jueves, 1 de agosto de 2013

Zapatos sucios

Jorge Bergoglio no cuida de sus zapatos. Son los de un cura andariego, poco atento al atildamiento de un príncipe de la Iglesia. Se vio ya en el primer momento, cuando la foto de sus zapatones de papa recién elegido contrastaba con los esmerados mocasines rojos de Benedicto XVI.
No es solo el diablo el que está en los detalles. El papa Francisco lleva su cartera atiborrada de papeles y circula en utilitario, el Ford Focus o el Fiat Idea de las clases medias emergentes, en vez de los Mercedes y BMW de los ejecutivos. Los pastores no tienen remilgos en mezclarse con las ovejas ni en hundir los pies en el barro.
Su mensaje inicial aparece en toda su magnitud en su primer viaje internacional esta pasada semana. Este hombre que escogió como papa el nombre del pobrecillo de Asís quiere una Iglesia pobre y para los pobres. El primer país católico del mundo así lo ha entendido a la primera: no hacen falta muchos teólogos para captar el mensaje.
Brasil es uno de los países emergentes, que va a contar y ya cuenta en el nuevo reparto de poder mundial en el siglo XXI. Su fuerza está en sus clases medias, estas multitudes que están accediendo a costa de sudor y sufrimientos a la educación, la vivienda, la sanidad y el bienestar. Su debilidad, en cambio, en los que quedan en el camino y los que no consiguen subir el peldaño.
De poco sirve emerger de la pobreza si la sociedad deja atrás a multitud de minusválidos y enfermos, drogadictos y presos, maltratados y prostituidos, parados y desposeídos
A pedir la atención y su cuidado dedica Francisco sus sermones de cura de aldea. De poco sirve emerger de la pobreza si la sociedad deja atrás a multitud de minusválidos y enfermos, drogadictos y presos, maltratados y prostituidos, parados y desposeídos. A ellos ha dedicado sus primeros cien días y sus primeros viajes, el que hizo a la isla de Lampedusa para recabar solidaridad con los inmigrantes tachados de ilegales, y ahora a Latinoamérica, su continente y continente también de los desposeídos.
No los ha dedicado, en cambio, a la moral sexual y reproductiva, donde el conservadurismo católico busca su identidad y su frontera con la sociedad laica, a pesar de que su instalación en el Vaticano ha coincidido con los mayores avances legales del matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos y Francia. ¿Significa eso que Bergoglio está a favor del aborto, del matrimonio gay y de la reproducción asistida? En absoluto: pero sí nos dice con la elección de los temas de su preferencia que considera mucho más importante arrastrar sus zapatos de pastor junto a los parias de la tierra.
Hay euforia en la Iglesia católica con el nuevo Papa. Cosas así no se habían visto desde hace al menos medio siglo, cuando llegó al papado Juan XXIII, el hombre que suscitó la admiración de la filósofa judía y agnóstica Hannah Arendt por el hecho insólito de que un cristiano verdadero alcanzara la sede de San Pedro. ¿Sabían entonces realmente los cardenales a quién habían elegido? ¿Lo sabían ahora?.

Convidados de piedra

Una de las características más inquietantes de la crisis política en curso es que solo se ven los daños superficiales. Sin embargo, las averías son profundas en el sistema de partidos del que depende el entramado institucional del Estado. Los sondeos de opinión permiten deducir una gran pérdida de confianza en los que gobiernan o han gobernado y el incremento de la voluntad de abstención, cuando no la irreflexiva idea de que partidos mucho más pequeños serían lo mejor para atajar la crisis democrática.
A las causas más conocidas del malestar se suma la grisura que supone la gestión de las arcas vacías, todo un cambio respecto al pasado reciente. Últimamente cunde también la moda de retirarse del poder, como lo muestran los casos de José Antonio Griñán y de su antecedente inmediato, Esperanza Aguirre: apenas rebasado el primer año de los respectivos mandatos, ambos renuncian a ellos. No por las mismas razones, pero sí con similar falta de consideración hacia la responsabilidad contraída con los ciudadanos y mediante procesos de relevo controlados.
Ambos lances contribuyen a confirmar la sensación de que los debates sobre liderazgos políticos consumen un tiempo a todas luces excesivo, convertidos en el principal termómetro de la inestabilidad. Nadie ha planteado aún formalmente los relevos de Mariano Rajoy y de Alfredo Pérez Rubalcaba, pero flotan en el mundillo político ante la escasa popularidad de la que gozan. El tiempo invertido en estas maniobras permite aplazar las reparaciones que necesitan las maquinarias partidistas: congresos menos espaciados, renuncias a la cooptación de casi todos los cargos representativos, listas no tan bloqueadas, más debates sobre alternativas políticas; y menos maniobras en la oscuridad para controlar todas las instituciones del Estado, a las que tan aficionada es la cúpula del PP. La gran novedad que iba a introducir el PSOE, las elecciones primarias, ha mostrado a las primeras de cambio cómo puede servir de recurso defensivo para un aparato partidista, en este caso el de la organización andaluza. Nada que ver con los debates públicos que revitalizaron al Partido Socialista francés y al Partido Democrático italiano ante quienes de verdad hacía falta, los ciudadanos, con motivo de sus elecciones primarias.
A veces, la mayoría absoluta usa sus poderes para reducir a las minorías a la impotencia
El curso de la crisis económica aconseja reducir los factores de inestabilidad política; pues bien, esta no deja de crecer. A escala estatal, la legislatura se desarrolla en términos que a veces parecen cómicos. Un buen día se acusa a una serie de personas de pretender la invasión del Congreso de los Diputados y de haber puesto en peligro la tranquilidad que debe rodear el trabajo parlamentario; pero en otras muchas jornadas, la mayoría absoluta usa sus poderes para reducir a las minorías a la impotencia, no solo en materia de leyes, sino de control al poder ejecutivo y de comisiones de investigación. Los problemas de financiación irregular que afectan al PP han llevado a Rajoy a no encontrar otra fecha que la del próximo jueves, 1 de agosto, para acceder a hablar de algunas cosas, cuando la población (la parte de ella que cuenta con recursos) se afana en el trajín vacacional.
La ciudadanía, estremecida ahora por la tragedia de Santiago, tampoco tiene derecho a explicaciones inmediatas sobre el estado de seguridad de la red ferroviaria. Solo es una muestra más de la consideración en que se le tiene: la convidada de piedra.
Aquí no hay una sociedad revolucionaria, sino mayoritariamente reformista, que quiere eficacia y resultados. Pero apenas tiene cauces para influir o participar en algo hasta que le llamen a elegir entre las próximas listas de candidatos, por supuesto cerradas y bloqueadas. Si no hay una corrección del proceso, la desafección se traducirá en fraccionamientos mayores de la opinión pública; y, por tanto, en Gobiernos minoritarios o en la necesidad de pasar a las negociaciones y los pactos, para los que la cultura política española está poco preparada.

Qué hay de lo mío

Una serie de datos heterogéneos permiten deducir, con prudencia, que las vacaciones de agosto se inician con una leve tendencia al alza de la economía española. La prima de riesgo (alrededor de 300 puntos básicos) es estos días la mitad de la del año pasado, aunque superior a cómo la dejaron los socialistas. El Banco de España dice, con carácter provisional, que nuestra economía sigue en recesión (reducción del PIB en un -0,1% en el segundo trimestre), pero la caída es menor que un trimestre antes. La Fundación de las Cajas de Ahorros corrobora esta tendencia: la recesión está tocando fondo, aunque la recuperación “será lenta”.
Y, sobre todo, la Encuesta de Población Activa ha dado una buena alegría: 225.000 parados menos. Ya no son “más” de seis millones, sino “casi seis millones” los sin empleo. Aunque —la alegría en la casa del pobre dura poco— hay menos personas con contrato indefinido, por mor de la espantosa reforma laboral. Lo contrario de lo que pretendía.
Hay otros datos, relativos al pasado inmediato, más críticos. La recesión es menor por la pujanza de las exportaciones, pero la demanda interna y el consumo de las familias siguen a la baja. La Encuesta de Presupuestos Familiares del año 2012, recientemente publicada, muestra que el gasto medio por hogar fue un 3,4% menor que un año antes; que el vestido, el calzado, el ocio y la cultura o el equipamiento del hogar son los mayores paganos de la crisis. Y, lo que es muy importante, que en los hogares en los que el sustentador principal (la persona que más aporta al presupuesto común) está en paro, el gasto se situó un 32% por debajo de la media, lo que permite deducir situaciones de pobreza y exclusión.
Si fuese cierto que la recesión toca fondo, es legítimo que la gente se pregunte cuándo mejorará su situación
Si fuese definitivo que la eurozona (la principal zona de comercio con España) vuelve al terreno del crecimiento, y que la recesión española terminará en octubre aunque la recuperación sea tan lenta como pronostican todos los institutos de coyuntura, la “flor de invernadero” (Luis de Guindos) de la mejora económica permitirá, con todo tipo de prudencia, un nuevo tipo de cuestiones: ¿qué hay de lo mío? Cuándo y cómo se podrá recuperar parte de lo perdido en empleo, en protección al paro de larga duración, en servicios sociales correspondientes al Estado de bienestar, en renta disponible, toda vez que la distribución de los sacrificios relacionados con la crisis económica han estado muy desigualmente distribuidos.
Si poco a poco, pero de modo continuo, como dice el Gobierno, se ve un cambio de tendencia a mejor, el miedo a perder el puesto de trabajo, a la inseguridad económica, a quedarse atrás en una distribución de la renta y de la riqueza cada vez más regresivas, a no controlar las condiciones de la vida cotidiana, se verá sustituido por un aire de exigencia y de reivindicación. Lo que ocurre es que, aún, esa posibilidad es una ucronía. Habrá que esperar a ver si la coyuntura se asienta.


Hagan política, señores

Cataluña vive una situación política compleja que exige encontrar una salida si no se quiere entrar en una espiral negativa. El Gobierno español asfixia al catalán pero sin ahogarle por completo, con una sibilina administración de los recursos que le transfiere. El Gobierno catalán, financieramente exhausto, pierde capacidad política, hasta el punto de que a estas alturas todavía no tiene presupuesto para 2013. En estas circunstancias el Consejo Asesor para la Transición Nacional ha entregado el informe que le encargó el presidente Mas. Un documento de 200 folios titulado La consulta sobre el futuro político de Cataluña.
El informe explica los mecanismos existentes para realizar el referéndum del derecho a decidir dentro de la legalidad vigente. Y señala las vías legítimas democráticamente que Cataluña podría emprender, ya fuera de la legislación española, en el caso de que el Gobierno bloqueara las vías legales. Naturalmente, estamos hablando de la declaración unilateral de independencia. Los asesores apuestan por la vía negociadora y alertan de los riesgos de tensar las relaciones. España podría suspender la autonomía e incluso emprender acciones penales contra sus dirigentes. Al mismo tiempo, señalan el peligro de prolongar artificialmente el proceso y aconsejan que la consulta se haga en una fecha sin significado político (en alusión a evitar el 11 de septiembre), pero antes del referéndum de Escocia, por tanto, en 2014. También se pronuncian por una pregunta simple y clara, que solo admita las respuestas sí o no.
Desde septiembre pasado la independencia catalana es ya una cuestión política ineludible. Sin embargo, el Gobierno de España todavía no ha hecho una sola propuesta política concreta a los catalanes. Se ha limitado a decir que el referéndum es imposible, que lo prohíbe la ley, que está fuera de la Constitución y que corresponde a los tribunales sancionar cuanto ocurra en este proceso. Cargar a los jueces con problemas que corresponden a los gobernantes es siempre un grave error que solo puede tener consecuencias negativas para la democracia y para la convivencia. Si la justicia no lo resuelve, ¿qué pasa entonces? ¿Los tanques? El proyecto independentista, con una base social amplia en Cataluña, es un problema político y es una insensatez tratarlo de otra manera.
Si la justicia no lo resuelve, ¿Qué pasa entonces? ¿Los tanques?
Encontrarle una salida razonada y negociada solo es posible si las dos partes renuncian a resolverlo unilateralmente. El Gobierno español ha de dejar de utilizar la legalidad como arma arrojadiza y de amenazar a Cataluña con las penas eternas del infierno. Y el Gobierno catalán ha de renunciar a la declaración unilateral de independencia. De hecho, Artur Mas ha dicho que no es su intención llegar a este extremo. Si unos aceptan no parapetarse detrás de la fuerza de la ley y los otros no romper unilateralmente, el punto de encuentro solo puede ser que la ciudadanía exprese su voluntad. Tarde o temprano hay que llegar a la consulta. Y, en función del resultado, negociar una forma de relación mejorada si la independencia no obtiene una mayoría suficiente; una salida pactada si el resultado es inequívoco a favor de la independencia en términos reconocibles internacionalmente. Esta es la vía del reconocimiento mutuo y del respeto. Lo demás es la cultura del “solar es nuestro”, de los que se sienten propietarios de toda España, y se sienten legitimados a mantener a una comunidad unida por la fuerza; o es la construcción del enfrenamiento para la ruptura, difícilmente viable en una sociedad como la catalana poco dada a arriesgarse.
Hablar, negociar, votar. Es la lección que Cameron le dio a Rajoy. Pero el presidente ni habla, ni negocia, ni tiene intención de dejar votar. Y, sin embargo, los efectos de instalarse permanentemente en el “no pasa nada”, a la espera de que el soberanismo se agote, pueden ser demoledores. Estamos ante un problema de reconocimiento. Y cada día que pasa hay más ciudadanos catalanes que se sienten ninguneados. Puede que en Madrid se confíe en la impotencia de Cataluña para forzar las cosas y se piense que cualquier golpe legal será mortal para el soberanismo como pasó con el proyecto Ibarretxe. Pero la estrategia de no darse por enterado solo hará aumentar el resentimiento. Es legítimo que muchos catalanes se pregunten: ¿si el Gobierno español es incapaz de hacernos una sola propuesta en positivo, porque se empeña en cortar nuestros propios caminos? En Cataluña hay el convencimiento de que España no aceptará nunca una ruta pactada, democrática y racional. De modo que solo quedarían dos escenarios posibles: la frustración o la confrontación. Dos fracasos que los gobernantes deberían evitar. Para ello, el Gobierno español ha de dar respuesta política a un problema político y dejar a los tribunales en paz.

¿Final del juego de la corrupción?

En el maravilloso cuento de Cortázar Final del juego, unas niñas representan estatuas en un juego que cuando termina marca el final de la infancia y la inocencia. En el extremo opuesto, muchos esperan que el desenlace de la representación esperpéntica de la trama Gürtel (convertida en caso Bárcenas) pueda ser la señal del fin de un sistema de corrupción instalado en muchos ámbitos de nuestra sociedad.
Pero ni la comparecencia del presidente ni la terminación de la investigación serán suficientes para resolver el problema. En primer lugar porque un país no puede funcionar si por sistema (véase el caso de las preferentes) fallan los controles morales, sociales e institucionales y todo ha de solucionarse por los jueces. Además, porque el que la mayoría de los españoles —pregunten a sus amigos— crean a Bárcenas no quiere decir que se fíen más de él que de Rajoy: significa que ya antes la sociedad sabía que los partidos se financian ilegalmente y que sus relaciones con muchas empresas no son ni transparentes ni siempre limpias. Y digo los partidos y no el PP, porque si el caso Bárcenas escandaliza por la cercanía a su dirección, el de los ERE lo hace por su volumen y por la implicación transversal de políticos, empresarios y sindicatos. Está claro que si el problema no se percibiera como general, con la situación económica actual el PSOE sacaría más de 20 puntos porcentuales al PP en intención de voto.
Esta percepción de una corrupción extendida en los tres niveles de la Administración —y creciente a medida que se desciende— ha ido acompañada de una tolerancia social cuyo reflejo son los resultados de las últimas elecciones autonómicas en Valencia, Andalucía o Cataluña. Sin embargo, crece la conciencia de que no podemos seguir por este camino, y por eso ya no convencen a casi nadie los argumentos de que es mejor pasar de puntillas sobre ese tema para no empeorar nuestra difícil situación económica, e irrita cada vez más que se trate de desviar la atención señalando la viga —o la paja— en ojo ajeno. Justamente porque son todos iguales todo debe cambiar, y es la falta de reacción a la corrupción uno de los obstáculos a la salida de la crisis.
Pero ¿por dónde empezar? Quizás convenga hacerlo por lo que tenemos más posibilidades de cambiar, es decir, por nosotros mismos. En primer lugar, revisando nuestro papel de actores o cómplices en prácticas generalizadas (facturas sin IVA, abusos de prestaciones de desempleo o bajas, etcétera), que son otra manifestación de inmoralidad y falta de respeto a la ley. La exigencia también la tenemos que subir en relación con nuestro voto, que ya no vale dar al que cada uno considera el mal menor, si lo único que conseguimos con ello es perpetuar un sistema que engangrena nuestra sociedad.
Es mejor pagarles un buen sueldo a los cargos, a que nos lo cobren en coches, pensiones o en el recibo de la luz
Tendremos que pensar también hasta qué punto podemos participar en iniciativas de la sociedad civil a favor de la transparencia y del cambio en la regulación de los partidos. Por ejemplo, www.porunanuevaleydepartidos.
Los empresarios no pueden mantener el clamoroso silencio actual sobre el problema de la corrupción: como víctimas, pero a menudo cómplices y a veces culpables de la misma, tienen que defender la transparencia en la contratación pública y la verdadera competencia. Por eso deben luchar sus asociaciones, y las grandes empresas del Ibex deben dejar de perseguir cada una sus particulares intereses para liderar el cambio. Por cierto, de paso podían terminar con la impresentable práctica de que las grandes empresas de sectores regulados sean el retiro dorado de toda clase de ex.
Los políticos, por supuesto, tienen un papel fundamental. Si pretenden que volvamos a votarles, es necesario un reconocimiento por parte de los dos grandes partidos de las malas prácticas pasadas, asumiendo las responsabilidades políticas sin esperar a sentencias condenatorias o a absoluciones deshonrosas. A partir de ahí deberían promover la reforma de la ley de partidos y una ley de transparencia ambiciosa (no como el actual proyecto), y asumir un compromiso de tolerancia cero con los incumplimientos de las nuevas reglas. Las muchas personas honradas que hay dentro de los partidos y con cargos políticos tienen que exigir esta regeneración si no quieren que los demás les consideremos partícipes del sistema. También hay que acabar con la hipocresía en la retribución de cargos públicos, que en la actualidad tienen responsabilidades y dedicación de alto ejecutivo, retribución de administrativo medio, y privilegios exorbitantes. Es mucho más transparente —y más barato para los contribuyentes— pagarles directamente un buen sueldo de ejecutivo que el que nos lo cobren en coches oficiales, pensiones vitalicias o en el recibo de la luz…
Estaría bien que en vez de estar cada mañana pendientes de las cartas —marcadas o no— que juegan los diversos tahúres que tanto han ganado a nuestra costa, seamos capaces entre todos de levantarlas y poner fin al juego de la corrupción, que, recordemos, es sinónimo de descomposición. Solo será posible si todos —ciudadanos, empresarios y especialmente políticos— empezamos a tener claro que los límites de una actuación correcta no los marcan el Derecho Penal, ni siquiera solo las leyes, sino las reglas de la ética y la responsabilidad.
Segismundo Álvarez Royo-Villanova es jurista.

Esta reforma local empobrece la democracia

Resulta desolador comprobar que las entidades locales solo cobran relevancia política con motivo de la estabilidad presupuestaria. El proyecto de ley aprobado en Consejo de Ministros culmina un proceso de marginación política del gobierno local en el Estado de las autonomías, degradado a una materia o actividad, objeto de la disputa competencial entre Estado y comunidades autónomas; baste recordar la creación en 2003 de una conferencia sectorial de asuntos locales.
Tras el dictamen del Consejo de Estado sobre el anteproyecto de fecha 24 de mayo, el día 15 de julio apareció un texto coherente con las recomendaciones del órgano consultivo: había desaparecido el coste estándar, la innovación más radical de la propuesta que obligaba a los municipios a una autoevaluación para la prestación obligatoria de servicios públicos. Si el resultado era negativo, el servicio aquejado pasaba a la diputación provincial. El Consejo de Estado avisó, no solo de las deficiencias técnicas y jurídicas en la elaboración del coste estándar; dejó claro que la prestación de servicios, conforme a un parámetro fijado reglamentariamente, privaba a los Ayuntamientos de capacidad para ordenar y gestionar las materias o actividades de su competencia cuestionando la constitucionalidad de la autonomía municipal. El Gobierno recogía las sugerencias, plegaba velas y suprimía el coste estándar y sus efectos jurídicos para municipios y provincias.
Una semana más tarde, el día 22 de julio, el Gobierno puso en circulación otro texto donde recuperaba, bajo otros términos, el contenido de las versiones anteriores: el coste efectivo y la prestación provincial de determinados servicios municipales en abierta oposición a las indicaciones del Consejo de Estado. Es cierto que el coste efectivo no equipara sus consecuencias a las previstas para el coste estándar, pero de forma indirecta aparece como una magnitud clave para la autonomía municipal. En la regulación propuesta la provincia, en municipios con población inferior a 20.000 habitantes, coordinará la prestación de algunos servicios. Para que un municipio pueda prestar algunos de estos servicios es necesario que la diputación acredite, a solicitud del municipio, que los prestará a un coste efectivo menor. Si el coste estándar era el criterio para la conservación o pérdida de las competencias municipales, el coste efectivo se erige en condición para recuperarla. Si antes las diputaciones podían apreciar la ventaja comparativa de la provisión provincial de determinados servicios, ahora se les atribuye la competencia para prestarlos.
Además de una regulación plagada de deficiencias (la previsión, en otro artículo, de prestación genérica de servicios supramunicipales según las exigencias del Plan Provincial de Obras y Servicios), el proyecto, como los anteproyectos, incurre en una contradicción fundamental: la provincia asiste y suplanta a los municipios en la clamorosa paradoja de no relacionar ambas funciones. Si la provincia asiste bien a los Ayuntamientos para que su baja capacidad de gestión no los prive de competencias, difícilmente se explica que, por la misma razón, los suplante; es decir, si los suplanta es porque no los asistió adecuadamente. La nueva regulación se yuxtapone a la antigua y, al mismo tiempo, la provincia asiste al municipio en la prestación de determinados servicios mínimos y los suplanta para el mismo objetivo, sin saber cuando debe asistir y cuando suplantar.
El Estado no puede delimitar en positivo las competencias autonómicas
El proyecto deshace la configuración constitucional de la provincia como agrupación de municipios y la realza como división territorial para el cumplimiento de los fines del Estado, en este caso el recorte presupuestario, eufemísticamente justificado bajo las expresiones de racionalización y sostenibilidad.
En todo lo relativo al coste estándar y las competencias provinciales, el proyecto desoye al Consejo de Estado pero, incomprensiblemente, el dictamen avala un aspecto menos debatido aunque de gran trascendencia. Las bases estatales reducen el núcleo esencial de la autonomía municipal; educación, salud o servicios sociales caen del listado que obliga a los legisladores estatal y autonómico a asignar competencias a los municipios, pero lo sorprendente es lo establecido en las disposiciones transitorias, donde las competencias suprimidas a los municipios se atribuyen a las comunidades autónomas. El estupor que suscita la nueva regulación obliga a un doble análisis. En primer lugar, el legislador básico desconoce el principio dispositivo imponiendo a las comunidades autónomas determinadas competencias y priva a los municipios de competencias asignadas por los legisladores sectoriales autonómicos; en segundo lugar y analizado el problema desde otra perspectiva, el legislador básico impide a los legisladores autonómicos la atribución de competencias propias a los municipios en educación, salud y servicios sociales, materias, las dos primeras compartidas con el Estado y la última de exclusiva competencia autonómica.
Se llega así a un estadio en la dinámica sin precedente en el Estado de las autonomías: las bases estatales no fijan mínimos que las comunidades autónomas desarrollan, amplían o precisan sino máximos que no pueden mejorar; no delimitan en negativo las competencias autonómicas sino que las definen en positivo. Irónicamente el municipalismo se había dirigido al Estado como protector de su autonomía frente a la avidez autonómica; con lo recogido en el proyecto, el Estado se alza como guardián de un máximo de autonomía municipal contra las mejoras que las comunidades autónomas quisieran implantar. En este sentido debe interpretarse la Disposición Adicional Primera cuando prescribe la aplicación de la reforma a todas las comunidades autónomas, sin perjuicio de las competencias exclusivas sobre régimen local asumidas en sus Estatutos de Autonomía. Esta malhadada técnica (artimaña) jurídica que recurre a la cláusula “sin perjuicio” no debe ocultar una idea clara: la reducción del mínimo de la autonomía municipal, legalmente configurado por el legislador estatal, no vincula positivamente al legislador autonómico; por el contrario, ve ampliado su margen de maniobra, de tal forma que, por ejemplo, la ley catalana de servicios sociales, donde se reconocen a los municipios la gestión de servicios sociales comunitarios, en desarrollo de la previsión del estatuto reformado, no queda desplazada por la nueva legislación básica. Las desatinadas consideraciones formuladas por el Consejo de Estado en este punto no deben tampoco desviar la atención: los estatutos de segunda generación no pueden ocupar el espacio constitucionalmente reservado al legislador básico, pero por razón análoga, el propio de los estatutos tampoco admite usurpación del las bases estatales. Los títulos competenciales del Estado no autorizan a delimitar en positivo las competencias autonómicas, si así fuera, fraudulentamente, el legislador estatal habría cruzado el umbral del legislador de armonización incumpliendo las exigencias constitucionales del artículo 150.3.
La desolación política y jurídica provocada por la tramitación de esta reforma surge como contraste al curso que debiera haber seguido: un pacto de Estado, de carácter constituyente, que dignifique el gobierno local y, definitivamente, gane la condición de un nivel de gobierno y deje de ser, en este caso, objeto de recorte presupuestario.
Manuel Zafra Víctor es profesor titular de Ciencia Política y de la Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad de Granada.

Ciencia para innovar y para vivir mejor

La investigación conjunta a través de la colaboración entre distintos países como hace la Unión Europea construye puentes y promueve la paz, además de garantizar un mayor bienestar y prosperidad social


En este 2013 se cumplen 30 años desde el reingreso de España en el CERN, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas. En estas tres últimas décadas, la comunidad científica y la industria españolas han tenido la oportunidad de contribuir decisivamente a algunos de los principales descubrimientos científicos de nuestro tiempo, como los relacionados con la búsqueda del bosón de Higgs. En este sentido, la construcción, el mantenimiento y la renovación en curso del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), una de las principales infraestructuras científicas mundiales, deben mucho a la tecnología, a los institutos de investigación y a las empresas españolas.
Y no podríamos concebir mejor manera de celebrar este aniversario que la reciente concesión del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2013 a Peter Higgs, François Englert y al CERN. Este galardón es, ante todo, un premio para España, que siendo uno de los principales Estados miembros del CERN, supo apostar por este extraordinario proyecto. Y constituye, especialmente, un reconocimiento a la labor de los más de 500 científicos y técnicos españoles que colaboran con el CERN, aportando su enorme talento, compromiso y dedicación.
La decisión del jurado del Premio Príncipe de Asturias ha coincidido con la aprobación de la nueva Estrategia Europea de Física de Partículas por parte de los órganos rectores del CERN y su presentación al Consejo de Europeo de Competitividad, integrado por los ministros de todos los Estados miembros de la Unión Europea. Esta nueva estrategia persigue, entre otros objetivos, explotar el LHC a su máximo potencial mediante la ejecución de las mejoras y actualizaciones programadas, fortalecer la cooperación con las universidades e institutos de investigación nacionales y reforzar el compromiso de la sociedad con la ciencia.
En los últimos 20 años ha habido avances esenciales que han cambiado nuestros hábitos cotidianos
Estos acontecimientos tan relevantes nos ofrecen una inestimable oportunidad para reflexionar sobre el impacto de la ciencia en el progreso y bienestar de la sociedad europea y del conjunto de la humanidad. En este sentido, importantes transformaciones de nuestra sociedad, como la mejora de la calidad de vida, la revolución de Internet y de la economía en la nube, el desarrollo de las energías renovables y la innovación en la gestión de los residuos están íntimamente vinculadas a descubrimientos estimulados por la investigación básica.
Así, por ejemplo, la World Wide Web, inventada hace 20 años en el CERN, no solo ha generado un cambio esencial en nuestros hábitos sociales y profesionales, sino que también ha promovido un incremento anual de 1,5 billones de euros en el comercio internacional, lo que multiplica por 150 el presupuesto invertido anualmente en el CERN. Y los más de 10.000 aceleradores que se utilizan en los hospitales de todo el mundo o la terapia de hadrones están suponiendo un avance fundamental en el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades como el cáncer.
No hay que olvidar el papel imprescindible que juega un gran instrumento científico como el CERN al ofrecer, a la industria de los Estados miembros, una plataforma para la innovación, la pre-industrialización y validación de nuevos conceptos tecnológicos, posibilitando su madurez en vista a su comercialización en beneficio del bienestar de la población.
Estos ejemplos muestran el enorme impacto de la ciencia y la investigación básica en la mejora de nuestro bienestar y calidad de vida. Asimismo, la ciencia es un puente de comunicación entre civilizaciones que contribuye de una manera determinante al mantenimiento de la paz y al diálogo entre las diferentes culturas. Hace ya más de tres siglos, Isaac Newton constató que las personas “construimos demasiados muros y no suficientes puentes”. Precisamente, una de las principales aportaciones de la ciencia es “construir puentes” entre las naciones y promover la paz en el mundo. La creación del CERN en 1954 está unida al ideal de consolidación de la paz en Europa, a través de la cooperación entre los científicos de sus distintos países. Ya en 1955, Niels Bohr, uno de los “padres fundadores” del CERN, organizó la primera conferencia Átomos para la paz en Ginebra.
La ciencia es un lenguaje universal que nos ayuda a comunicarnos, a apreciar el valor de la diferencia y a convivir con personas de diversas culturas. En las organizaciones científicas internacionales trabajamos en equipo, compartiendo un mismo objetivo común, personas de muy diferentes razas, religiones e ideologías. Solo en el CERN contamos con la colaboración de científicos de 113 nacionalidades distintas.
A finales del pasado mes de mayo, la Comisión Europea y el CERN hemos reafirmado nuestro compromiso con el proyecto SESAME: el futuro Centro Internacional de Luz Sincrotrón para Ciencias Experimentales y Aplicadas en Oriente Medio. SESAME empezará a funcionar en 2015 y será la primera infraestructura científica de Oriente Medio basada en la cooperación de todos los países de la región, incluyendo Irán, Israel y la Autoridad Palestina.
Solo en el CERN contamos con científicos de 113 nacionalidades diferentes
El modelo de colaboración abierta a los científicos de todo el mundo y basado en un sistema de gobernanza con una visión y compromiso a largo plazo está permitiendo la aceleración de los avances y descubrimientos científicos. Y también representa una experiencia europea de éxito válida para otras áreas de actividad. Las graves dificultades económicas actuales suscitan la tentación de priorizar la investigación aplicada en detrimento de la investigación básica. Sin embargo, ambos tipos de investigación son elementos esenciales de un círculo virtuoso imprescindible para impulsar la innovación, la competitividad económica y el progreso social.
Si la ciencia y la investigación solo se enfocan a perseguir resultados a corto plazo, se pierden oportunidades fundamentales para explorar nuevos territorios, en los que se registran los grandes descubrimientos de la humanidad.
Si las generaciones anteriores solo hubieran pensado en el corto plazo, no disfrutaríamos de los niveles de progreso y calidad de vida actuales. La inversión en la excelencia científica, centrada en el talento, las infraestructuras y la gobernanza colaborativa, permite acelerar decisivamente el aumento del bienestar y la transformación de nuestra sociedad.
Y descubrimientos científicos como el del bosón de Higgs contribuyen a recuperar el entusiasmo y la fascinación de la sociedad por la ciencia. A principios del siglo XX la ciencia era un tema de conversación habitual en muchos hogares. Los avances científicos competían con los acontecimientos deportivos por ocupar las portadas de los periódicos. Posteriormente, la ciencia y la sociedad se fueron distanciando, bajo la falsa premisa de la complejidad.
A fin de superar este alejamiento, la Estrategia Europea de Física de Partículas y el CERN priorizan todas aquellas iniciativas dirigidas a atraer a las nuevas generaciones a la ciencia y revitalizar el diálogo entre esta y la sociedad.
En este sentido, una de las máximas satisfacciones de todos aquellos que formamos parte de la comunidad científica del CERN consiste en comprobar el extraordinario interés que los nuevos descubrimientos están generando en la sociedad. Existen pocas experiencias tan gratificantes como contemplar la ilusión de un niño de primaria por entregarnos su trabajo escolar sobre el bosón de Higgs, tras una conferencia divulgativa del modelo estándar de la física de partículas.
A través de todas estas iniciativas de sensibilización científica, el gran público está interiorizando que la ciencia es fascinante y contribuye decisivamente a la mejora de nuestra sociedad.
Y es que, en definitiva, la ciencia no es solo la suma del conocimiento humano. Es también el auténtico fundamento y garantía de nuestro bienestar y prosperidad.
Rolf Heuer es director general del CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas).