miércoles, 1 de mayo de 2013

TVE, contra los escraches


El reportaje Acoso a políticos, emitido en el programa Informe semanalel pasado 27 de abril, en el que se repasaba el fenómeno de losescraches, vulnera principios básicos del Estatuto de Información y delManual de Estilo de la televisión pública. Así lo denuncia el Consejo de Informativos, el órgano de representación de los profesionales. De 17 testimonios, 14 estaban "claramente posicionados contra esta modalidad de protesta fomentada por la PAH, y la mitad de los que la critican son miembros del Gobierno o del PP", explica el organismo en un comunicado. Señala, además, que en el reportaje aparecen dos entrevistados que discrepan del resto, como el portavoz de Jueces para la Democracia, que mantiene que los políticos deben aguantar la presión de la calle, y el presidente del Supremo, que afirma que si elescrache no es violento puede aceptarse.
Según los profesionales, el reportaje prácticamente no da voz a la PAH. "La mayoría de opiniones que se vierten contra la plataforma, carecen de respuesta. La portavoz de la PAH solo interviene una vez y esa falta de proporcionalidad impide el contexto necesario para que el espectador conozca qué ha llevado a la plataforma a protestar ante el domicilio de dirigentes del PP".
Recuerdan que una información de calidad "consiste en poner unas voces a favor y otras en contra para que el espectador extraiga sus propias conclusiones".
En opinión del Consejo de Informativos, este trabajo también silencia a personas que el off reprueba. Es el caso, dicen,  de la consejera de Vivienda de Andalucía, a la que se cita como partidaria del acoso y en vez de darle la voz a ella para que aclare su posición, se pone un total de la delegada del gobierno en Madrid censurándola. Lo mismo ocurre cuando el off cita a Ada Colau, portavoz de la PAH, asegurando que esta entidad intensificará su campaña de presión al PP y en vez darle voz para que justifique esa decisión, se la dan a Esteban González Pons para que compare el escrache con la kale borroka. "En ambos casos las personas atacadas quedan indefensas". "También parece de lógica periodística que cuando se acusa al principal partido de la oposición de haberse opuesto históricamente a la dación en pago que ahora reclama, se le pida que explique su cambio de posición, pero no es así. Y eso a pesar de que en el reportaje se entrevista a la dirigente del PSOE Elena Valenciano", concluye el Consejo de Informativos.
El director de  Informe semanal, Jenaro  Castro, asegura que el programa "extrema el equilibrio" tanto en  temas controvertidos como en temas que no lo son. Manifiesta que los profesionales de este espacio "contextualizan siempre las causas y consecuencias de los acontecimientos que relatan en sus reportajes a través del off, la imagen y las opiniones de protagonistas, testigos, expertos y autoridades, con representación de todos los puntos de vista posibles"
El Consejo observa con preocupación el deterioro del prestigio y la calidad en varios reportajes de Informe semanal en las últimas semanas, por lo que hace un llamamiento a los responsables del programa para que extremen el equilibrio en los testimonios ofrecidos en temas controvertidos.
Sin embargo, para Castro, el programa "defiende" y "practica" la información veraz e independiente mediante la calidad y la pluralidad de los contenidos y en atención a los intereses de toda la sociedad. "Los profesionales del programa se marcan como prioridad y razón de ser la información de calidad, cual es el caso del reportaje Acoso a los políticos, "ofreciendo información rigurosa, neutral, imparcial, plural e independiente de cualquier grupo político, como demuestra la presencia de numerosas voces a favor del acoso a miembros del PP, lo que justifica la búsqueda del equilibrio permitiendo a los acosados que se expresen igual que se han expresado los acosadores frente a sus domicilios".fuentes http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/04/30/actualidad/1367342384_632595.html

Los nacionalizados


Una parte significativa del Gobierno, al frente de la cual se halla el ministro de Economía Luis de Guindos, quiere utilizar los bancos nacionalizados por la crisis (Bankia, Catalunya Banc, Novagalicia Banco) como instrumento de su política económica. No en vano entre ellos alcanzan alrededor de un 15% de la cuota de mercado del sistema financiero español. Sustancialmente, en dos terrenos: que abanderen la recuperación del crédito a las empresas y familias, y que al desprenderse de sus participaciones industriales (sobre todo Bankia en IAG, Indra o Iberdrola) no den cabida en las mismas a socios indeseables, tipo fondos buitres.
Para ello, la banca nacionalizada habrá de convertirse en banca pública al menos mientras no se inicie un proceso de privatización de la misma, si es que se hace (de lo que dudan pocos, al menos mientras gobierne el PP). Una banca pública compuesta por entidades distintas, sin holdingni fusiones, con consejeros delegados distintos, limpia de productos basura (traspasados al banco malo), recapitalizadas con 40.000 millones de euros procedentes de Bruselas, y con buenos equipos de gestión (muchos destacan la presencia de José Ignacio Goirigolzarri). Por tanto, nuestras autoridades habrán de explicar con profundidad, luz y taquígrafos, en qué consistirá esa coordinación de la que hablan.
Si la misma es efectiva, no será bien recibida por el resto del sector financiero privado, que en estos momentos no pasa por un romance con el Gobierno Rajoy. Lo dijo hace unos días el presidente de la patronal bancaria, Miguel Martín: “La parte sana del sector está pagando lo que no puede poner el Estado [seguramente se refería a las derramas al Fondo de Garantía de Depósitos para dar liquidez a las preferentes, a las ayudas al banco malo...]. Si se necesita que haya crédito habrá que cuidar a la parte sana porque es quien puede atender a la economía”.
Tampoco parecía estar muy de acuerdo con la banca pública el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, quien en un artículo teórico titulado “La intervención estatal en el sector bancario”, dentro de un libro homenaje al economista Julio Segura (Ensayos sobre economía y política económica. Antoni Bosch editor) —escrito bastante antes de que el Gobierno se pronunciase sobre este asunto— dijo en esencia que la propiedad pública no resulta, en general, un mecanismo eficaz para corregir las imperfecciones del mercado de servicios bancarios y, con frecuencia, tiende a acentuarlas.
Después de una nacionalización por necesidad, en una especie de socialización de pérdidas, el Gobierno se ha encontrado con un grupo de entidades bancarias que, en el extremo, podría ser una especie de germen de la antigua Argentaria. Habrá que estar atentos a su hipotética privatización (¿en este caso también se comería el pez pequeño al grande, como antaño?) y a la extraordinaria concentración del sector resultante, muy parecido a un oligopolio.

El sueño exterior


Cuando la historia se repite lo hace como farsa, es uno de los aforismos más célebres de Karl Marx, publicado en El 18 brumario de Luis Bonaparte. Y suelen ser los seres humanos los que consiguen, con su voluntad y sus acciones, que se cumpla una máxima tan deprimente.
José Manuel García Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, ha dado una lección ejemplar de ello. El ministro tenía una misión que cumplir en Israel: apoyar a las empresas españolas que se presentan a licitaciones de grandes concursos, entre ellos los de la alta velocidad ferroviaria. Pero eso debió de parecerle poco. Ni corto ni perezoso, se enroló en una tarea digna de Hércules, la de proponer a España como mediadora en el eterno conflicto entre Palestina e Israel. Es posible que el ministro viera el hueco sobre el terreno, como hacen los futbolistas superdotados. Y se le ocurrió una idea potente: España iba a abrir un consulado en Gaza. A las pocas horas, le vimos salir de una reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y dio marcha atrás. La idea era prematura. No va a abrirse el consulado. Poco duró la gloria. Es posible, aunque no consta, que Netanyahu le dijera que esa propuesta y los pliegos de condiciones presentados por las constructoras no eran compatibles.
Su gozo en un pozo. El viaje se convirtió en una gestión de respaldo a la economía empresarial, dejó de tener el peso político que a alguien se le había ocurrido en Moncloa. ¿De dónde procedía la improvisada intervención? Esta vez no se puede acusar de la metedura de pata al exministro Miguel Ángel Moratinos (otro optimista, pero que al menos conocía el terreno que ahora ha pisado su sucesor), ni siquiera a Amy Martin, que ha perdido toda su capacidad de influencia. Lo grave es que tampoco se puede culpar al Instituto Elcano, una de las pocas instituciones que en nuestro país saben de qué habla cuando lo hace.
O sea que o fue una improvisación, o el fruto de una elaboración de algún ignorante instalado en un despacho y con tiempo para tener ideas.
Detrás de acciones como esa se oculta el desprecio a la elaboración de una estrategia exterior sólida, solvente, que otorgue a un país que no es poca cosa un peso exterior adecuado a su presunta capacidad de influencia cultural.
¿Hay una política exterior española? Si atendemos a nuestro entorno teóricamente más cercano, como lo es América Latina, la respuesta parece ser que o no existe, o es deficiente. Argentina (Repsol), Venezuela (exigencias democráticas), Bolivia, Ecuador o el sangrante caso de Cuba, donde se ha dejado a la oposición democrática a los pies de los caballos porque se envió a un ignorante con el carné de conducir caducado para contactar con el fallecido Oswaldo Payá, a cambio de una excarcelación vergonzosa.
Si atendemos a Europa (donde lo exterior y lo interior se confunden obligatoriamente), tampoco la hay. España pierde peso en las instituciones comunes porque predomina el sectarismo de partido sobre los intereses del país. No hay representantes españoles con peso en las instancias económicas porque Mariano Rajoy retiró su apoyo a quienes no le complacían. Nos quedamos con el comisario Joaquín Almunia simplemente porque no le han podido quitar de en medio.
Esta cojera escandalosa la pretende corregir el Gobierno con extemporáneas apariciones que provocan el rubor hasta en el más desvergonzado. El ministro de Economía, Luis de Guindos, anuncia en una entrevista al diario ultraliberal Wall Street Journal que España va a ver su PIB reducido en un 1,5%. Lo dice sin haberlo contado antes en el Congreso, ni siquiera en una rueda de prensa sin preguntas a las que se han hecho tan aficionados los políticos del PP. ¿Es eso acción exterior? No, más bien una exhibición personal para llegar a Barajas con el periódico doblado debajo del brazo y abrírselo a algún amigo: “¿Lo ves? Me entrevista el WSJ”.
Y para la traca queda María Dolores de Cospedal, que ha exhibido en la prensa un memorando de colaboración política entre el PP y el Partido Comunista Chino. ¿Puede uno imaginar hasta dónde puede llegar semejante documento? Los cultivadores de ajo de Las Pedroñeras le pedirán explicaciones, y el movimiento del 15-M, asesoramiento, porque se va a hablar con los comunistas de nuevas formas de participación política.
La Alianza de Civilizaciones fue un sueño disparatado. Las acciones de la política exterior que han seguido, ni siquiera parecen tener rumbo. Una patochada. Peor que una farsa.fuenteshttp://elpais.com/elpais/2013/04/24/opinion/1366829549_744706.html

Ideología, la mejor distracción contra el paro


La campaña electoral que llevó en noviembre de 2011 a la mayoría absoluta del Partido Popular y que convirtió en presidente del Gobierno a Mariano Rajoy se basó prácticamente en dos temas: el aumento del paro y la crítica situación financiera del país. En el cuarto trimestre de 2011, la tasa de paro era del 22,85% y había 17,8 millones de ocupados. La prima de riesgo comenzó 2011 en 250 puntos básicos y cerró en 330, con episodios de gran volatilidad en el medio.
¿Sobre qué podrá centrar el PP la campaña electoral en 2015? El índice de paro llegó esta semana al 27,1%, con un bajón en la cifra de ocupados hasta los 16,6 millones. La prima de riesgo ronda los 300 puntos. Es posible, y muy deseable, que en 2015 el perfil de la situación económica, en términos generales, haya mejorado, pero es poco probable que la cifra de paro sea menor de la que era en 2011.
De hecho, las previsiones del Fondo Monetario Internacional, que es verdad que se equivoca con cierta frecuencia, pero casi nunca en grandes diferencias, indican que rondará el 25,6%. Es posible que para entonces el Gobierno haya conseguido bajar algunos de los impuestos que ha subido en los últimos meses, pero tampoco es probable que logre absorber completamente esos aumentos. De una forma o de otra, habrá “tocado” las pensiones a la baja y las prestaciones de desempleo habrán sido también reducidas.
Todo ello parece indicar que en 2015 los ciudadanos no sentirán que la situación económica de sus hogares haya mejorado, sino que, especialmente la clase media, que para entonces habrá tenido quecomerse sus ahorros, se sentirá más empobrecida que en 2011.
¿Sobre qué hará entonces su campaña el PP? ¿Cuáles podrán ser sus promesas? Algunos en el Partido Popular habrán empezado ya a pensar en cómo orientar su relación con los electores, puesto que no puede basarse en resultados económicos perceptibles por los ciudadanos. Lo más frecuente en esos casos es introducir temas de fuerte calado político, de manera que, primero, el electorado propio se sienta reconocido, y segundo, se plantee una “alternativa” reconocible y movilizadora de esas clases medias.
¿Qué mejor para el núcleo duro del electorado popular que un programa que se base en el orden y la autoridad frente a las protestas y que recupere algunas raíces “católicas”, capaces de asegurar, de paso, el apoyo beligerante de la jerarquía eclesiástica? Y en ese caso, ¿qué puede dar más satisfacción a ese sector que impulsar la enseñanza religiosa en la escuela pública y recortar los derechos de las mujeres a una maternidad libre? Habrá que ver el texto del proyecto de reforma del derecho al aborto que prepara el ministro Alberto Ruiz-Gallardón para valorar exactamente la importancia que va a tener ese movimiento.
Ese programa, sin embargo, difícilmente sirve para movilizar a amplios sectores medios de la opinión pública. Para esas capas, algunos piensan que es posible que se toque la fibra del nacionalismo español, quizá con un proyecto de reforma constitucional recentralizador (que deje al margen al País Vasco y Navarra, siempre posibles aliados parlamentarios) y un discurso “regeneracionista” al estilo clásico. El nacionalismo español siempre le ha dado buenos resultados electorales al PP y en su día constituyó uno de los elementos más importantes del discurso de José María Aznar.
Es cierto que en política dos años y medio, el tiempo que puede durar esta legislatura (noviembre de 2015 es el tope máximo), es una enormidad y que la estabilidad financiera europea no está en absoluto garantizada, pero aun así es seguro que el Partido Popular está dispuesto a impulsar debates de fuerte contenido político, capaces de neutralizar o al menos paliar la discusión sobre el balance de su gestión económica. Habrá que irse preparando para soportar lo que se nos avecina. Preparándonos para no permitir que nos distraigan de lo que realmente es su responsabilidad y nuestro futuro.

Derroche


Señor Gallardón, usted lo sabe. Sabe que en el instante en el que su partido pierda el poder, una de las prioridades esenciales de su sucesor será abolir su reforma de la ley del aborto. La reforma que ha emprendido en contra de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Una reforma que cumple, según sus declaraciones, una promesa electoral del PP, es decir, un artículo del mismo programa que el señor Rajoy incendia todas las semanas para encender el puro que se fuma después del Consejo de Ministros.
No le voy a preguntar si no le da vergüenza porque su respuesta me trae sin cuidado. Me da tanta vergüenza a mí, que con eso tengo bastante. Sin embargo, me gustaría subrayar que usted, desde el Gobierno paladín de la austeridad, del sentido del Estado y de la inflamada defensa de la marca España, ha emprendido, como el señor Wert, como la Mato —porque las sospechosas de corrupción no son señoras, sino presuntas delincuentes— el camino del derroche y el gasto superfluo, para acentuar un poco más la fragilidad de nuestra democracia.
Tampoco voy a defender la ley de plazos. No hace falta cuando hasta la mayoría de sus votantes la apoyan. Pero estoy cansada, amargada de vivir en un país anormal, donde nada progresa, entre otras razones, porque hay que cambiar la legislación de casi todo cada cuatro años, en un péndulo inmutable de rencores y desafíos. Usted ha vuelto a darle cuerda a la maldición del bipartidismo caníbal, aunque sin duda es consciente de que a su ley le quedan los mismos días de vigencia que a su persona en el Ministerio de Justicia. Por eso le voy a hacer otra pregunta. Si ya sabe que se la van a tumbar más pronto que tarde, ¿por qué derrocha en esa reforma el tiempo, el dinero y la energía necesarios para paliar, si no resolver, los auténticos, incontables problemas que tanto hacen sufrir a los españoles? fuentes http://elpais.com/elpais/2013/04/26/opinion/1366970911_001357.html

Lacayos


La pasada semana me asomé a los periódicos con temor, como siempre me sucede últimamente, y, zas, resultó que ese preciso día el mercado estaba eufórico, mire usted por dónde. El mercado tiene esas cosas, hay que cogerle el tranquillo: de repente se levanta de buen humor y todo es alegría y tintineo, pero lo habitual es que se despierte como un ogro, ávido y violento. Es una criatura mercurial y caprichosa, lo mismo que su prima la del riesgo, esa pelmaza.
Y aquí estamos todos perdiendo las posaderas por ellos, por decirlo en plan fino. A mí el mercado y su parienta me recuerdan a una pareja de arcaicos aristócratas, a los típicos señores tiránicos que tienen aterrorizados a sus pobres siervos. Los lacayos, o sea, nosotros, nos levantamos todos los días angustiados después de habernos deslomado desde las cinco de la mañana limpiando la cocina, preparando el suntuoso desayuno y encendiendo el fuego, esto es, cumpliendo todas las duras tareas que nos ordenan; y nos acercamos de puntillas y aguantando el aliento a ver con qué cara ha amanecido la bestia de nuestro amo: ¿Estará de morros? ¿Estará contento? De su voluble, inconsistente y enigmático humor depende nuestro futuro y sobre todo la vida de la creciente riada de desamparados que se agolpa extramuros a las puertas del castillo, arrojados a la intemperie por los malos modos del señor y su prima.
Y lo peor es que su comportamiento es tan impredecible, tan veleidoso, que nadie entiende un pimiento de lo que hace. Por ejemplo, en el periódico que hablaba de la euforia decían: “Ayer tocaban letras y, de forma sorprendente, al Estado le bastó con comprometer un exiguo interés”. Ya digo, desconcierta hasta a los supuestos especialistas. Es lo que tienen los déspotas: son arbitrarios. Estamos en el siglo XVII, como mucho a principios del XVIII. Todavía no hemos llegado a la guillotina.

El olvido


Crece la indignación desde que el programa Salvados recuperara del olvido el vergonzosamente archivado accidente del metro de Valencia en 2006: 43 víctimas mortales, un número similar de heridos y una clase política que sin escrúpulos forzó que la investigación se cerrara en falso para que esa comunidad que presumía de ser un ejemplo de bonanza para Europa estuviera libre de toda sombra. Crece la indignación y me sumo. Cómo no sumarse: yo también sentí, como cualquiera que vio el programa, ese calor interior que produce la rabia. Pero no escribo aquí para expresar un sentimiento tan común hoy que ya se ha convertido en clamor, y que ha de forzar la reapertura del caso; lo que desearía confesar es algo que ha de hacerse individualmente, sin que de nada sirva refugiarse en las reivindicaciones colectivas: yo también olvidé a esa pobre gente que pedía justicia ante el mayor accidente de metro jamás habido en España. La hermana de una víctima lo expresaba de manera mucho más precisa: si este accidente hubiera tenido lugar en estos dos últimos años los ciudadanos hubieran exigido más responsabilidades que en aquel 2006. Cierto. Los ciudadanos, usted, o yo, que tengo esta columna en la que puedo hacer algo más que dar cuenta de mi furia cada semana.
Lamento el olvido. De acuerdo que es fácil pasar por alto un hecho cuando la clase política enmascara la verdad y el periodismo no la cuenta, pero eso no disculpa la desatención. No es cuestión de darse golpes de pecho, sí de reconocer que no se está siempre a la altura. Como tampoco lo están aquellos que votan reiteradamente a los que gobiernan como caciques. Pero cunde ahora una especie de rechazo a nombrar la responsabilidad ciudadana. Por eso no tengo la intención de aliviar mi error compartiéndolo con nadie, solo quiero expresar mi personal e inaceptable olvido.