miércoles, 10 de febrero de 2016

Cultura vasca de la baska

Los carmelitas fueron gente fusilada injustamente, y con eso no hay bromas

Está la derecha ultramontana exultante de alegría con la concejala de Cultura que se ha echado Manuela Carmena. A Carmena se le sale por todos lados el apoyo de Podemos y similares. A mí me parece que lo de los guiñoles es grave, pero se soluciona con lo que ha hecho la alcaldesa: pedir disculpas de verdad.
Lo que no sé cómo arregla es lo de la placa de los carmelitas fusilados en 1936. Yo creo que, de nuevo, las disculpas son preceptivas. Pero, en este caso, Celia Mayer se tenía que haber marchado porque se ha pasado tres pueblos. Los carmelitas fueron gente fusilada injustamente, y con eso no hay bromas. Nos debería doler igual a los partidarios de la República que a los de Franco. Mayer y los suyos no han entendido eso, como no han entendido que hacer una gracieta con los de ETA es lo mismo que hacer una gracieta con los asesinos nazis.
Todo esto parte de un pensamiento. Mejor dicho, un no pensamiento extendido sobre todo en el País Vasco. El entorno de apoyo a ETA, entre los jóvenes se notaba por el pelo cortado a hachazos y por estupideces como la frase “ETA mátalos”. A esos chicos parece que alguien les ha hecho empezar a pensar, como ahora hay que hacer empezar a pensar a Celia Mayer y sus congéneres: no se puede matar gente por ser del Partido Popular o del PSOE, y no se puede matar gente por ser carmelita.
El PP se ha encontrado un motivo estupendo para atacar a la alcaldesa en los puntos que no son esenciales para su gestión. La estupidez de Mayer y la estupidez de quien dirige los telediarios del PP han convertido eso en el centro de la gestión de Manuela Carmena.
La alcaldesa se la tenía que quitar de en medio y buscar a alguien sensato para ocupar el puesto. Y digo ocupar y no okupar. Más cultura vasca y menos cultura baska. En la Complutense hay una cátedra de reciente creación que estudia la Memoria Histórica. Pues a esa cátedra se le pidió el informe sobre la represión franquista que ha dado lugar a algunos disgustos al municipio. Si alguien quiere mantenerla, que lo haga. Pero, de momento, bastaría con que no informara más de historia.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455123408_193406.html

El suicidio, entre el ruido y el silencio

Sus factores de riesgo deben tratarse con rigor en los medios de comunicación, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas

Decía Elías Canetti que "ni un solo ser humano ha sido agotado jamás. Ni en su extrema reducción, ni en la muerte, ni en su destrucción ha sido agotado jamás un ser humano". Con frecuencia hablamos de cifras a la hora de dimensionar una tragedia. Ser la primera causa de muerte en España, con diez fallecidos diarios, no parece haber sido suficiente para romper esa barrera invisible que perpetua cualquier tabú, en este caso el del suicidio. Probablemente sólo haya algo más triste que el silencio denso que lo envuelve, la frivolidad con que emerge periódicamente en una maraña de declaraciones oportunistas, detalles morbosos, y búsqueda de chivos expiatorios que nos tranquilizan como sociedad y nos permiten sortear el sentimiento de culpa insoportable que amenaza con apresarnos colectivamente.

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Después de todo, las desgracias siempre les suceden a otros y algo habrá hecho o dejado de hacer alguien para que haya sucedido. Poco importa el dolor de quienes sobreviven a la muerte por suicidio de un ser querido el día siguiente al que el ruido que suplantó al silencio cesa, con idénticas consecuencias.
Nada nuevo bajo el sol en los aspectos menos alentadores de la condición humana, si no fuera porque el suicidio es una tragedia prevenible y evitable en la mayoría de los casos. Se sabe que es un fenómeno complejo y multifactorial poco proclive a ser explicado unicausalmente. Se conoce el potencial preventivo de abordar sus factores de riesgo con rigor en los medios de comunicación, siguiendo por una vez las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas, especialmente importantes en las poblaciones más vulnerables a estos efectos, los más jóvenes.
El suicidio es una tragedia que se puede prevenir y evitable en la mayoría de los casos
Se trata de identificar enfermedades mentales subyacentes, conflictos familiares inabordables y distintas formas de acoso o abuso, en definitiva detectar situaciones de sufrimiento insoportable particularmente frecuentes en distintas experiencias de exclusión al diferente que superan la capacidad de afrontamiento de quien apenas está abriéndose a la aventura de vivir, con la inocencia como principal bagaje. Ofrecer una red sociofamiliar cuidadosamente tejida con profesionales de distintos ámbitos, docente, sanitario, policial, judicial y de medios de comunicación, es la única respuesta coherente que podemos dar como sociedad para lograr la prevención, el único éxito posible si hablamos de suicidio.
Si no, no habremos aprendido que lo contrario del silencio no es el ruido, que sólo la corresponsabilidad puede exonerarnos de la culpa y el fracaso colectivo, y que podemos seguir obviando la realidad, pero no las consecuencias trágicas de obviarla. "Donde hay dolor es lugar sagrado. Algún día comprenderá la humanidad lo que esto significa", escribía Oscar Wilde en su De Profundis. Quien no pueda mejorar el silencio, que lo guarde
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455104469_720722.html

El potaje madrileño

En la lista de las calles ‘franquistas’ solo ha habido ignorancia, la que viene del fanatismo

La noche del pasado 20 de diciembre, tras conocerse los resultados electorales, Pablo Iglesias compareció enardecido ante la opinión pública. La formación que lidera había ganado las elecciones generales y, más importante aún, la Guerra Civil. Empezó a desgranar una letanía abrumadora, melodramática, furiosa, en su línea. Se oyen, entre otras, proclamó, “las voces de Margarita Nelken, Clara Campoamor y Dolores Ibarruri (…), las voces de Durruti, de Largo Caballero, de Azaña, de Pepe Díaz y de Andreu Nin”. Un “Pepe” que le salió con el mismo arrobo con el que los camaradas españoles hablaban de “Pepe Stalin”. No llamaba tanto la atención que la mayor parte de “las voces” que se oyeran esa noche fueran de la Guerra Civil, ni la exaltación y el convencimiento de estar escribiendo y reescribiendo de paso la Historia, sino el potaje.
Pablo Iglesias debería leer, en el tiempo que le dejen libre el Juan de Mairena de Machado y La ética de la razón pura, La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor. Es un libro extraordinario. Hay edición reciente. Comprendería las razones por las cuales Clara Campoamor tuvo que salir por pies de España apenas estalló la guerra (como Chaves Nogales, don José Castillejo o Juan Ramón Jiménez): sus vidas corrían peligro, el de verdad; por ejemplo, Margarita Nelken, una escritora mediocre, no parece que hubiera tenido reparo en “pasear” personalmente a Campoamor, o alguno de los partidarios de Pasionaria, Durruti o Largo Caballero, quienes hicieron, por cierto, todo lo posible por acabar con Azaña y lo que él representaba. En cuanto a Andreu Nin… Fue a “Pepe” Díaz a quien debieron pedirse responsabilidades directas por su asesinato, ejecutado por comunistas españoles.
Queda por dilucidar si toda esta confusión de obras, tiempos, ideas es fruto de la precipitación, la ignorancia o el oportunismo, con el fin de “envolver la mercancía”, como suele decirse, para pasar el género averiado. Por esa razón tal vez no sea abusivo parafrasear aquel célebre “quita tus sucias manos de Clara Campoamor; quita tus sucias manos de Andreu Nin”.
El debate sobre los símbolos y monumentos del franquismo es antiguo, y no está en absoluto resuelto (por ejemplo, los restos de José Antonio y de Franco deberían salir del Valle de los Caídos, pero sería un disparate volarlo con dinamita) ni es el objeto de estas líneas.
En aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa
Lo ridículo de la lista confeccionada por una comisión de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense, según este periódico a petición de la alcaldesa (ella lo niega), no es tanto la satanización de tales o cuales escritores y artistas, sino conocer las razones por las que, “sin salirnos de sus propósitos”, como decía Hannah Arendt de Hitler y sus pogromos, no han incluido en ella a Ramón Gómez de la Serna, Azorín, Dionisio Ridruejo, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Julio Camba, Tomás Borrás, José Gutiérrez Solana, Edgar Neville, Emilio Carrere, Ricardo León, Antonio Díaz Cañabate, Jacinto Benavente (o Marañón, con hospital, o Maeztu, con instituto) y muchos otros con tantos méritos como ellos. Seguramente solo haya habido, en uno y otro caso, en el de las inclusiones y en el de las exclusiones, la ignorancia, una ignorancia que al mismo tiempo que se origina en el fanatismo, conduce irremediablemente a él.
Es absurdo, y una pérdida de tiempo, hablar de literatura con quienes han confeccionado esa lista en la que figuran Manuel Machado, Cunqueiro o Pla, ni tratar de convencerles de que merecen no una calle en Madrid, sino en todas las ciudades españolas, ni que, como decía Nietzsche, el exceso de memoria mata la vida, ni recordarles que en aquella guerra no fue infrecuente que la víctima acabara en victimario, y a la inversa, ni porfiar enumerándoles a quienes escribieron odas a Stalin o secundaron sus políticas genocidas, con calles hoy en España… pero quizá sí valga la pena este último apunte. En la lista, incumpliendo a todas luces la Ley de Memoria Histórica, figura Muñoz Seca. El mismo 18 de julio de 1936 salió al escenario del teatro Poliorama de Barcelona, donde se representaba su obra La tonta del rizo, y anunció a los espectadores, al grito de “¡Viva España!”, la sublevación de los militares en África. Lo detuvieron y lo metieron en la cárcel de San Antón, de Madrid, de donde salió tres meses después para ser asesinado en Paracuellos, a manos de verdugos que jamás pagaron por ese crimen. Participó en la Guerra Civil tanto como Rodríguez Zapatero, Iglesias o yo mismo.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455131147_076847.html

Como los médicos, pero menos

¿Cómo son los economistas? Los vemos como físicos o cirujanos: deberíamos ser más realistas sobre sus límites, y ellos también. Es un oficio multidimensional basado en hechos y en todo lo que influye en el comportamiento humano

he Guardian preguntó hace poco a nueve economistas si nos encaminamos a otra crisis financiera mundial y, como es natural, dieron nueve respuestas distintas. A pesar de ello, seguimos acudiendo a los economistas como si fueran físicos, armados de predicciones científicas sobre el comportamiento de la economía. Los que consumimos ciencia económica debemos ser más realistas sobre sus límites, y los propios economistas también. Una actitud más modesta tanto en la oferta como en la demanda de análisis producirá mejores resultados.
Después de la gran crisis que comenzó hace casi 10 años, la ciencia económica ha hecho examen de conciencia, hasta cierto punto. Seguramente la autocrítica debería haber sido más profunda, tanto en los medios académicos como en la banca, pero está ahí. En particular, los pensadores económicos agrupados en torno al Instituto de Nuevo Pensamiento Económico de George Soros (INET) han elaborado un revelador informe sobre lo que sucedió.
Adair Turner, que vivió de cerca las principales decisiones económicas cuando era jefe de la Autoridad de Servicios Financieros de Reino Unido y hoy preside el INET, ofrece una versión comedida y convincente en su libroBetween Debt and the Devil. Es cierto que los principales economistas criticaron los modelos matemáticos de perfección del mercado y que los mercados financieros tal vez siguieron versiones demasiado simplistas de esos modelos, dice Turner, pero “la corriente dominante de la ciencia económica y la ortodoxia política” no vio venir la crisis e incluso contribuyó a ella. Los principales errores fueron la “hipótesis del mercado eficiente” y la “hipótesis de las expectativas racionales”. Los economistas se acostumbraron a pensar que los actores del mercado se comportan no solo de forma racional, sino de acuerdo con los mismos modelos mentales que los economistas. (Soros lleva medio siglo tratando de denunciar esta falacia). Además, los especialistas en macroeconomía “en general no tuvieron en cuenta las operaciones del sistema financiero, en particular el papel de los bancos”.
El fundamentalismo del mercado se consideraba el polo opuesto de la economía comunista centralizada, pero en realidad cometió el mismo error: creer que un modelo racional podía abarcar, predecir y optimizar la dinámica complejidad del comportamiento colectivo de los seres humanos. Como escriben Roman Frydman y Michael Goldberg, “el economista, pues, igual que un planificador socialista, cree que puede hacer grandes cosas porque piensa que ha logrado descubrir el mecanismo predeterminado que produce los resultados del mercado”.
Numerosos economistas cayeron presa de lo que se ha denominado envidia de la física, por analogía con la envidia del pene de Freud. Como otras áreas de las ciencias sociales, aspiraban a tener el prestigio, la certidumbre y la previsibilidad de la física. Hace tiempo que pienso que esta arrogancia creció gracias a que la economía es la única de las ciencias sociales a la que se le concede un Premio Nobel. Para ser exactos, es el Premio Sveriges Riksbank de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, dotado por el banco central sueco y creado en 1969. Pero todo el mundo lo llama Premio Nobel de Economía y ha otorgado a los economistas una aureola especial que los ha ennoblecido.
A la economía le ocurre como a otras disciplinas: cambia más despacio de lo que debería por inercia
Además, los políticos y gobernantes les prestan una atención que no prestan, por ejemplo, a los politólogos de la escuela de la Elección Racional que domina tantos departamentos universitarios en EE UU. Tal vez sea en parte porque a un gobernante que ejerciera la política de la Elección Racional se le echaría pronto de su cargo, mientras que, cuando alguien ha practicado la economía de la Elección Racional, la factura la han pagado los ciudadanos.
Eso no quiere decir que no debamos hacer caso a los economistas ni que la ciencia económica no merezca tener un Nobel. Solo significa que no es una ciencia exacta como la física. Para ejercerla bien hay que tener en cuenta la cultura, la historia, la geografía, las instituciones, la psicología individual y colectiva. John Stuart Mill decía que “nadie puede ser buen economista si no es nada más”, y John Maynard Keynes que un economista debía tener “algo de matemático, historiador, estadista y filósofo”. Y afirmó que “la ciencia económica es fundamentalmente una ciencia moral”. En realidad, se podría decir que el Nobel de Economía está a mitad de camino entre los de Física, Literatura y Paz. La ciencia económica es, en el mejor de los casos, un oficio multidimensional, basado en hechos, alerta a todo lo que influye en el comportamiento humano, de miras ambiciosas y de expectativas modestas sobre lo que se puede predecir.
Su arrogancia creció porque es la única de las ciencias sociales a la que se le concede un Nobel
¿Cuál es la conclusión de esta nueva y vieja interpretación de la naturaleza de la ciencia económica? No conozco la economía que se enseña en las universidades tanto como para decir si tienen que adaptarse más, pero me llamó la atención un manifiesto publicado hace un par de años por estudiantes de Economía en la Universidad de Manchester. En él proponían un enfoque “que comience con los fenómenos económicos y dé a los alumnos las herramientas para evaluar cómo puede explicarse desde distintas perspectivas”, en lugar de modelos matemáticos basados en hipótesis nada realistas. Seguramente a la economía le pasa como a otras disciplinas y cambia más despacio de lo que debería, por la fuerte inercia que suponen los viejos profesores acostumbrados a una manera determinada de hacer las cosas.
Y está también la conducta de los grandes responsables de la economía: ministros, banqueros centrales y líderes empresariales. Hace poco leí una espléndida charla que pronunció el veterano inversor Charlie Munger, el socio de Warren Buffett en Berkshire Hathaway, en 2003, mucho antes de la crisis. “Todo lo que ha conseguido Berkshire lo ha hecho sin prestar la más mínima atención a la teoría del mercado eficiente”. Su sabio consejo era restablecer el carácter multidisciplinario de la ciencia económica, no dar peso excesivo a lo cuantificable frente a lo que no lo es, no ceder a los deseos de falsa precisión ni dar prioridad a la macroeconomía teórica por encima de la microeconomía cotidiana, que era por la que se regían las decisiones inversoras de Berkshire.
Los simples oyentes deberíamos aplicarnos la misma lección. No deberíamos pedir a nuestros economistas más de lo que pueden darnos, como hacemos con nuestro médico. La medicina tiene un componente científico, más que la economía, pero los estudios médicos indican que nuestra salud depende en gran parte de otros factores, sobre todo psicológicos, y que aún existen muchas cosas desconocidas. Los economistas son como los médicos, pero menos.
Fuentes    http://elpais.com/elpais/2016/02/09/opinion/1455018996_318219.html

El amargo tuit de Dani Rovira

Los insultos al presentador de la gala de los Premios Goya muestran el creciente clima de crispación en la esfera pública


Algo, no muy bueno, le ocurre a este país últimamente con la tolerancia y la capacidad de encajar la ironía y el humor para que Dani Rovira, uno de los presentadores más solventes que ha tenido la gala de los Goya, haya estallado en un tuit con esta amarga confesión: “Tras todas las críticas, desprecios, insultos, acusaciones y decepciones, he de decir que no me ha merecido la pena presentar @premiosGoya”. Para cualquier profesional de los escenarios, poder conducir una gala a la que asiste lo mejor del mundo del cine y reúne frente al televisor a millones de espectadores — exactamente 3,9 millones en este caso, el 25,8% de cuota de pantalla)— es una oportunidad que se presenta pocas veces y que tiene tanto de hito profesional como de riesgo. Hay que ser valiente para asumir el reto. Lo lógico sería que hacerlo con la soltura, la calidad interpretativa y el buen hacer con que Dani Rovira condujo el acto, provocara un sentimiento de satisfacción. Y sin embargo, lo que el tuit de Rovira transmite no es orgullo, sino hastío.
Mal vamos cuando un trabajo bien hecho provoca este tipo de sensaciones. Lo relevante de ese tuit es que no expresa solo un estado de ánimo personal, individual, sino la existencia de un clima de exasperación, de hipercriticismo subjetivo y estéril, que en ocasiones se vuelve asfixiante. Un acto como la gala de los Goya puede y debe ser objeto de crítica. Todo lo severa que se quiera. Y caben naturalmente las más diversas valoraciones sobre el ritmo, el guión y las interpretaciones. Incluida, por supuesto, la del presentador. Pero una cosa es la crítica, y otra el linchamiento. Los ataques que ha recibido la gala tienen que ver sobre todo con una actitud de intolerancia a la sátira y al humor político.
No es la primera vez que ocurre y no parece que la reacción de Rovira se deba a la dificultad para encajar las críticas a un trabajo profesional. Su tuit es más bien un grito de rebeldía contra esa cacofonía crispada, desconsiderada y hasta cruel que con frecuencia acapara la conversación en las redes sociales y que amenaza con desnaturalizar ese extraordinario espacio de comunicación que son. Un espacio en el que anonimato da patente de corso a los más energúmenos.
Lo preocupante es que este clima destructivo tiende a impregnar todos los ámbitos de la vida pública y hace más desagradable participar en ella. No deberíamos dejar que se imponga ese estilo bronco, irrespetuoso y desabrido de relación. No es solo una cuestión de educación y cortesía. Es que se vive peor y hace más difícil la convivencia. Las redes sociales son un magnífico instrumento para compartir ideas, pensamientos, creatividad. Un espacio idóneo para la “comunión”, en el sentido laico que da a este término el filósofo francés André Compte-Sponville. También para expresar opiniones y críticas. El problema no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella, y en este sentido, un factor nuevo a tener en cuenta es la capacidad de amplificación que tienen las redes. Habría que hablar más y vociferar menos.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455129216_379092.html

Todo por Rita Barberá

Rajoy persiste en el apoyo a los símbolos de una etapa funesta

Los excesos cometidos con la institución del fuero judicial para altos cargos han alcanzado una de sus cotas más elevadas con el caso Rita Barberá. La exalcaldesa valenciana fue convertida en senadora cuando ya estaban abiertas las investigaciones por presunta corrupción en Valencia; y ahora el PP refuerza ese privilegio designándola para la Diputación Permanente del Senado, lo cual le permitirá ser aforada más allá de la disolución de las Cortes, en el supuesto de que se repitan las elecciones.

EDITORIAL ANTERIOR

Pronto empieza el PP a incumplir su promesa de “reducir los aforamientos” y “limitar” la competencia de los tribunales superiores para juzgar a cargos públicos. Contrasta el interés por Barberá con la imputación por el juez de 9 de los 10 concejales del PP en el Ayuntamiento valenciano, junto con una veintena de sus asesores, en un asunto de blanqueo de capitales. Pero el instructor de las diligencias abiertas en Valencia tiene que dejar a Barberá al margen, al menos de momento, dado que la hoy senadora está aforada en el Tribunal Supremo.
Mariano Rajoy ha perdido una buena ocasión de demostrar que pretendía cambiar algo cuando aseguraba que en su partido “ya no se pasa ni una”. Lo cierto es que el asunto de la presunta corrupción valenciana está recibiendo el mismo tratamiento que otros casos anteriores: negarlo todo —eso es lo que hace Barberá a través de comunicados— y utilizar los recovecos legales posibles para dilatar todas las explicaciones.
El líder del PP, preso de su anterior compromiso público con Rita Barberá, no hace nada para cambiar el curso de los acontecimientos. De poco sirve reconocer que la corrupción ha pasado una enorme factura a su partido, castigado en todas las convocatorias electorales celebradas en España desde 2014 —destacadamente en Valencia— y persistir en el apoyo a los símbolos de esa etapa funesta.
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/02/10/opinion/1455134090_024981.html

jueves, 14 de enero de 2016

Lo urgente es reformar la política

Deberíamos esclarecer la confusión, a menudo interesada, que se produce entre sistema político y sistema económico cuando se quiere identificar a los culpables de la crisis. Así evitaríamos caer en la dicotomía falaz entre socialismo y capitalismo. Términos de imposible comparación al estar ubicados en ámbitos de decisión diferentes: por un lado, decisiones políticas en una democracia liberal; por otro, decisiones económicas en un sistema capitalista. Podemos y afines inducen en error a sus electores que, con toda justicia, se indignan por los abusos de lo que estas formaciones políticas definen vaporosamente como “el sistema”. Sus votantes, sin embargo, deberían dirigir su cólera contra el sistema político, no el económico.
La democracia posibilita un sistema público de normas que conforma una estructura básica de la sociedad (Rawls) encargada de la distribución equitativa de los bienes sociales primarios: derechos y libertades, oportunidades y poderes, ingresos y riquezas. La democracia así configurada es una forma de vida política, el capitalismo no lo es, pues funciona en países sin democracia. El capitalismo es un sistema económico de mercado, “una forma de vida económica, compatible en la práctica con dictaduras de derecha (Chile bajo Pinochet), dictaduras de izquierda (China contemporánea), monarquías socialdemócratas (Suecia) y repúblicas plutocráticas (EE UU)” (Judt, Ill Fares the Land, Penguin, 2010).
Reconozcamos, sin embargo, que contrariamente a lo que prescribía la fábula de las abejas de Mandeville, el capitalismo ha fracasado a la hora de convertir egoísmo y codicia en eficiencia y bienestar. ¿Se ha debido a que los capitalistas han hipertrofiado el principio de maximización de beneficios, ampliamente aceptado en democracias liberales y dictaduras de derechas e izquierdas? ¿No han sido los políticos quienes han renunciado a su poder coercitivo para legislar democráticamente una distribución equitativa de bienes primarios entre ciudadanos iguales en derechos?
Es el legislador democrático, no el capitalismo, quien ha dado patente de corso a algunos bancos y grandes empresas para abusar de sus fundamentos éticos más elementales. Se comprende que los españoles repudiemos los recortes al Estado de bienestar aplicados por la democracia, o nos resistamos a aumentos salariales exclusivamente en línea con la productividad, cuando los ejecutivos reciben remuneraciones astronómicas aunque sus empresas tengan pérdidas. Pero es la democracia, no el capitalismo, la responsable.
El dirigismo estatal que propugnan Podemos y asociados ataca al capitalismo al proponer un Estado con mayor concentración de poder económico
Sin embargo, el dirigismo estatal que propugnan Podemos y asociados ataca al capitalismo al proponer un Estado con mayor concentración de poder económico. Pero también supone un ataque a la democracia porque esta se opone frontalmente a la concentración de cualquier poder con capacidad de atropellar la libertad de aquellos que, gracias a ella, pasan de ser súbditos a ciudadanos. La indignación que nutre a Podemos y asimilados es legítima, pero la idea de sociedad que defienden solo será justa cuando sea realizable y no produzca más destrozos sociales de los que pretenda corregir. Esto es algo discutible si analizamos sus propuestas económicas, a pesar de haberlas rebajado.
En futuras negociaciones habrá que concretar medidas económicas de eficacia probada que, sin violar las reglas de la economía, devuelvan a las decisiones económicas su legitimidad moral. ¿Hace falta explicar que más gasto público improductivo no significa mayor crecimiento? ¿Es necesario subrayar que el debate no es gasto publico vs. gasto privado, sino gasto corriente (privado o público) vs. gasto de inversión (privado o público)? ¿Aún no hemos aprendido que el repudio parcial de la deuda lo pagarán nuestros hijos y nietos mediante primas de riesgo más elevadas cuando acudan en el futuro a financiarse en los mercados?
Las negociaciones deberían contemplar reformas que encaucen el resentimiento ciudadano hacia la versión de democracia que tenemos, no hacia el capitalismo. Sería un error que “la nueva política” pactase un dirigismo económico que trabase la economía. Lo urgente no es desmontar el capitalismo sino reformar el sistema político respetando la democracia liberal, lo contrario condenaría a la sociedad española a mayor ineficiencia y estancamiento económicos, pero también a mayores injusticias y frustraciones sociales.
Manuel Sanchis i Marco es profesor de Economía Aplicada en la Universitat de València y miembro de Afemcual. Su último libro es El fracaso de la élites. Lecciones y escarmientos de la Gran Crisis (Pasado & Presente).
Fuentes http://elpais.com/elpais/2016/01/05/opinion/1452006810_678243.html
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