla del catalanisme no pot ser més que democràtica. I només democràticament es planteja. Per això sorprèn el silenci (el silenci, altra vegada) amb què la cultura política espanyola respon a l'amenaça ètnica de l'expresident Aznar.
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La ermita de invierno
Hace unos días supimos que el Museo del Ermitage había mostrado interés en montar una subsede en Barcelona. En La Vanguardia dimos la noticia hablando del Ermitage, igual que hizo TV3 en el subtítulo de la información, que es tal como lo escriben las enciclopedias Espasa, Larousse o Catalana. En cambio, en las imágenes de la maqueta se leía con claridad "Hermitage Barcelona". La emergencia de esta hache es, cuando menos, sorprendente, dado que es una letra que no viene de ningún sitio.
Catalina II de Rusia fue una mujer ambiciosa, que bebía de la Ilustración del siglo XVIII y se dedicó a fomentar las relaciones con figuras francesas de la época como Voltaire. Catalina la Grande puso en marcha una campaña para adquirir obras de arte de toda Europa, que hoy se pueden contemplar en el museo instalado en el palacio de Invierno de San Petersburgo. Esta zarina afrancesada construyó en el Ermitage (ermita en francés) la que en la actualidad es una de las pinacotecas más importantes del mundo.
Por ello sorprende que esa ermita pasada al alfabeto cirílico haya regresado al alfabeto latino con una vistosa hache. Quizá lo que sucede es que los directivos del museo han optado por la palabra inglesa. En efecto, el inglés -la lengua germánica más latinizada-, al lado de chapel (capilla o ermita), utiliza hermitage; y las dos palabras provienen del latín.
Pero las cosas no son tan simples. Aunque los diccionarios franceses escriban ermitage sin hache, la palabra aparece con hache en la denominación de origen (appellation d'origine contrôlée, AOC) del vino que se produce en el Ródano septentrional: Hermitage. Las webs especializadas explican que esta hache la añadieron los propios franceses para facilitar la pronunciación a los ingleses, con quienes tenían fecundas relaciones comerciales en el sigloXIX.
La gente ilustrada frunció el ceño ante aquella grafía aterradora, pero los vinateros, decididos a zanjar cualquier discusión ortográfica, fijaron la AOC con la hache: Hermitage. Hoy, los vinos lucen esta grafía, pero para distinguir a los más prestigiosos han caído en su propia trampa y han recuperado la grafía Ermitage a la antigua, comme il faut. En fin.
Mientras tanto, en San Petersburgo no han apreciado la diferenciación cualitativa y se han olvidado de que la zarina era afrancesada. Ante la fuerza de la marca, por mucho que las enciclopedias y los medios de comunicación nos empeñemos en respetar la ortografía, la ermita con hache se acabará imponiendo.
Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121029/54353603221/magi-camps-la-ermita-de-invierno.html#ixzz2Afaj8rpo
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Catalina II de Rusia fue una mujer ambiciosa, que bebía de la Ilustración del siglo XVIII y se dedicó a fomentar las relaciones con figuras francesas de la época como Voltaire. Catalina la Grande puso en marcha una campaña para adquirir obras de arte de toda Europa, que hoy se pueden contemplar en el museo instalado en el palacio de Invierno de San Petersburgo. Esta zarina afrancesada construyó en el Ermitage (ermita en francés) la que en la actualidad es una de las pinacotecas más importantes del mundo.
Por ello sorprende que esa ermita pasada al alfabeto cirílico haya regresado al alfabeto latino con una vistosa hache. Quizá lo que sucede es que los directivos del museo han optado por la palabra inglesa. En efecto, el inglés -la lengua germánica más latinizada-, al lado de chapel (capilla o ermita), utiliza hermitage; y las dos palabras provienen del latín.
Pero las cosas no son tan simples. Aunque los diccionarios franceses escriban ermitage sin hache, la palabra aparece con hache en la denominación de origen (appellation d'origine contrôlée, AOC) del vino que se produce en el Ródano septentrional: Hermitage. Las webs especializadas explican que esta hache la añadieron los propios franceses para facilitar la pronunciación a los ingleses, con quienes tenían fecundas relaciones comerciales en el sigloXIX.
La gente ilustrada frunció el ceño ante aquella grafía aterradora, pero los vinateros, decididos a zanjar cualquier discusión ortográfica, fijaron la AOC con la hache: Hermitage. Hoy, los vinos lucen esta grafía, pero para distinguir a los más prestigiosos han caído en su propia trampa y han recuperado la grafía Ermitage a la antigua, comme il faut. En fin.
Mientras tanto, en San Petersburgo no han apreciado la diferenciación cualitativa y se han olvidado de que la zarina era afrancesada. Ante la fuerza de la marca, por mucho que las enciclopedias y los medios de comunicación nos empeñemos en respetar la ortografía, la ermita con hache se acabará imponiendo.
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