domingo, 2 de diciembre de 2012

Calefacción espiritual

Hace frío. Minutos antes del Barça-Athletic Club, la trepanadora megafonía del Camp Nou anuncia la salida al césped de once barcelonistas que han dejado de fumar gracias a la campaña "Deixa de fumar amb el Barça". Saludan y sonríen, pero los más escépticos sospechamos que son demasiado jóvenes para ser auténticos exfumadores: deben de ser culés virtuosos que fingen haber dejado de fumar para poder ser aplaudidos en el estadio. Puede parecer que el Barça tiene una obsesión evangelizadora. Quiere hacernos comer bien, que dejemos de fumar, que participemos en causas humanitarias y benéficas, que seamos benevolentes con Qatar y moderadamente miopes con los proyectos de nuevo estadio. 

En realidad, lo que quieren es que sólo tengamos un vicio: el barcelonismo. Para eso hay que ofrecer un espectáculo potente, que monopolice todos los sentidos. Un espectáculo tan adictivo que cualquier otra tentación (política, religión, masturbación) parezca irrelevante. Y el sábado lo logró. Dejar de fumar con este Barça es fácil; no puedes encender ningún pitillo porque tienes la boca permanentemente abierta. Alternancia continua de posiciones y aperturas de espacio. Una omnívora voracidad que contradice los principios de la dieta sana. Concentración y polivalencia defensiva. Una prodigiosa intensidad estética (la pausa de Cesc antes del pase y el disparo de Adriano me recordaron el cuarto gol de Brasil en la final del Mundial de 1970, con Pelé y Carlos Alberto como protagonistas).

Y, además, se va resolviendo la cohabitación en el medio campo. En las últimas semanas, Tito Vilanova está encontrando soluciones para que quepan los tres sin dañar ni su rendimiento ni su creatividad. Solución: que, en partidos como el del sábado (será distinto cuando juguemos contra el Atlético de Madrid) sean relativamente mediocampistas. Xavi hace de Xavi. Cesc avanza su posición y administra un latifundio en forma de abanico que obliga a alternancias constantes y sabotea los mecanismos rivales. Iniesta, el más sacrificado, finge resignarse a la banda. Pero, en realidad, ejerce de interior de toda la vida y aprovecha la sistemática presencia de Jordi Alba (¡gran fichaje!) para explotar su incomparable sentido de la verticalidad. Bielsa ha ordenado un marcaje al hombre que no tiene en cuenta que, si se lo proponen, los jugadores del Barça se convierten en superhombres. El equipo se ve obligado a correr más, pero su juego no se resiente. A medida que pasan los minutos, se producen momentos de feliz comunión que compensan tantas y tantas miserias colectivas. El poder simbólico de un club con una estructura y una organización de multinacional se identifica en un juego cooperativo, con una jerarquía meritocrática de talentos.

Los filósofos de la autoayuda podrían aprender mucho: flexibilidad, iniciativa, competitividad, creatividad, compromiso y proximidad. Aquí la excelencia no es una patraña de charlatán, sino una evidencia. El gesto que precede los goles: levantar la cabeza. El gesto define el estilo: anticipa los movimientos y, al mismo tiempo, los incita. Si Cesc, Xavi o Iniesta levantan la cabeza, Pedro, Adriano y Alba no sólo saben hacia dónde correr sino que, cuando les toca construir, también la levantan. 

Pero la euforia nos pierde y, fugazmente, el público no puede evitar degradarse haciendo la ola. Cinco minutos antes del final, muchos culés empiezan a desfilar por motivos que nada tienen que ver con los atascos. Quieren llegar a tiempo para ver perder a un Madrid que, como siempre, acaba ganando. La temperatura ha bajado. Ahora el frío es soviético y contrae escrotos y pezones. Pero el juego y el resultado del partido actúan como la más eficaz de las calefacciones.

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Desempate y errores

Una de las razones del adelanto electoral que decidió Mas y que ahora pocos parecen recordar era la necesidad de traducir en votos el estado de ánimo de la calle del Onze de Setembre. Las elecciones del pasado 25 han servido para saber qué representa hoy en la sociedad catalana el movimiento que consiguió movilizar a un millón y medio de personas durante la Diada detrás de una pancarta que llevaba un lema tan claro como "Catalunya, nou Estat d'Europa". 

Hay que hacer números, sumas y restas, para evitar confusiones y malentendidos. Ayer, el compañero Carles Castro ofrecía en este diario dos jugosas páginas de análisis de datos. Con todas las cautelas que correspondan a la hora de hacer extrapolaciones automáticas, los últimos comicios son la encuesta más completa y fiable que tenemos, de momento, sobre lo que podría pasar en un futuro referéndum sobre la independencia de Catalunya. Soberanistas y españolistas, dirigentes de Catalunya y de Madrid, triunfalistas y derrotistas, todo el mundo debería evitar los excesos en el blanco o el negro. Hay mucho gris.

En un contexto de participación más alta que nunca, el independentismo explícito (1.781.460 papeletas) crece con respecto a lo ocurrido hace dos años en más de 257.000 votos y consigue 74 escaños del Parlament, pero eso representa el 49,12%, lo cual señala que un referéndum realizado en estos momentos no aseguraría la victoria de los partidarios del divorcio Catalunya-España. Tampoco los partidarios del españolismo explícito (PP y Ciudadanos) pueden estar muy satisfechos porque sus 746.122 papeletas sólo son el 20,57%, cifra que llegaría al 35% si añadimos los sufragios obtenidos por el PSC, contrario a crear un Estado catalán al margen del español. 

Por otra parte, cualquier proyección de estas cifras presenta tres incógnitas de peso considerable: el comportamiento en un referéndum de los votantes de ICV, el de los que se identifican con Unió más que con CDC y el de los heterogéneos votantes de un PSC muy tocado. 

Si tomamos la metáfora clásica de Gaziel, debemos concluir que el camino hacia el desempate Catalunya-España se clarifica después del 25-N pero no lo bastante. El soberanismo es el proyecto dominante de la política catalana pero le falta más musculatura social, el españolismo coge impulso pero no articula una alternativa y, sobre todo, hay franjas que se mantienen en la indefinición, porque están cómodas así o desconfían de la polarización. Cuidado. El error de los poderes españoles es creer que el retroceso de Mas es igual a desinflamiento soberanista. El error de las élites empresariales es pensar que podremos volver al paradigma del "peix al cove". Y el error del soberanismo es creer que ampliar la mayoría favorable al Estado propio depende sólo del voluntarismo.

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La calle toma el mando

Dijo Pep Guardiola en su célebre frase que Catalunya será un país imparable si cada día nos levantamos muy temprano ("ben d'hora, ben d'hora"). Efectivamente, la sociedad es implacable cuando se une ante causas justas. Con la exitosa operación del Gran Recapte de alimentos de este fin de semana, hemos visto un claro ejemplo de esta fuerza popular alejada de la política y de los intereses partidistas. La calle toma muy bien la temperatura exterior. Hace frío y la previsión apunta a que el tiempo empeorará. Naturalmente no se trata de meteorología, sino de clima social. El último gran chaparrón ha caído con el anuncio del Gobierno de no actualizar las pensiones, y ha provocado que los jubilados reduzcan su precario poder adquisitivo. Otra promesa política incumplida que añade más leña a una caldera que ya marca niveles de ebullición peligrosos. 

Ante la necesidad y la desconfianza que provocan estos incumplimientos, la sociedad da un paso al frente dejando atrás a la política y se organiza para afrontar los problemas. Hay claridad respecto a que la supervivencia durante esta crisis y los cimientos de la recuperación económica se harán sobre una amplia base social. Hace mucho tiempo que lo advierten las entidades no gubernamentales que trabajan en la calle. El nivel de pobreza crece alarmantemente por la incorporación de la clase media a este estado de precariedad económica. Además, aumenta la desesperanza de miles de jóvenes que deben emigrar para intentar salir del dique seco después de haberse formado más que cualquier otra generación, tal y como les pedimos.

Hay señales evidentes de reacción a la presión que sale de la caldera social. Se ve muy claramente en el caso de los desahucios. Los gobiernos están siendo incapaces de atacar el problema en profundidad y llevan años aplicando parches y tiritas a una herida cada vez más sangrante. A estas alturas, la calle ya sabe que la situación se resolverá con gestos efectivos. En el fondo, es la gente la que sustenta administraciones, políticos y bancos. De ahí que los ayuntamientos, que son la administración que está en la primera trinchera de relación con los ciudadanos, empiecen a tomar cartas en el asunto advirtiendo que retirarán los fondos públicos de las entidades financieras que sigan con los desahucios y negando que sus policías locales acompañen a las comitivas judiciales de desahucio. Jueces y funcionarios de justicia intentan con más énfasis aplazar las ejecuciones y forzar acuerdos que eviten arrancar a las familias de sus casas. Cáritas demuestra con su ejemplo que se pueden destinar pisos a fines sociales mientras persiste el escándalo de miles de viviendas públicas vacías. Son síntomas de una desconexión evidente entre administraciones y administrados. La incógnita es ver dónde nos llevará este divorcio y si habrá reconciliación.

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Artículo de La frágil reputación

El poeta y dramaturgo inglés William Congreve, que tiene el honor de estar enterrado en la abadía de Westminster, escribió que nada vale ser honesto si no se tiene la reputación de serlo. En este país, la clase política parece estar bajo sospecha por el simple hecho de dedicarse a tal actividad, lo que remite a un hecho indiscutible: debemos mejorar la calidad de nuestra democracia, pero también acelerar los procesos en que se cuestiona la honradez de las personas, al tiempo que debemos exigir a los medios de comunicación que restituyan la honorabilidad de aquellos que han sido injustamente señalados.

En las últimas semanas la prensa se ha hecho eco de dos denuncias que afectan la reputación de dirigentes de CiU y del PSC. El primero es el borrador fantasma, supuestamente redactado por la policía pero que el propio ministro de Interior desconocía y que el juez del caso Palau negaba haber pedido, que estalló en mitad de la campaña electoral. La segunda son las primeras noticias del caso Mercurio, que implicaban al alcalde socialista de Sabadell y que, dos días más tarde, dejaban de relacionarle con la corrupción urbanística investigada para pasar a inculparle en la retirada de multas de tráfico a familiares. Como los suflés mal horneados, ambas denuncias parece que se están viniendo abajo, aunque el daño está hecho.

En esta misma línea hace unos días recibí un e-mail de Albert Soler, que fue director de Deportes de Barcelona y más tarde secretario de Estado de Deportes. Soler es un político serio y persona respetada, a quien un buen día el juez instructor de Palma de Mallorca que investiga el Instituto Nóos imputó primero y desimputó después por su condición de aforado, al haber contratado esta entidad de Iñaki Urdangarin en su época en el consistorio barcelonés. Curiosamente, fue el propio ayuntamiento quien comunicó al juez, sin que este lo solicitara, que en el 2004 habían pagado a Nóos para la realización de un estudio que justificaba su contratación por 10.334 euros. Como inicialmente no fue adjuntado el informe, Soler fue imputado, pero al recibir posteriormente la documentación se archivó el caso. Sin embargo, el nombre de Soler apareció en la prensa, la radio y las televisiones. De todos modos, la exculpación final del juez apenas ha tenido eco.

Émile Zola forma parte de la historia del periodismo por su alegato a favor del capitán Dreyfus en forma de carta abierta al presidente francés, Félix Faure, publicada en primera página del diario L'Aurore en 1898. Dreyfus fue condenado por alta traición aunque sin pruebas. Zola defendió al capitán y atacó al teniente coronel Picquart, jefe de los servicios de Información, que sabía de su inocencia. Zola escribió que gritaba la verdad "con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado". Toda una lección de periodismo y, sobre todo, de justicia.

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Nuestros padres, esos desconocidos


"Veo a la gente triste, deprimida, como si tuvieran la sensación de que nunca volverán a levantar cabeza, como si todo lo que han vivido hubiera sido mentira. No se carguen su historia. En esos 36 años de democracia ustedes han tenido muchos aciertos. Y se recuperarán. La historia nunca anda en línea recta, está hecha de subidas y bajadas. Miren nosotros, los argentinos, caímos mucho más abajo". Quien habla así es Jorge Fernández Díaz, subdirector del diario La Nación y escritor. Un hallazgo. No se pierdan su último libro, Las mujeres más solas del mundo. Columnista político y analista de la vida cotidiana, defiende escribir sobre los sentimientos usando las armas del periodismo para llegar allí donde se producen esas intercesiones que nos hacen contradictorios, sin saber apenas por qué decimos lo que no hacemos, o al revés.

"Nuestros padres son grandes desconocidos", asegura. A él le ocurrió después de preguntarle a su madre cómo le iba su terapia. Carmina, una asturiana embarcada a los 15 años hacía Argentina huyendo de la posguerra, desgarrada y desarraigada, que, en los años del corralito, ayuda a emigrar a amigos con familias españolas. Pero se quiebra, y la familia la envía al psiquiatra. "¿Cómo te va, mamá?", le pregunta un día el hijo, curioso, pensando de qué manera se comportaría su madre, una mujer intuitiva aunque de escasa preparación, ante una discípula de Freud. "Bien -le responde-, hablamos de mi vida, es muy comprensiva. Yo hablo, y ella llora". "¿Quién llora?", pregunta el hijo; "Ella, la doctora". Fue entonces cuando Fernández Díaz decide entrevistarla y graba más de 50 horas de conversación: Mamá (RBA), ya difícil de encontrar en las librerías.

La familia. Esa historia de adoración y distancia, de palabras no dichas y manchas detrás del cuadro. De tiempo que dejamos escurrir aun sabiendo que lo lloraremos algún día. Hoy, más de 400.000 familias españolas sobreviven con la escuálida paga de sus pensionistas, convertidos en escudo blindado ante la expropiación de la dignidad.

Los padres. Ese lugar al que casi siempre podemos regresar. Lo más parecido en el reino humano a la tierra que nos arraiga. Y a pesar de que por fin ya sepamos que cuando nosotros los creíamos viejos ellos bailaban, y ¡de qué manera!, no logramos zafarnos de nuestra mudez, como si aún mantuviéramos viva la ahogada incomodidad que nos abochornaba cuando veíamos en la tele una escena de sexo sentados a su lado. También cuando mentíamos como ahora lo hacen nuestros hijos, relativizando la verdad e incluso el amor que les profesábamos, el mismo que, cuando se acabó la droga de la adoración, sustituimos por estúpidos sucedáneos. Lo más prodigioso es que ellos siempre han sabido que son unos grandes desconocidos, y así han querido continuar ejerciendo; ellos, que tan bien saben que todas las épocas son malas, pero casi nunca peores que las anteriores. Esos árboles.


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Una amnistía fiscal compleja

EL plazo para acogerse a la amnistía fiscal concluyó el viernes, con dudas sobre si se ha logrado el objetivo de recaudar 2.500 millones de euros en una campaña que comenzó el 30 de marzo y tenía el incentivo para aquellos contribuyentes en falta de ponerse al día con Hacienda pagando el 10% de las rentas no declaradas en el IRPF y con variantes en otros impuestos.

A falta de datos definitivos, el Gobierno ha dicho que la recaudación de la Agencia Tributaria como resultado de la lucha contra el fraude fiscal alcanzó entre enero y octubre 9.200 millones de euros, un 16,5% más que en el mismo periodo del pasado año y por encima de los 8.100 millones que se ingresaron en el 2011.

A su vez, los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) han estimado que la amnistía reportó a la Agencia Tributaria unos 150 millones de euros, muy lejos de la recaudación prevista. 

Independientemente del resultado final, parece claro que esta campaña ha estado condicionada por la inseguridad jurídica al inicio de su entrada en vigor, luego aclarada por la dirección general de Tributos, y el posterior recurso del PSOE ante el Tribunal Constitucional contra la amnistía fiscal. Todo ello se ha sumado a la incertidumbre sobre el riesgo país, de modo que ha habido que esperar hasta el final para que se despertara el interés por acogerse a la medida. Quizás haya faltado una explicación de para qué eran necesarios esos recursos suplementarios. Si se hubiera apuntado que esos ingresos extra eran necesarios para evitar recortes en servicios básicos como la salud o la educación, la respuesta podría haber mejorado. Las amnistías fiscales son complejas, y es difícil explicarlas en función de cumplimientos técnicos del déficit público.

En una línea más pragmática, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha confiado en que la regularización fiscal tendrá un efecto positivo para todos los españoles "en términos de afloramiento de bases imponibles" y señaló que así se volverá un país "mucho más normal" por lo que incumbe a la recaudación tributaria. El comentario es apropiado a largo plazo, especialmente en la medida que contribuya a que emerja una economía sumergida que representa cerca de un 20% del PIB. Aun cuando en este sentido cabe también mantener un cierto escepticismo, porque anteriores amnistías no han ayudado a corregir esta anomalía. Previsiblemente, Hacienda publicará el dato de recaudación esta semana. Sea cual sea el resultado final, las arcas públicas seguirán en problemas. Ha sido un intento, bueno o malo, de mejorarlas. Sólo eso.

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La fortaleza de Merkel

SE inicia hoy en Hannover el congreso de la CDU que va a servir de plataforma de lanzamiento de la canciller Angela Merkel para las elecciones en Alemania, previstas para el próximo septiembre. No va a ser un congreso de grandes debates ideológicos, como muy bien explica nuestro corresponsal Rafael Poch en la sección de Internacional, sino que básicamente el encuentro va a servir para propulsar a Merkel cuatro años más al frente del gobierno de Berlín. Aunque en las diferentes elecciones regionales que se han celebrado en Alemania en los últimos tiempos la posición de los democristianos no ha hecho más que retroceder -Hamburgo, Baden-Württemberg y Renania-Westfalia son tres claros ejemplos en este 2012-, el fuerte liderazgo de Merkel en la sociedad germana le permite contemplar los comicios de septiembre con una clara posición de ventaja. Los sondeos le dan hasta once puntos de ventaja frente a los socialistas del SPD, que, con Peer Steinbrück al frente, que fue ministro de Hacienda durante la gran coalición, tropieza con enormes problemas para ganar peso entre las bases más izquierdistas de la formación por su fama de moderado en cuestiones económicas y financieras. En el debe de Merkel no parece que vayan a tener un peso decisivo sus posiciones en Europa y su intransigencia a la hora de tender puentes con el resto de los socios comunitarios. Será, seguramente, por los beneficios que acaba aportando el desequilibrio que la canciller ha acabado provocando y que ha convertido al bono alemán en casi el único refugio europeo. Pero eso tampoco se vota. Las elecciones son nacionales, y esa será la única mirada.

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